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El Estado y la Revolución. De la seguridad social a la seguridad total

IMG_9613Seminario del 7 de Febrero de 2013.

“El Estado evolucionó adoptando varias formas, a medida que concentraba más el poder” (pág. 68).

El Estado y la Revolución

A partir de la Revolución Francesa no se concentra sólo el poder político sino también el poder social. Un gobierno deja de ser un administrador para serlo de la empresa estatal. La vida de la empresa depende de un gerente pero aquí el Estado se superpone al gobierno, el Estado se superpone a la vida social, a la vida colectiva. Para entender qué es el Estado hay que entender qué es la máquina. El gobierno es el maquinista que dirige la máquina, si no la dirige bien se estrella pero el gobierno tiene que ajustarse a las normas de la máquina. El Estado es la personificación jurídica de la Nación en la Revolución Francesa. Antes de la Revolución el Estado era un aparato al mando del poder. El franquismo utilizaba el Estado como instrumento, como el Estado en Francia en la Revolución Francesa.

Tocqueville hablaba de la falta de libertades antes de la Revolución Francesa. Normalmente la justicia es más valorada por la gente, que falte libertad política es algo que a la mayor parte de la gente le trae sin cuidado. Le interesan más las libertades individuales, las libertades sociales, que les dejen en paz. De la libertad empezaron a preocuparse los autores románticos y surge siempre cuando el gobierno ahoga. Para la mayor parte de la gente el ideal es una situación de dictadura y que haya justicia. Todo gobierno es oligárquico en grado mayor o menor, pero con el Estado se inmiscuye en las libertades y perpetúa la oligarquía. El Estado es en sí revolucionario.

Ramiro de Maeztu decía que cuando se pide libertad se está pidiendo justicia. Esto es así, porque de la libertad política vienen las otras dos. Es la mejor garantía, la libertad colectiva, “si nosotros controlamos el gobierno, controlamos que no se pase de rosca”. Lo que decía Hume, si hay libertad puede haber justicia.IMG_9614

Se vive desde hace siglos con la idea de la sociedad perfecta, del Estado perfecto y es imposible porque siempre hay conflicto. La mayor parte de los conflictos se resuelven por cortesía. Aristóteles decía que cuando las formas de trato están corrompidas (vid. cartas de María Antonieta como forma de quebrar las formas de trato), cuando no hay formas de trato en la vida colectiva, es una situación prácticamente anárquica. Lo que no resuelve la cortesía lo resuelve el Derecho. “Cuando se pasa a las manos es cuando interviene el poder político”.  Que funcione el Derecho consiste en que exista una sumisión al derecho. Hoy la oligarquía está muy judicializada: la judicialización quiere decir que la oligarquía está tan enquistada que ya todos sus problemas consisten en resolver quién tiene el derecho a meter la mano, porque todos quieren lo mismo. Judicializar es remitirlo al juez para que se olvide. Sin embargo, el gobierno de los jueces no puede echarse por la borda de cualquier manera. Los jueces son autoridad, no poder. El poder de los jueces es el que permite que el poder actúe como poder. El juez sentencia, es autoridad basado en sabiduría. Montesquieu decía que el poder como tal es nulo e invisible, que no existe como tal poder; es en realidad autoridad.

En la Biblia se cita el gobierno de los jueces en los Hebreos que piden insistentemente a Dios un rey y Dios se lo da a regañadientes (1Sam 8). El gobierno de los jueces, en el fondo, es el ideal. Sólo es posible cuando hay una unión muy estrecha entre el poder político y el poder judicial, es decir, cuando el grupo está regido por lo sagrado. En una sociedad donde se separa lo sagrado y lo profano esto es imposible. Por ello implica una sociedad muy sacralizada. El gobierno de los jueces es como un gobierno de sumos sacerdotes. Es prácticamente imposible salvo en ese caso. Lo otro es la judicialización, remitir a los jueces para evitar una decisión, como cuando se utilizan encuestas para justificar una decisión porque el poder político no se atreve a decidir.  El legislativo no puede decidir, estaría sustrayendo una función al poder ejecutivo, al poder político. Esto solo ocurre en casos de excepción: casos de guerra. Antes (en el siglo XIX) la guerra no podía comenzar hasta siete días de declararla, y sólo entonces el legislativo se sometía.

Hoy la guerra no se declara, Vietnam es una guerra no declarada. Tampoco Afganistán. Es la guerra preventiva de derecho anglosajón. Hoy no se hablan de guerras sino intervenciones. Con ello se defiende y asienta el intervencionismo. El derecho de intervención es el peor de todos los derechos, por ejemplo, Yugoslavia. La declaración de guerra ha pasado a la historia. Algo que se tiene muy poco en cuenta de que las armas condicionan la política; hoy la política exterior condiciona a la interior.

Hoy, otra cuestión, es la indiferenciación de la violencia (Girard). De ahí el “terrorismo”, un enemigo que no se ve por ninguna parte, el enemigo puede ser civil o militar, no hay territorio, es una guerra en todos los frentes. Es continuación de la política por otros medios

La gente, dígase lo que se diga, es conservadora. Una cosa muy poco mentada antes de la Revolución es la mala cosecha de ese año. La cosa es distinta cuando la corrupción viene de arriba a abajo. Lo contrario es lo normal. En el primer caso, no hay quien la contenga, la auténtica corrupción política es la que viene de arriba a abajo. Hoy hay un maremágnum de abajo arriba y de arriba abajo. ¿Qué pasa cuando las bases de la sociedad están corrompidas? Pues que la gente trata de sobrevivir. La economía sumergida sólo existe cuando está asfixiada por el poder político.

De la seguridad social a la seguridad total

(Pág. 72) Evolución del Estado cuando este monopoliza la violencia y el Estado pasa de la seguridad social a la seguridad social. La seguridad social es el Estado social que luego se transforma en Estado totalitario. El Estado totalitario quiere, paradójicamente, la seguridad total, el Estado perfecto. De ahí viene el Estado social elefantiásico que no hay quien lo aguante.

El Estado totalitario busca paradójicamente la seguridad. Con toda la brutalidad que se quiera. El Gobierno en la Edad media daba seguridad política y garantizaba el cumplimiento del Derecho (no que daba seguridad jurídica). El Estado da (trata de dar) seguridad política, seguridad jurídica (BOE).

Paul Joachinson: El humanismo es sobretodo la polis griega. La soberanía es la suma potestas politizada. (No se seculariza, se politiza). Ahora el Estado, se está descomponiendo porque no sólo no da seguridad sino que, al descomponerse, genera inseguridad e incertidumbre. Hoy el Estado no protege la propiedad (que es complemento de la Familia), si acaso protege a la Empresa (que es una sociedad). La propiedad son bienes inmuebles, las empresas son productoras de bienes muebles.

IMG_9606El mundo moderno se ha constituido por dos grandes decisiones político-jurídicas: 1. Contra la propiedad estable la supresión de los mayorazgos y la desamortización. La propiedad se convierte en un fideicomiso. Sin embargo como: “Mío no es lo que me pertenece sino a lo que yo pertenezco” (Guardini). Y 2. La movilización de la propiedad mueble, el crédito, etc… Es un proceso paralelo en la Familia, la Propiedad y la Política. Es una mutación de la política como poder.

John Law, Consideraciones sobre el numerario y el comercio

Simone Weil, Echar raíces, Madrid, Trotta, 1996.

Gonzalo Fernandez de la Mora, Del ideal del Estado al Estado de razón, 1972.

Paul Joachinson,

Edmund Burke, Reflexiones sobre la revolución francesa, Madrid, Alianza, 2003.

Alexis de Tocqueville, Memoria sobre el pauperismo, Madrid, Trotta, 2003.

Hilaire Belloc, El Estado servil, Madrid, El Buey Mudo, 2010.

Pedro J. Ramírez, El primer naufragio, Madrid, La esfera de los libros, 2012.

Romano Guardini, El poder, Madrid, Cristiandad, 1977.

Ramiro de Maeztu, Defensa de la hispanidad, Madrid, Rialp, 1998.

Hume, Ensayos políticos, Madrid, Tecnos, 2006.

René Girard, Veo a Satán caer como el relámpago, Barcelona, Anagrama, 2002.

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