El mito del hombre nuevo. Dalmacio Negro

9788474909616Título: El mito del hombre nuevo

Autor: Dalmacio Negro Pavón

Editorial: Ediciones Encuentro

Año: 2009

Madrid, 437 págs, 28 Euros.

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por Armando Zerolo Durán. Prof. Ciencia Política Universidad CEU-San Pablo.

Dalmacio Negro, en El mito del hombre nuevo, aporta un concepto fundamental para entender la deriva totalitaria de las políticas occidentales: a saber, el de «religión secular». La política contemporánea, lejos de carecer de fe, tiene demasiada, ¿pero en qué cree? Según el profesor Negro, hoy se cree con fe religiosa en un objeto que no es digno del fervor humano, el Estado, a quien se confía una misión salvífica secularizada.

El resultado de la nueva religión secular, desprendida de toda trascendentalidad, es un fin inmanente que consiste en transformar al hombre, desde su cuerpo hasta su alma, para convertirlo en un ser con una naturaleza nueva. Por tanto, el largo camino recorrido por Dalmacio Negro para describir el nuevo fenómeno político, en realidad describe una revolución antropológica puesta en manos de la política.

Entran en juego muchos elementos bien conjugados por el profesor Negro para explicar el complejo fenómeno contemporáneo de la aparición de un hombre nuevo. En primer lugar, un concepto con un calado tan profundo debe incardinarse en un sustrato religioso que le de el vigor necesario, y lo encuentra en la herejía protestante y el calvinismo. Otro elemento no menos importante y vinculado al primero es el de una nueva concepción de la naturaleza, que se empieza a entender como mero objeto manipulable por una razón técnica. Es el nacimiento del artificialismo, que supone que la naturaleza no participa de la razón y que, por tanto, no tiene principios propios que orienten la conducta. Todo es transformable si se tiene la fuerza necesaria para hacerlo, el único límite a la voluntad aplicada es el poder de que se disponga. En el S.XVI esto supuso una revolución intelectual, pero con el paso del tiempo y la evolución tecnológica, el problema empezó a tener efectos en el mundo físico y antropológico. La conquista del universo fue un movimiento bidireccional, de explosión hacia nuevos mundos, y de implosión, hacia la posesión de las almas.

El Siglo XVIII vio nacer una nueva filosofía y, con ella, nuevos profetas de la política. Quizás el más significativo fuese Rousseau, quien dio forma a un nuevo Estado Moral encargado de redimir al hombre del pecado original. Con el contractualismo rousseauniano, el mito del hombre nuevo tomó la forma con la que se le conocería a partir de entonces. El estado de naturaleza, momento histórico mítico, imaginario, sirvió de guía y motor para la revolución permanente de la realidad. Ofreció los presupuestos ideológicos para que la rebeldía moderna contra lo natural tomase cuerpo en forma de Estado Nacional. Con la hipóstasis de la Nación, convertida en un cuerpo con un querer y un entender propios, los individuos encontraban el lugar al que entregar en holocausto su voluntad. La voluntad de cada uno, los deseos del corazón humano, debían convertirse en la voluntad de la Nación. La libertad personal, como bien vio Rousseau, no podía desconocer el destino del Mundo, pero el ginebrino, al desacralizar el mundo, también mutiló la libertad. El horizonte de la libertad ya no era el misterio, que con la encarnación, se ofrecía al hombre, sino que era la Nación. De aquí que Rousseau llegase a lo que posteriormente se ha conocido como «la paradoja de la libertad» que, según él mismo, consiste en lo siguiente: «a fin de que el pacto social no sea una fórmula vana, encierra tácitamente el compromiso, que por sí solo puede dar fuerza a los otros, de que cualquiera que rehúse obedecer a la voluntad general será obligado a ello por todo el cuerpo; lo cual no significa otra cosa sino que se le obligará a ser libre, pues tal es la condición que, otorgando cada ciudadano a la patria, le garantiza contra toda dependencia personal, condición que constituye el artificio y el juego del mecanismo político y que es la única que legitima las obligaciones civiles, las cuales serían sin ella absurdas y tiránicas y quedarían expuestas a los mayores absurdos».

La politización de la moral llevada a cabo durante los siglos XVIII y XIX va absorbiendo los ámbitos jurídico, político y económico, tras haberlo hecho previamente con el religioso y metafísico. Todos estos ámbitos de la existencia humana, sin los cuales la acción humana no puede realizarse, son monopolizados por el Estado y, con ellos, la moral entendida en un amplio sentido. De ahí a neutralizar la conciencia no hay apenas distancia, pues una conciencia concebida al margen del Mundo es una entelequia. Es el momento, según Negro, del Estado Minotauro, un Estado que controla los cuerpos y las almas, una realidad política que aspira a fabricar un hombre nuevo, una nueva naturaleza y un nuevo Dios.

Las características de este hombre nuevo, tal y como se articulan en el mito, suponen una confianza absoluta en el futuro, y un pesimismo sobre el presente, lo que genera al tiempo un resentimiento sobre la realidad, y un ansia revolucionaria desmesurada. Un hombre que se libera del presente, de su presente histórico y temporal, que sale de su cuerpo y se emancipa de su sexo, de sus padres, de su patria y de su Dios, «un hombre –escribe Negro- desarraigado, ajeno a la tierra, para el que la muerte carece de sentido y cuyo sentimiento de felicidad consiste en la indiferencia». El hombre nuevo es producto de la transformación de la sociedad y de la cultura que, sin compromiso con el pasado, se lanza confiado en brazos de la nueva sociedad perfecta.

La nueva criatura de la revolución antropológica es solitaria, desarraigada, sin pasado y sin presente, perteneciente a un colectivo homogéneo que llama «humanidad», pero que no tiene personalidad porque le han extirpado la conciencia. Irreligioso, neutral, antipolítico, unidimensional, utilitario, puramente exterior, en el que el cuerpo es lo único, «en suma, un hombre en el que habrá desaparecido la naturaleza humana según ha sido hasta ahora. Un nuevo Adán».

La originalidad del pensamiento de Dalmacio Negro que, en este libro, explica el motor espiritual de la ideología política contemporánea no se detiene aquí, y en Historia de las formas del Estado, publicado por El Buey Mudo en 2010, una secuela de El mito del hombre nuevo, desarrolla las causas y efectos políticos de la religión secular.

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Un comentario el “El mito del hombre nuevo. Dalmacio Negro

  1. Pingback: Michael Burleigh. Causas sagradas: religión y política en Europa. | Seminario de Estudios Políticos

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