Sentido de la Historia y surgimiento del Estado – Los mitos en el pensamiento político

Sesión 4 de Abril de 2013 - 209Sesión del 4 de Abril de 2013

Capítulo V. Origen histórico del Estado

Ranke: todas las épocas están en directa relación con Dios (es decir, no hay progreso moral) y la historia son hechos (por eso cada generación debe ser re-interpretada). La instalación del hombre desde el cristianismo está en la Historia. Siguiendo al teólogo Balthasar no hay dos historias (natural y sobrenatural), sino una sola. Esto tiene grandes implicaciones para el tema de Religión y política. Pero surge el carácter estructuralmente revolucionario de la estatalidad (p.91): el Estado se arroga todos los poderes sociales (no la sociedad por sí misma), en un proceso de siglos. El Estado tiende a que no quede nada entre él y el individuo (es decir, a ser totalitario). Esto cuando madura es el de la revolución francesa.

El pensamiento político está lleno de mitos: ver Cassirer, El mito delSesión 4 de Abril de 2013 - 212 Estado (plantea el tema pero luego no lo desarrolla). El pensamiento político descansa en dos mitos: el mito del estado de naturaleza, mitos fundacionales (que es el mito bíblico, en sentido de Schelling: un modo de entender la realidad) y mitos para la acción. Hobbes lo plantea como un modelo de física social. El otro mito es el contractualismo donde Hobbes apoya sus dos grandes mitos: el Estado y la Sociedad. Esto descansa en el iusnaturalismo moderno, ingenuo, que se basa en la imaginación. Omnipotentia iuris medieval: el Derecho funciona de acuerdo con la naturaleza de las cosas. Lo que hace Hobbes es apoyarse en la recta ratio: el derecho se descubre mediante la recta ratio siguiendo un método. “Nueva ciencia de la política” en Hobbes.

El Derecho es la lógica del orden social, lo que pasa es que esa lógica es práctica no deductiva o geométrica. Los colegia de Althusio, las provincias, los municipios, la Iglesia, la familia estorba a la lógica estatal. Hobbes: piensa que todo mando debe ser personal pero al mismo tiempo piensa que todo mando debe ser impersonal. Esta una de las grandes contradicciones de Hobbes.

Sesión 4 de Abril de 2013 - 210El poder se está ahora animizando y concentrando. Incluso los que aparentemente se benefician, son también simples trabajadores.

Origen del Estado: España (en un gran territorio). Lo que pasa es que es de tipo mediterráneo basado en una unión personal de Reinos (Unión de Reinos). El segundo es Francia. El primero en sentido estricto es el papado.

Bibliografía

L. von Ranke, Sobre las épocas de la historia moderna, Madrid, Editora Nacional, 1984.

H.U. von Balthasar, Teología de la Historia, Madrid, Encuentro, 1992.

E. Cassirer, El mito del Estado, México, FCE, 1968.

T. Hobbes, Elementos de Derecho natural y político, (ed. de Dalmacio Negro Pavón), Madrid, Alianza, 2005.

J. Althusio, La política metódicamente concebida e ilustrada con ejemplos sagrados y profanos, Madrid, CEC, 1990.

R. Nisbet, La formación del pensamiento sociológico

La formación del pensamiento sociológico (tomo I)Título: La formación del pensamiento sociológico (tomos I y II)

Autor: Robert Nisbet

Editorial: Amorrortu editores

Año: 2003

Madrid, 188 págs.

Por Nacho Álvarez O’Dogherty, doctorando en Pensamiento Político USP-CEU

La sociología trascendente

Este manual, publicado al final de los años 60, nos introduce en la génesis de la sociología a principios del siglo XIX y nos revela su esencia. Debido a la profunda alteración y cambio en las sociedades provocado por las Revoluciones industrial y francesa, nacería una nueva disciplina, hoy ya arraigada, que llamamos sociología.

Fueron sociólogos como Weber, Coulanges, Le Play, Durkheim, Tönnies o Simmel los primeros que, desde sus distintos enfoques y teorías, alertaron de forma clara sobre los peligros y efectos de la centralización, de la tiranía de la racionalización y, en definitiva, de la atomización de la sociedad mediante la pérdida progresiva de vínculos personales y su consiguiente deshumanización.

Como nos dice el norteamericano, todos estos grandes sociólogos, que formaron la “edad de oro de la sociología” prácticamente hasta finales del s.XX, fueron siempre grandes filósofos morales y “jamás dejaron de ser artistas”, al tratar de dar respuesta a los problemas concretos de un orden social progresivamente diluido, en un momento en el que los filósofos y políticos se dedicaban a la búsqueda exclusiva de la armonía organizativa.

Nisbet nos remite al desarrollo de dicha “ciencia sociológica”, centrándose en sus orígenes, y realiza una precisa clasificación en dos escuelas: la de Marx y la de Tocqueville. Dos autores contrapuestos que van a fundar dos tipos de sociología enfrentadas, nacidas ambas en dos momentos diferentes: la primera, con el advenimiento teórico del comunismo y, la segunda, con el famoso viaje a América que realizó Alexis de Tocqueville. El sociólogo norteamericano establece una sorprendente línea de continuidad en su manual al explicar cómo la sociología marxista, caracterizada por un rechazo de la historia y de la tradición, se nutre en sus bases de la concepción clásica tocquevilliana de forma inadvertida. Así como, al decir de Marx, el fantasma de la revolución proletaria flotaba por Europa, el fantasma de la tradición latía, a su vez, en el corazón del marxismo, y esto es a lo que Nisbet concede importancia.

Nisbet, al establecer este atrevido diálogo, se interesa en establecer un marco conceptual que permita fundamentar toda la sociología, puliendo los términos acuñados durante la historia sociológica, estableciendo conexiones y reorientando sabiamente tanto a Marx como a Tocqueville.  Estos cinco pilares conceptuales son: la comunidad, la autoridad, el estatus, lo sagrado y la alienación. Baste hablar, a modo de ejemplo, de cómo el sociólogo norteamericano aborda el concepto de clase/estatus. Nisbet se remite al transcurrir histórico europeo y nos muestra cómo la “clase social” es un término netamente moderno, acuñado por la filosofía ilustrada, diferente a la distinción de la “jerarquía orgánica” en órdenes, rangos o grados, más propios de la Edad media. Así, por ejemplo, Tocqueville habla de la movilidad del sistema de estatus, promovido por ese amor al dinero y al bienestar característicos de la sociedad democrática americana. Tocqueville no ve unidad de “sentimientos, propósitos, tradiciones o esperanzas” en la “clase de los ricos”, y ello le mueve a aproximarse a la situación más bien en términos de estatus. En Marx encontramos cómo, en cambio, allí donde Tocqueville veía a lo sumo niveles económicos, él veía clases. Por eso en la idea de Marx se produce una conceptualización de lo que llama clase en donde se aglutinan todo tipo de relaciones de parentesco, profesionales, religiosas o personales. De esta forma, la “clase” se erige como concepto inalterable desde el que puede teorizarse sin distinciones. Nisbet nos recuerda que la influencia de Marx en la teoría de la estratificación ha sido muy similar a la de Darwin en el terreno de la selección natural.

En el fondo de todo el planteamiento de este estudio subyace la idea de la repercusión del contractualismo en la teoría sociológica y de su equívoco planteamiento del “estado de naturaleza” en el que, dirá Nisbet, la teoría establece en su planteamiento ideal una serie de cualidades que fueron alcanzadas tras un arduo y largo proceso histórico de civilización en la cultura europea. De ese pie también cojea la sociología, que obvia y no reconoce, ya solo conceptualmente, el sustrato histórico del que bebe.

Sirvan, pues, de pilares los cinco conceptos de Nisbet para todo iniciado interesado en la sociología.

Teología política o teología jurídica – La cuestión de la forma política

Sesión del Seminario del 11 de Marzo de 2013

Teología política no es neutral, lo católico sería la teología jurídica. La ley natural es ley divina también (Brague). En las cuestiones sobre el nominalismo hay que tener en cuenta que Ockham es un conservador: desea salvar a Sesión 11 de Marzo de 2013 - 205la Iglesia, no hacer nada revolucionario o anti-cristiano. El poder modernamente se configura como descansando en sí mismo: el poder justifica al poder. Toda la filosofía moderna es inmanentista, por querer demostrar todo con la razón. El inmanentismo lo descubrió y describió Maquiavelo.

Sobre el concepto de forma en lo política. La idea de emergencia: esos individuos en su inmanencia provocan la emergencia de una forma, no prevista por ellos. Vid. el libro de Juan Arana, Los sótanos del Universo: el abandono de la Filosofía de la naturaleza. La idea de emergencia de las formas. Así en la ciencia moderna: Es una recuperación de la causa formal. Es verdad que de un modo un tanto Sesión 11 de Marzo de 2013 - 207inmanentista. El todo es distinto a la suma de las partes. Conocer es reconocer formas. Toda forma es teleológica. La ciencia moderna lo sustituye por la simetría. Hay casos donde de la ciencia moderna se pasa al reconocimiento de Dios. Por ejemplo, Anthony Flew: es más racional la existencia de Dios.

El problema de la pasión, el afecto en lo político. Es la forma natural de conocimiento. Cómo la forma condiciona la acción. Pasión: Hume. La explica por la sym-patía, con-sentir. La pasión es también por naturaleza. Razón y Pasión: Hobbes – Hume, la resuelven a favor de la pasión: miedo, libido dominandi. Es la pasión la que dará forma a la razón (al revés que con Santo Tomás).

Se ven aquí las dos tradiciones (Oakeshott): Hobbes: voluntad y el artificio frente a la de la tradición de la razón y de la naturaleza. Por eso la política se ha dividido en dos: la de la fe (fe ideológica) y la del escepticismo (liberal-conservador). Corazón: con todo la razón no es la forma suprema de conocimiento en los griegos. El nous: el término griego es dianoia. Intelecto (nous) y razón (dianoia). Sto. Tomás: no conoce la razón o quiere la voluntad. Quien quiere y conoce es el hombre.

Hermann Weyl: sobre el arte abstracto. El arte comienza siendo una abstracción de formas. Gestalt y Jouvenel: una forma racional primera de captar formar. Goethe: escritos políticos de Dalmacio Negro. A este propósito Los silencios de Goethe, de Pieper.

Ortega: el problema de la historiología. La concepción de la forma Sesión 11 de Marzo de 2013 - 206como forma formarum. Ludwig von Bertalanffy, sobre sistemas. Boringer. Nicola Abbagnano. ¿Cada comunidad crea o está en su forma política?

Protección, seguridad y justicia son los tres fines fundamentales del Estado. Protección: caso concreto. Seguridad: “orden público”, nivel social, más allá de lo interindividual. Justicia: último nivel de inclusión. El juez: sometido a las leyes como mero aplicador o si tiene un margen de libre interpretación del juez. Esto último se ha intentado limitar. Para Coke “soberanía” no es una palabra parlamentaria.

Bibliografía

Juan Arana, Los sótanos del Universo, Madrid, Biblioteca Nueva, 2012.

Anthony Flew, Dios existe, Madrid, Trotta, 2012

Oakeshott, La política de la fe y la política del escepticismo, México, FCE 1998.

Goethe, Escritos políticos (ed. de Dalmacio Negro), Madrid, Editora Nacional, 1982

J. Pieper, Über das Schweigen Goethes (Sobre el silencio de Goethe), München, Kösel Verlag, 1962.

J. Ortega y Gasset, Historia como Sistema, Madrid, Espasa-Calpe, 1971

Ludwig von Bertalanffy, Teoría general de sistemas, México, FCE, 1980.

N. Abbagnano, La evolución de la dialéctica, Barcelona, Martínez Roca, 1971.

E. Gallego, El pensamiento político de Sir Edward Coke, Madrid, Encuentro, 2012.

B. de Jouvenel, Los orígenes del Estado moderno: historia de las ideas políticas del siglo XIX.

Los orígenes del Estado modernoTítulo: Los orígenes del Estado moderno: historia de las ideas políticas del siglo XIX.

Autor: Bertrand de Jouvenel

Editorial: Magisterio Español

Año: 1977

Madrid, 453 págs.

Por Nacho Álvarez O’Dogherty, doctorando en Pensamiento Político USP-CEU

Bertrand de Jouvenel, con una edad superior a los setenta años, después de verse hasta entonces imposibilitado para impartir clases en la universidad francesa, logra dar una serie de cursos en el año 1966-67 sobre filosofía política en la universidad de Derecho y Ciencias Políticas de la Sorbona que son los que, organizados por capítulos, se recogen en este libro. Como nos dice el propio autor: “se trata de algo así como de una visita realizada en el siglo XIX, en la que yo desempeñase el papel de guía y mostrase a mis jóvenes acompañantes todo aquello que me pareciese digno de merecer su atención”. Jouvenel hace, efectivamente, de guía a lo largo de la historiografía decimonónica francesa, empezando inevitablemente por la Revolución francesa para terminar esbozando de forma suscinta, aunque no sin enjundia, el concepto de nacionalismo y unas reflexiones en torno a las ideas sobre la política actuales.

Cargado de citas históricas y datos significativos, el autor parisino define el tránsito y la transformación de las ideas y creencias fundamentales de la reciente historia de Francia, contrastándola con la distinta tradición de países como Inglaterra, Alemania o Norteamérica. En este recorrido Jouvenel muestra cómo, previa transformación en la mentalidad común de los pueblos, el Estado va cristalizándose y tomando forma a partir de los problemas sociales, políticos y económicos no resueltos de cada momento histórico. De este modo, los cambios y las tremendas convulsiones del siglo permiten vislumbrar, en Jouvenel, una distinguida línea de continuidad en el papel efectivo del Estado, desde su función de herramienta para el mantenimiento del orden hasta su entrada como agente en la economía y la política.

En este tour pasan personajes como Napoleón, Hobbes, Portalis, Chamberlain, Engels, Rousseau o Sidney Webb. Todos ellos forman parte de esa nueva época que, recién muerto Burke, se ve marcada por el avance técnico exponencial, el problema social del proletariado y, en definitiva, todos los cambios conceptuales (psicológicos) fruto de un pensamiento que se desarrolla bajo un régimen estatal afianzado.

Como elementos abordados a destacar están, por ejemplo, la demostración de la paulatina militarización generalizada la sociedad francesa con la llegada de Napoleón, las diferentes consecuenticas institucionales que las distintas concepciones de libertad tienen para las historias francesa e inglesa o la sustanciosa tesis que demuestra cómo, siguiendo la línea tocquevilliana, la cuestión de la igualdad de derecho late de fondo como problema fundamental en todo el desarrollo de la historia del siglo XIX.

El presente seguramente sea uno de los libros esenciales para entender, con una claridad, distinción y sencillez admirables, la formación del pensamiento político contemporáneo y la tácita y paulatina aceptación de la estructura política estatal a lo largo de todo el siglo XIX. Un libro que, curiosamente, deba definirse más como psicológico que como político. Es el libro por el que podemos entender mejor, en definitiva, una interpretación histórica de altura, la de Jouvenel.