“El mito de la violencia religiosa”. William T. Cavanaugh

El mito de la violencia religiosa. Ideología secular y raíces del conflicto moderno. William T. Cavanaugh. Nuevo Inicio, Granada, 2010, 444pp. Por Armando Zerolo Durán portada mito violencia

W.T. Cavanaugh es uno de los autores de referencia en el panorama de la teología política. Profesor en la Saint Thomas University, ha estudiado teología en la Universidad de Notre Dame, Cambridge y Duke (USA). En español también se han publicado por la editorial Nuevo Inicio Imaginación teo-política (2007) y Ser consumidos (2011).

En El mito de la violencia religiosa trata uno de los temas más complejos de la ciencia política contemporánea, que es el de la crisis del Estado Moderno. No propone ninguna solución porque la política es historia, y aun está por ver el camino que sigue el Estado para salir de su propia crisis. Pero sí enuncia claramente la confusión que se ha dado entorno a la violencia religiosa y que ha actuado como mito generador del Estado Moderno.

El Estado Moderno nace del intento de separar definitivamente lo religioso de lo político adoptando como mito configurador la idea de que la violencia política encuentra su origen en la religión, y aportando como solución la separación radical de las esferas política y religiosa. El problema para Cavanaugh es que la política y la religión no son dos actividades esencialmente diferentes y que, por ello, no es posible dicha separación. Por tanto, lo que realmente ha sucedido en la configuración del Estado Moderno es que se ha ido desarrollando una nueva religión secular legitimadora del Estado.

El mito de la violencia religiosa es “una parte del folclore de las sociedades occidentales” que no sirve para explicar los hechos, sino para legitimar una configuración concreta del poder típicamente moderno y dar lugar a la forma histórico-política del Estado Moderno. En efecto, es un lugar común afirmar que el Estado Moderno nació como solución a las guerras de religión, pero Cavanaugh, con agudo sentido histórico demuestra que las propias guerras de religión son un mito porque, en primer lugar, una gran parte de los conflictos de la época se dio entre miembros de la misma iglesia y, en segundo lugar, porque la colaboración de diferentes iglesias contra un enemigo común fue muy frecuente, con lo cual es evidente que las diferencias de religión no fueron la causa primera de las guerras, sino razones de índole política.

El elenco de ejemplos de colaboración entre distintas iglesias y de enfrentamientos dentro de la misma iglesia es exhaustivo, y así tenemos que en las primeras décadas de la Reforma, que son los que dan lugar al Estado Moderno, los enfrentamientos entre católicos, Francia contra el emperador Carlos, fueron muy numerosos; la Francia católica se alía con los musulmanes contra el emperador católico; los príncipes protestantes del Sacro Imperio apoyaron al emperador católico contra la Francia católica; la católica Baviera se alió con príncipes luteranos para oponerse a la elección de Fernando como emperador católico; el papa Pablo III se enfrentó al emperador Carlos; los nobles católicos Conti y Soisissons sirvieron al protestante Candé en las campañas de 1587; entre 1593 y 1594 los campesinos católicos y protestantes se unieron en docenas de levantamientos; y así continúa el autor hasta enumerar más de treinta ejemplos sin ánimo de agotar la casuística.mito violencia

La violencia religiosa, al actuar como mito, ciega la lectura racional de los hechos y presenta como incuestionable el dogma fundador del Estado Moderno según el cual la religión y la política son dos esferas de la conducta humana perfectamente separables, cuando ciertamente son dos aspectos distinguibles, pero en ningún caso separables. Las ventajas de esta aclaración, según Cavanaugh, serían, en primer lugar, permitir una investigación desideologizada de la verdadera naturaleza de la violencia; en segundo lugar, “ayudaría a ver que el secularismo de tipo occidental es un conjunto contingente y local de ordenamientos sociales, y no la solución universal al problema universal de la religión; en tercer lugar libraría a Occidente de un obstáculo considerable para la comprensión del mundo no occidental, especialmente del musulmán; en cuarto lugar, ayudaría a eliminar la justificación de las intervenciones militares contra los actores religiosos y, en quinto y último lugar, ayudaría a los estadounidenses a comprender por qué su política exterior genera tanto resentimiento.

La crisis del Estado Moderno encuentra su origen último en el agotamiento de la separación conceptual entre la religión y la política que le dio origen y, por tanto, la salida a dicha crisis pasa necesariamente por replantearse los términos de una separación que a ojos de un observador atento se presenta como inapropiada.

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3 comentarios el ““El mito de la violencia religiosa”. William T. Cavanaugh

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