“Agonía de la sociedad opulenta”. Augusto del Noce.

“Agonía de la sociedad opulenta”. Augusto del Noce. Eunsa, Pamplona, 1979, 227 pp.

Por Francisco Rico Rodríguezagonia portada

Augusto del Noce (1910-1989) ha sido uno de los nombres más relevantes en el pensamiento teológico-político a partir de la II Guerra Mundial. Su estilo católico no conformista fue formado en las universidades de Turín y más tarde en la parisina Sorbona, donde estudió a autores como Blondel, Laporte o Gouthier para elaborar su tesis de licenciatura sobre las obras de Nicolás de Malebranche. Sin alejarse en sus investigaciones sobre autores franceses, la lectura de Jacques Maritain le ayudó a unir Cristianismo y Modernidad.

En Agonía de la sociedad opulenta, el italiano une siete ensayos con un nexo en común: el análisis de la sociedad actual y la pérdida que esta tiene de la eternidad, de lo Sagrado. Así, del Noce describe a esta, como sociedad tecnológica, opulenta o de bienestar. Tecnológica porque tiene una “concepción instrumental de la razón” y no por los avances científicos y técnicos, opulenta porque “se demuestra apta para eliminar la miseria” y de bienestar porque iguala la felicidad a “la mayor satisfacción posible de los gustos y de los apetitos”.

En su continuo estudio el autor atribuye las bases de la opulencia en la pérdida de la trascendencia y “la decisión de considerar la conciencia como falsa”, que atribuye a Marx, Nietzsche y Freud,. Además, toma del marxismo la reducción de las ideas a instrumentos de producción, pero niega lo revolucionario (la promesa mesiánica) y acoge lo conservador de la burguesía (“la organización racional de la sociedad industrial”). Es decir, nos encontramos en una sociedad de una sola dimensión que vive en continua actuación (progresismo) y que muestra una gran contradicción porque niega los valores de la tradición y, a su vez, no encuentra unos valores presentes porque aún no existen.manifestación

Del Noce revela cómo el hombre no deja de ser esclavo: vive en una servidumbre total porque la sociedad es tecnológica, no por el avance de la tecnología, la cual nada tiene en contra del Cristianismo, sino más bien porque el hombre se convierte en un medio, basa todos sus conocimientos en ser instrumento del sistema. ¿Y qué culpa tiene la educación en todo este proceso? ¿Quién está detrás del bienestar? Las ideologías pretenden hacer “útil” a la verdad, es su caso, la socialdemocracia. “La civilización tecnológica la sustituye por la primacía de la acción, en el sentido de que el conocimiento humano cobra valor sólo en la medida en que puede servir para un fin práctico”. Entonces, ¿qué sentido tiene la existencia de la metafísica y la existencia de Dios? “En lugar de la autoridad de los valores nos encontramos con su creación”, esto es lo que de verdad está en crisis, el humanismo ateo, el lado romántico del marxismo; no el Cristianismo porque está fuera del ideal de esta sociedad, es completamente opuesto al bienestar y, como Del Noce afirma, “no hay otro camino que el de intentar espiritualizarla desde dentro”. El diálogo entre Cristianismo y Modernidad puede comenzar en el origen del problema; el cristianismo laicizado y el radical ateismo (en “la negación de la trascendencia religiosa”).

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