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Capítulo XIV:

El Estado Despótico

Antes del Estado Despótico se encuentra el Estado Absoluto que, en el fondo, es un mito. Basado en la doctrina que hace legítima el aumento de poder, el Estado Absoluto tiene dos elementos fundamentales: la soberanía política, propia del ejecutivo, y la soberanía jurídica, establecida por medio de la legislación.

La idea del Estado Despótico nace del proyecto de Pedro el Grande de Rusia, que quería un Estado europeo y potenciar la monarquía al mismo tiempo. De ahí movilizará un gran ejército y hará que el Estado se imponga a la Iglesia haciendo de ésta un departamento estatal. Este fue el culmen de un proceso que se remite directamente a la paz de Westfalia (1648), en donde se reconocen las distintas soberanías nacionales propias de la teoría de Bodino.

Después de Rusia, fue Federico II (también apodado “el Grande”) el que confecciona un Estado Despótico en Prusia, potenciando el poder en su país más que en Austria, sobre todo por medio del ejército. En este salto de forma política resulta fundamental el Derecho Divino de los reyes, que es el que legitima todo. Cabe señalar que Federico el Grande era además calvinista.

En Francia el Estado Despótico llegó con Luis XV, cuando los intelectuales empiezan a imponer su visión de la política. Y es que la Monarquía Absoluta todavía respetaba el derecho, ahora esto se acaba y es a partir de la legislación soberana que empieza a establecerse un orden jurídico por encima del derecho. Tocqueville es el que describe precisamente cómo con el Estado Despótico se extiende  la administración francesa. Esto durará en Francia, según François Bluche, hasta 1790.

El hecho de que esto sigue presente se ve por ejemplo en el Ministerio de la Felicidad que ha creado el presidente Maduro en Venezuela. En el fondo, el concepto de un Estado que se entromete de tal forma en la vida social viene de la revolución de los santos puritanos, que pretenden establecer el Reino de Dios en la Tierra y promueven el hecho que una revolución sea una fuente legitimadora.

El despotismo ilustrado encuentra su antecedente en el regalismo, esto es, la intervención del poder temporal en los asuntos eclesiásticos, lo que tampoco es propiamente una herejía. Ejemplos históricos son lo sucedido por ejemplo con las misiones jesuitas en Hispanoamérica, que poseían allí ciertas riquezas, o también con la expulsión de la Compañía de Jesús con el gobierno de Carlos III. Significa que de la unión del trono y el altar se impondrá el primero. La Revolución Francesa lo que hará finalmente será quitar a la Iglesia y al rey y poner a la Nación.

En España el Derecho Divino de los reyes es el fundamento tanto en el caso de Carlos María Isidro como en el de Isabel II, ambos tienen la misma actitud de legitimarse frente a la Iglesia. El despotismo ilustrado es, por así decir, el golpe definitivo a la Iglesia.

Cap. XIV: El Estado despótico

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