Juan Miguel Palacios. “La condición de lo humano”.

Juan Miguel Palacios. “La condición de lo humano”. Madrid, Ed.Encuentro, 2013, 85pp.portada Palacios

Juan Miguel Palacios ha sido profesor de Filosofía en la Universidad Complutense hasta su jubilación el año pasado y uno de los herederos y continuadores de aquella Universidad vocacional de posguerra. En este breve y exquisito volumen nos presenta reunidas tres conferencias que conforman el índice del libro: I.Sobre la esencia de la libertad humana, II.El problema de la fundamentación metafísica de los derechos humanos y III. ¿Puede la filosofía ser cristiana?

“La condición de lo humano es una condición muy singular: es la del ser finito que, al tener experiencia de su finitud, se asoma de algún modo a lo infinito”. Este es el sentido de una libertad tomada en su sentido más verdadero y, aparentemente, paradójico. El hombre libre no es el que no encuentra condicionantes, sino el que es capaz de trascender la condición de la vida, de descubrir la infinitud del objeto amado al tiempo que la propia finitud del ser amante.

En esta reseña nos limitaremos al tema del primer capítulo, que sirve de nexo con los otros dos, es la esencia de la libertad. Para Palacios, la libertad, que en un sentido muy general es la independencia o indeterminación de algo respecto de algo, tiene tres sentidos diferentes: ontológico, psicológico y práctico.

En sentido ontológico, “es la indeterminación o inconcreción del ser del hombre a una determinada manera de ser o, lo que es lo mismo, es una apertura del hombre a muchas posibles maneras de ser”. El hombre, por su libertad ontológica, se encuentra radicalmente abierto a otras formas de ser, no está vinculado por sus impulsos y es libre frente al mundo que le rodea.

En sentido psicológico, es la libertad de los actos de la voluntad humana. Dentro de esta libertad, Palacios realiza una distinción importante que aclara algunos malentendidos que tendrán su reflejo en distintas concepciones políticas, a saber: la libertad de coacción del libre albedrío. La primera es la libertad de obrar, mientras que la segunda es la libertad de querer, es decir, lo que propiamente entendemos por libertad.

En sentido práctico, la libertad es algo que se conquista, como “capaz de ser el escultor de su alma” y en este sentido de lo primero que tiene que liberarse el hombre es de sí mismo.universo

La conclusión a la que llega el autor es que la libertad del hombre es finita y el hombre, en cuanto ser, también finito, está abierto esencialmente al infinito. Así, concluye: “la consideración de la esencia de la libertad humana nos descubre que el hombre, si está provisto de ella, es un desconcertante poblador de este planeta ciego, que parece, con todo, tener un privilegio de otro mundo –el privilegio de la libertad-, pero solo de una libertad finita. Nos lo descubre como un ser que estaría dotado de algo que, de por sí, pide ser ilimitado, pero que de hecho se encuentra limitado en él; como un ser finito habitado por lo que de por sí tiende a ser infinito. Y esta consideración nos pone una vez más ante los ojos la hondísima verdad que tan certeramente acertó a comprimir en uno de sus pensamientos el genio de Pascal: que el hombre supera infinitamente al hombre”.

Por Armando Zerolo Durán

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