Petter Moen. “Diario”.

 

Petter Moen. “Diario”. Madrid, Veintisieteletras, 2009, 175 pp.portada petter moen

 

La joven Noruega, independizada en 1904 de Suecia, sufrió el trauma más grave de su breve historia cuando en 1940 el ejército nazi violó su neutralidad ocupando el territorio noruego. La resistencia se organizó entorno a pequeños grupos armados y una potente red de periódicos clandestinos que divulgaban las noticias emitidas en noruego por la radio británica.

 

Petter Moen (1901-1944), a la sazón corredor de seguros, fue uno de esos hombres “normales” que se vio envuelto en la lucha por la libertad y acabó siendo el director del periódico de la resistencia de mayor divulgación, el “London Nytt”, hasta que el 3 de febrero de 1944 la Gestapo desarticula la organización y encarcela al improvisado periodista. Moen murió el 8 de septiembre de 1944 cuando iba a ser trasladado en barco desde Noruega a Alemania cuando el Wetphalen chocó contra una mina y se hundió cerca de la costa sueca. Uno de los cinco supervivientes contó que Moen le había hablado de un diario que había escrito durante su cautiverio perforando con un clavo las hojas de papel higiénico marcando letra por letra y que guardó cuidadosamente en pequeños pliegos en la rejilla de ventilación de su celda. Tras la liberación la policía pudo recuperarlo y descifrarlo para su posterior publicación.

 

Como dijo Jünger, “no se tardará en reconocer que las obras más radicales de nuestra literatura surgieron de los objetivos menos literarios: todas esas informaciones, cartas, diarios íntimos nacidos de las grandes cacerías humanas, emboscadas y desolladeros de nuestro tiempo”. El diario de Moen es el testimonio de un anti-héroe, que siente miedo, dolor y vergüenza de su debilidad. Mira a un mundo que se ha vuelto loco y no comprende la miseria humana, incluida la suya. Ante la presión de la soledad, el miedo y el absurdo, como en un lagar que presiona la uva, Moen empieza verter el caldo más exquisito escondido en la carne. No puede mirar hacia fuera y comienza a explorar los abismos del alma. Se asoma con valentía a su interior y descubre que “el anhelo religioso funciona hasta el final como un mecanismo del deseo”. La verdad pasa a través del sufrimiento y tantos días encerrado en una celda de castigo, solo, golpeado, vejado, sin una palabra amable ni un gesto cariñoso sacan de él una profunda e inquieta soledad. No llega a conclusiones, permanece en una religiosidad psicoanalítica y no consigue salir de sí mismo y su introspección. Ahí se queda su camino y concluye que “la verdad no existe fuera del ser humano”. No es bastante porque se deja el hecho religioso fuera de la ecuación, pero ya es mucho, muchísimo, para una época ideológica que ha pisoteado la individualidad y ha tratado como a escoria a la persona concreta.diario

 

El relato de la cotidianeidad refleja de modo muy honesto lo que es el hombre en su nada, preocupado por la pequeña ración, una colilla de tabaco, un trozo de trapo o una cuerdecita. Todo es motivo para la autoafirmación y la seguridad, y todo es perseguido por los carceleros, que borran de la existencia concreta cualquier signo de humanidad. Prohibido jugar, cantar, escribir y descansar. El objetivo era criminalizar la normalidad. Un detenido seis meses por jugar al billar, otro cinco meses por comprar medio cerdo en el mercado negro, más de seis meses por borrachera, quizás la muerte por una mentira, etc.

 

Todo le es retirado al hombre para conseguir reducirlo a pura materia, sin traza de espiritualidad. La sabiduría perversa de sus carceleros fue saber que el espíritu crece en la sencillez de lo cotidiano, en el sol, en la belleza y en la amistad. Privando al hombre de ello queda reducido a la pura animalidad, y ese era el fin de la cárcel, convertir a la gente normal  en animales. Lo triste es que el método era eficaz y el relato de la degeneración de lo humano es elocuente, al tiempo que también lo es el brillo de la conciencia de algunos presos a quienes la tortura elevó a la categoría de héroes de lo cotidiano.

Por Armando Zerolo Durán.

 

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