“La violencia y el orden”. Álvaro d’Ors

Álvaro d’Ors. La violencia y el orden. Ediciones Dyrsa, Madrid, 1987. 125 pp. La violencia y el orden (portada)

Este pequeño ensayo da buena cuenta de algunas de las principales preocupaciones del pensamiento político español de nuestros tiempos. Este texto escrito por el reputado romanista y jurista Álvaro d’Ors, afincado en la universidad de Navarra y fallecido hace escasamente una década, para mientes en torno a la cuestión de la legitimidad y de la potestad políticas.

Al igual que otras figuras eminentes del pensamiento clásico, este autor trae al recuerdo el problema de la violencia y su carácter fundacional en una sociedad democrática como la occidental, que habita consciente o inconscientemente en el pacifismo desde hace generaciones. D’Ors toca el nervio de la guerra del 36 para reflexionar acerca de la naturaleza del orden político del régimen franquista y de la razonable legitimidad del mismo, con ánimo de entender mejor el cambio de orden surgido en la Transición democrática y realizar finalmente una prospectiva de cara al futuro.

En la obra, la potestad política será definida como el mandato socialmente reconocido con capacidad efectiva del mantenimiento del orden establecido. De tal modo, que el papel de la Iglesia como auctoritas será, además de mantener en continua tensión y corrección a la potestas, el de fomentar potencialmente otros órdenes alternativos frente a un régimen que haya devenido tiránico o que ya no es manifiestamente capaz de garantizar el propio orden. Las preocupaciones de d’Ors versan, por ejemplo, sobre cómo afrontar ciertos imperativos de la legislación estatal, acerca de la conveniencia o no de la desobediencia civil o ―con miras a ejemplos históricamente recientes entonces como el golpe de Estado del 81―, si cabría un uso legítimo de la fuerza de cara a la conservación de la Constitución histórica de un pueblo.Se trata así, en definitiva, de traducir y concretar mejor los dinamismos implícitos en esa guerra de investiduras entre la Iglesia y el Estado.

Aquello que sin embargo vertebra esta obra del profesor d’Ors es su preocupación por la unidad cristiana como constitutiva del orden, y ello en contraposición al orden alternativo que la política establece por su parte. “A la unidad de la Iglesia corresponde la pluralidad del mundo secular, y la unidad política del mundo secular, en cambio, atenta siempre contra la unidad santa de la Iglesia“. Ciertamente, la reconciliación del mundo a través de la política es una realidad de nuestros días, un problema que hoy quizás esté algo olvidado y al que profesores como Dalmacio Negro han hecho recientemente alusión recordando la existencia de una herejía soteriológica de los primeros siglos, que buscaba o prometía la salvación en este mundo: la apocatástasis —bastante relacionada por cierto con las religiones políticas.

Alvaro dOrs

Álvaro d’Ors

Pero en todo ello cabe recordar, primero, que la Iglesia es ante todo communio y, como consecuencia, communitas. En ese sentido, la unidad de la Iglesia es un principio que debe reactualizarse continuamente y que, en estos tiempos en que se respira una atmósfera de ideología licuada, no puede darse por supuesto. Después, que si atendemos a las nuevas formas políticas dadas en Occidente, podemos decir el orden establecido por la potestas ha resultado ser precisamente uno de sus mayores logros, aunque se trate de un orden cambiante y, por así decir, aparente. De este modo, la legítima “subversión violenta con posibilidad humana de éxito” ante una potestad convertida en pura fuerza, que postula d’Ors rescatando la afamada tradición escolástica española, puede haber tenido su pertinencia durante los dos siglos anteriores pero hoy, en estos días en los que asistimos al desmembramiento de un país por una vía de no violencia física explícita, ha perdido parte de su sentido.

La concepción que el profesor explicita en este libro denota, no obstante, ciertas desavenencias postconciliares, además de una concepción tal vez en ocasiones excesivamente moralizante de lo eclesial, que no acierta a ver que, en realidad, la ratio status tiene por fundamento un cristianismo deformado no en vano René Girard dijo que vivimos una época de ultracatolicismo.

Aquello de que “un nuevo orden trae una nueva violencia” se ha hecho cierto por las nuevas formas de dominación llevadas a cabo por el consenso propugnado por la oligarquía estatista. El rebrote de la violencia física siempre es posible y constituye una realidad que el mundo de hoy no puede olvidar con ingenuidad. Y, si bien este último tipo de violencia siempre se encuentra dentro del imaginario colectivo, la Iglesia misma puede en ocasiones no ser consciente de la primera, mucho más palpable y presente hoy que la segunda.

foro romano

Jesús Fueyo. “La vuelta de los budas”. (2ª parte)

(Continuación de “La vuelta de los budas”)

Por Pedro Escolano Belmonte

La senda histórica del mundo invertido en el humanismo terrenal –Homo homini Deus est-, la recorre Fueyo a través de sus dos grandes momentos: El Tiempo de las Naciones y el Tiempo de las Hegemonías. Cada parte ocupa un número similar de páginas en el libro.tiempo

En el Tiempo de la Naciones radiografía el alma cultural de las grandes naciones europeas: Alemania, Inglaterra, Francia. El mito de sus revoluciones fundacionales fue la Nación, pero las realidades son el Estado, donde las revoluciones nacionales terminan siendo conducidas por la naturaleza y no por la política, en mutaciones y formas de vida, sin mito que las presida. Un proceso que devuelve al hombre al mundo mecánico de las cosas, al universo de las fuerzas telúricas de los Budas. “Si el cristianismo liberó a la persona de su cosificación, mediante la postulación inderogable de tratar y ser tratado conforme a su naturaleza y no a la Naturaleza, es decir conforme a lo que exige aquél desenlace escatológico, que es el destino más grande y trágico del hombre redimido, el empeño occidental del nihilismo y sus veneros intelectuales trabajan para la catástrofe del segundo budismo anunciado por Nietzsche”.

A pesar del fracaso de las naciones europeas y su derrota militar en la II Guerra Mundial, la nación metafísica y cultural sigue ahí, porque es la forma política en la que viven real y efectivamente su pluralidad biográfica esa impalpable realidad que forma el plasma vital de la Historia y que llamamos cultura.“ Todas las culturas son formas de Revelación de la sobrenaturaleza, es decir de liberación y rebelión contra la Naturaleza. El ser físico se transmuta en comunidad metafísica, cuyo organismo histórico es la Nación”. Aunque estas realidades sigan ahí, Fueyo considera que han sido vencidas sobre el terreno duro y vital de las realidades históricas, aunque de vez en cuando asistamos a sus estertores últimos como Nación, como fue el caso De Gaulle. Internacionalismo, cosmopolitismo, democracia universal, estructuras supranacionales, están en la retorta de los experimentos de metafísica postmoderna en Europa. Si estos experimentos siguen caminando por la vía del nihilismo, como así parece ser, en lugar de rescatar el genuino impulso metafísico del que surgió Europa, incluso antes de sus naciones, como Cristiandad, el futuro será sombrío. “Cuando el sistema de vida en una cultura es sólo ya constitución y mercado, cortesía y contrato social, urbanidad y moda, cuando todo el sentimiento civilizado tiene que ser, para serlo, internacional, algo que en las vísceras más nobles del organismo social se niega a morir, produce el nacionalismo que, así y todo, es, precisamente, el último delirio noble de los pueblos acabados”.

Sólo en Europa la Nación ha pasado a ser atávica, porque las hegemonías que actualmente dirigen el mundo, Rusia, USA y China, son naciones, con un sentimiento nacional embriagado de su poder y de sus oportunidades, como decía Debré. Y entramos en la segunda parte del libro, El Tiempo de las Hegemonías, en el que se disecciona el alma cultural de USA, Rusia y China.

Los que hemos pasado gran parte de nuestra vida en el mundo dividido por el Telón de Acero, llegamos a creer que esta partición del mundo respondía a algo cuyo sustrato tenía algo que ver con el marxismo, algo así como un enfrentamiento entre cosmovisiones metafísicas inversas de origen europeo. Pero el pensamiento de Fueyo se mueve en ondas largas, y su visión del aparente éxito del marxismo, resulta de gran actualidad para comprender el mundo tras el derrumbe de la fase soviética de Rusia y las recientes mutaciones de China. Ya se decía en los años 70 del pasado siglo, por algunas cabezas pensantes que no profesaban en el talmud marxista, que Jesús Fueyo era el español que mejor conocía el marxismo.

El comunismo ha sido siempre el morbo del cristianismo, su herejía fetal. Todas las utopías de Occidente son más o menos comunistas. Prometeo es el arquetipo de Occidente, rebelándose contra las prohibiciones de los dioses, afirmando la rebeldía soberana del yo. Marx invierte este mito colectivizando el yo, disuelto en inteligencia colectiva y dialéctica social. La Verdad deviene alumbramiento espiritual de las estructuras sociales, fruto de la sociedad como entelequia pensante, cuya secreción, expone Engels en el Antidühring, procede de su propia materialidad. Tesis del monismo dialéctico materialista que Stalin eleva a decreto de Estado, estableciendo que todos los fenómenos que se dan en la realidad, incluso la mística revolucionaria, son sólo diferentes formas de la materia que se mueve por sí misma. La voluntad libre, es decir independiente de la causalidad, deviene pura ilusión nacida de la ignorancia de las causas que actúan sobre el sujeto. La metafísica inmanente de la naturaleza del materialismo dialéctico, conecta con las esencias de las filosofías orientales, en estos dos giros sobre el conocimiento (Verdad) y el sujeto (Libertad).

Pero la deflagración de lo que ha sido la historia del comunismo real para occidente, se produce por la alquimia que aportó lo que los alquimistas llaman el fuego filosófico, la mística revolucionaria de Bakunin, un escritor que gustaba de escribir catecismos y que comprendió que religión y política son idénticas. Con las lógicas de Marx sobre el fin irremediable del capitalismo y la concepción materialista de la historia, el marxismo seguiría confinado en las universidades alemanas en una discusión interminable sobre el fin del capitalismo. Es el mesianismo ácrata paneslavista de Bakunin el que enciende la llama del bolchevismo, intento de redención nihilista mediante la revolución universal proletaria. De las categorías lógicas de Marx, al apocalipsis, al suceso escatológico de Bakunin. La inversión mística de Bakunin, la transformación del arrebato contemplativo característico del alma rusa, en activismo arrebatado, tiene su secreto instrumental en la discriminación maniquea y cátara entre los perfectos impecables y el rebaño de las masas, origen del partido único como vanguardia del proletariado, conventículo cabalístico, no sólo inspirado en una teología deicida sino en la muerte del hombre bajo la autocracia del Partido, bajo la mística milenaria de la humanidad panrusa. El bolchevismo fue pues, una solución totalitaria y agresiva del eslavismo revolucionario, del paneslavismo eterno del alma eslava. Continuación del eterno odio de la Iglesia de Oriente y los cátaros contra Roma, del odio de sus monjes, sus jerarcas, sus políticos y humanistas contra el Occidente que consideran anticristiano y materialista. La mutación bolchevique retradujo temporalmente este odio atávico, como nuevo Reino de Satán, manifestado en la explotación capitalista de los trabajadores de las economías de Occidente.

“La literatura catastrofal y redentora rusa, entre el fin del mundo y el paraíso universal, su pensamiento historiosófico, prepolítico, estaba abierto a la recepción bolchevique vía Bakunin de Hegel y Marx. La preocupación constante del alma rusa se centra en el sentido, en el fin de la historia, en la escatología”.

El comunismo mágico de Mao parte del monismo dialéctico materialista desde el que imagina su forma específica de humanidad, filtrando las aguas ideológicas del comunismo occidental a través de los mitos telúricos de todos los grandes clásicos chinos y su expresión geopolítica; la hegemonía del centro, el Imperio del Medio. “El Emperador, como Hijo del Cielo, lejos de ser una variante de las teocracias características de Occidente, o de las teologías políticas absolutas del derecho divino de los Reyes, resulta ser la clave cosmológica que armoniza la Historia Universal con la dialéctica de la Naturaleza, rigiendo el eterno retorno dinámico y verdadera doctrina de la representación política china”. Mao, con su poesía telúrica, es el brillante revitalizador del taoísmo de la totalidad de la dialéctica, que en la pugna universal Yang-Yin habían revelado ya los antiguos doctores del taoísmo con Lao-Tsé a la cabeza.

“La fundamentación científica del marxismo, el materialismo dialéctico, es, en el fondo, la versión contemporánea de las religiones cósmicas de la materia, de la ley china del Tao que une los cielos físicos con las tierras del hombre, del panteísmo telúrico, verdadero carácter fundamental de las religiones de Oriente”.

Norteamérica, “New Jerusalem”, combinación de representaciones cosmogónicas atávicas en tensión con su frenética tecnología, es una metamorfosis metafísica del espíritu europeo, mensaje renovado de la Tierra Prometida. Europa regenerada en América por partenogénesis de una cultura. Según Fueyo, la autocrítica masoquista de Europa, tendrá su hora también en Norteamérica. “El trabajo norteamericano está guiado por la vocación de modelar para el bienestar del hombre, la creación divina”, la Naturaleza, mediante “la apoteosis del homo faber”. La cuestión de esta metamorfosis existencial, “es la de si cabe una vivencia personal del trabajo, un estado de gracia laboral, o si, por el contrario, en esa vía no hay gloria más que para las estructuras”.

Tanto Norteamérica como Rusia no han cultivado la filosofía como disciplina mental, pero en sus grandes novelistas emerge la visión de lo real. Fueyo analiza la genealogía del pesimismo norteamericano a través de la obra literaria de Hermann Melville.

Fueyo, en el contexto de los agitados años 60 y 70 del pasado siglo, veía los síntomas de una involución expresada como “mutación psíquica desde un optimismo eufórico a una melancolía difusa que llega a manifestaciones francamente depresivas de pesimismo metafísico…”, “un giro radical en el talante con que se afronta el metabolismo humano con la Naturaleza y el reto histórico con el Tiempo,..”. Es decir una puesta en cuestión de los mitologemas de la teología fundacional de los Estados Unidos de América, que se podrían concretar en que “la economía de la salvación era la salvación por la economía” “como libido de creación absoluta”, “la espiritualidad aplicada de la Nueva Piedra Filosofal”.

¿De dónde procede esta inversión del optimismo y la libido creativa proyectada en la Naturaleza? Por un lado está ese protoplasma de Norteamérica que es Europa. Por otro lado, mientras Schopenhauer maquina en Europa, Herman Melville engendra Moby Dick, “apocalíptico Leviathan norteamericano”, cuyas complejas claves simbólicas anuncian el hundimiento de la democracia telúrica como naufragio oceánico de la sociedad y del alma “de la Sociedad como Logos”. La inversión mítica de Melville consiste en la disolución en la masa húmeda del océano de lo creado por el trabajo y sus criaturas. “El océano es nirvánico. Y Melville es, por eso, el profeta norteamericano de Buda,..” invirtiendo “todos los motivos característicos de la actitud frankliniana.”

Pero, observando los cuarenta años que han transcurrido desde la Vuelta de los Budas, ¿no será que aquella revuelta contra la teología fundacional de los Estados Unidos lo que buscaba era un equilibrio entre el sentido celestial del instinto y el sentido común que es economía? ¿Y que no fue nunca una metafísica del pesimismo como la europea, sino una restauración del optimismo y la creatividad sobre nuevos equilibrios? ¿O quizá podemos verla hoy como rebelión ante la Astucia de la Técnica? Como Fueyo observó, “No es el Dios ha muerto de la decadencia europea, es la protesta sobre la protesta, la protesta contra la transmutación de Dios en el impávido gran motor de las estructuras”. Diez años después, quince quizá, la misma generación subversiva que había buscado por vías exóticas filosofías de salvación y de equilibrio entre instinto y economía, presentaba uno de los perfiles más saludables y creativos de nuestro mundo.

Otro tema que ocupa a Fueyo meditando sobre América, es la tensión entre la whiteness y la negritudo. Según él, es puramente epidérmica, contraste entre un sentido funcional y un sentido animista de lo real, que produce a ritmo acelerado un sincretismo de almas. La estética de la modernidad es primitivista y en el fondo religiosa, como compensación emocional de la organización mecánica del bienestar. “El sincretismo negro-blanco viene de la necesidad que el negro tiene de funcionar en el universo mecánico y de la necesidad que el blanco tiene de sentir en el mundo de las estructuras”. La alquimia se produce y buena parte de la cultura y los modernismos estadounidenses tienen una genealogía negra. En un tiempo en que se acababa de asesinar a Martin Luther  King en un hotel de Memphis y los noticiarios de todo el mundo difundían la violencia racial, hablar de sincretismo no era común.escatologia

Desde su desconexión del impulso metafísico que le dio origen y forma, la cultura racionalista europea de la modernidad, celebra su remundización como avance civilizatorio, y a la vez como oportunidad política de libertad. Pero Jesús Fueyo en La Vuelta de los Budas, nos pasea por la cara oculta de la luna. El mundo sin forma y la sociedad sin identidad, la sociedad naufragada como logos, urdirá de modo masivo, contraataques, renacimientos y vueltas a las viejas reservas, puesto que los miembros de estas sociedades no pueden seguir creyendo en serio que esa sociedad sea la suya. La ausencia de fundamento ha alcanzado ya al ámbito de lo político, expresado en la censura crónica a la clase política y al Estado, convertido en un gigantesco castillo de arena. Y es que la verdadera alquimia contemporánea, que es la economía, transmutando al hombre en trabajo, en energía combustible, en carbón, en acero y finalmente en oro, si no fuera porque el sistema occidental del Estado de bienestar, como nirvana uterino de ayuda social, ofrece una pálida y cada vez más dudosa esperanza herética de salvación, su ausencia de finalidad común ya habría triturado las sociedades de la era industrial. Su opiáceo soporte mítico es la igualdad, de la que Fueyo decía que “…es el nirvana occidental, es la solución del problema de la personalidad por dimisión en el todo social; es el budismo de occidente”.

“Es la voluntad de ser lo que permite romper con la pasividad monótona del acontecer natural, y levantar aunque sólo sea una ironía titánica contra el aburrimiento. No ha sido otro el gesto decisivo de donde ha salido todo, desde la metafísica a la técnica”. “Así como la vida es lucha contra la postración, la Historia es lucha contra la decadencia, voluntad de decir que no a la espirituosa llamada que invita a la Nada, a la catástrofe nihilista del segundo budismo que anunció Nietzsche”. Esta podría ser la conclusión que a los hombres de hoy nos quiso transmitir Jesús Fueyo, desde un texto luminoso como es La Vuelta de los Budas, escrito hace cuarenta años, pero de total actualidad y vigencia.

Jesús Fueyo. “La vuelta de los budas”. (1ª parte)

Jesús Fueyo. La vuelta de los budas. Organización Sala Editorial, S.A.,     Madrid 1973,- 595 págs. 

Por Pedro EscolanoPortada Fueyo

 

Una izquierda sin verdaderos prestigios intelectuales ha divulgado la estrafalaria opinión de que en la España gobernada por Franco, no hubo sino falsos valores académicos favorecidos de una u otra forma por la dictadura. Buena parte de la derecha, por razones puramente tácticas y oportunistas –el acceso a la repartición política-, ha endosado esa falsificación. De ahí que la política cultural de la derecha española, en su desvarío centrista, pero ante todo cratológico, ha caído en el adanismo, como señalaba Jerónimo Molina hace unos años.

La generación de juristas e historiadores políticos que surge tras la guerra civil en torno a instituciones como el Instituto de Estudios Políticos, actual Centro de Estudios Constitucionales, dejaron un legado de pensamiento político que no ha tenido la continuidad deseable, ni hasta ahora se ha producido una filosofía política o jurídica con el nivel suficiente para ser comparable, tanto en profundidad como en rigor y extensión. Algunos de estos juristas e historiadores, cuya obra publicada en su mayor parte transcurre en el periodo referido, son: Javier Conde, Manuel García Pelayo, Luis Sánchez Agesta, Carlos Ollero, José Antonio Maravall, Luis Diez del Corral, Alvaro d´Ors, Jesús Fueyo, Gonzalo Fernández de la Mora, Nicolás Ramiro Rico, Francisco Murillo Ferrol, Enrique Gómez Arboleya, Antonio Truyoll, y el más joven de ellos, Dalmacio Negro Pavón.

Si quisiéramos establecer un eje común entre ellos, podría ser el del realismo. Pero no ese realismo vulgar que se suma a los hechos porque mandan, como síntesis puramente refleja de sentido práctico, oportunista y esclavo de hechos menudos y circunstanciales, sino un realismo que comprende la fuerza de las cosas y su autoridad, para poder interpretar lo histórico en sus ondas largas. Y este realismo, se modula en mayor o menor grado dentro de un marco cristiano, nada clerical por otra parte. Otro eje común es la formación jurídica de todos ellos, entendiendo el Derecho como objetivación histórica del marco de posibilidades de expresión de la Justicia, y no cómo expediente técnico de organización social del legista auxiliar del príncipe y representante de la soberanía que aquel encarna. “Interesa subrayar que no hay ninguna técnica capaz de arbitrar las recetas científicas para producir, bajo el impulso de criterios exclusivamente técnicos, la justicia”, es un lema permanente en el pensamiento de Fueyo, tanto en sus escritos como en su actividad docente. Pero sobre todo, nos encontramos con singulares y originales pensadores y escritores, que quizá representan la última generación de inteligencia universitaria libre que hemos tenido en España, por supuesto, con las excepciones que todos podríamos apuntar.

Entre estos juristas e historiadores políticos, destaca sin duda la figura de Jesús Fueyo, tanto por sus conocimientos y erudición como por la profundidad y calidad literaria con que supo hacer público su pensamiento a través de la escritura. Dalmacio Negro ha contado en alguna ocasión el prestigio del que gozaba Fueyo entre sus colegas más notorios: “Si eso lo ha dicho Fueyo, es que es así”.

Jesús Fueyo (1922-1993), se licenció en la Facultad de Derecho de la entonces Universidad Central de Madrid, hoy Universidad Complutense de Madrid, doctorándose con la máxima calificación con una sugerente tesis sobre “Alexis de Tocqueville y la Estructura de la Sociedad Democrática”. Por aquél entonces ejercían como docentes en esta facultad, Javier Conde, que influyó mucho en él, y Carlos Ollero, que iniciaba su carrera docente.

En 1947, obtiene por oposición la plaza de Letrado del Consejo de Estado, órgano al que estuvo vinculado hasta 1987, siendo Letrado Mayor y Consejero de Estado en dos periodos, 1962 a 1970 y 1974 a 1977.

En 1956 ganó por oposición la cátedra de Derecho Político de la Universidad de Santiago, con votación unánime de todo el tribunal. En 1969 ganó por oposición la cátedra de Teoría de la Política en la Facultad de Ciencias Políticas Económicas y Comerciales de la Universidad Complutense de Madrid, también por votación unánime de todo el tribunal.

Dirigió el Instituto de Estudios Políticos durante los periodos 1962/69 y 1974/77.

Hombre con aspiraciones políticas, fue nombrado Delegado Nacional de Prensa y Radio del Movimiento en 1962, Procurador en Cortes en 1964, Consejero Nacional del Movimiento por designación del Jefe del Estado en 1967. Los que le trataron personalmente, aseguran que le hubiera encantado ser Ministro, “aunque sea de Marina”, decía él mismo, pero las circunstancias no le fueron favorables en su vocación política.Fueyo

En 1981, entró a formar parte de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, realizando aportaciones de singular interés hasta su fallecimiento súbito e inesperado en junio de 1993.

Su obra publicada se recoge en libros como La Epoca Insegura, Esquema de la Subversión de Nuestro Tiempo, La Mentalidad Moderna, Estudios de Teoría Política y otras publicaciones de carácter más circunstancial.

La Vuelta de los Budas se edita en 1973, un momento bastante agitado de la vida política española, que se planteaba el fin del régimen como consecuencia de la edad de su fundador, y sus posibilidades de evolución y transformación. La Universidad, masificada desde hacía pocos años, vivía un ambiente agitado y ya muy infeccionado por ideas de raíces marxistas y otros ismos, especialmente en la facultad donde Fueyo ejercía como profesor. Creo que el impacto de La Vuelta de los Budas fue escaso en su momento. Sólo tengo constancia de dos reseñas, una en las páginas del diario ABC, escrita por José María Ruiz Gallardón, y otra, de José María Nin de Cardona, director de la editorial que publica el libro, en la revista del Instituto de Estudios Políticos. Nunca se ha reeditado posteriormente.

El autor subtitula su libro como Ensayo ficción sobre la última historia del pensamiento y de la política”, avisando al lector en una nota entre las páginas del libro, que el contenido de este “tratase, pues, como casi todo en este libro, de una acrobacia lúdica, de un juego peligroso al filo de la navaja de la realidad.”  Y no es que el autor esté disculpando una ausencia de rigor o descuido, sino que el libro es un ensayo meditación que transita por las dimensiones más oscuras de siglos de especulación filosófica y del pensamiento político. Esas zonas del pensamiento en que los mitos, las profecías, lo sotérico y exotérico, los iluminados, las herejías apocalípticas, las sabidurías oraculares, las utopías, los atavismos, los enigmas cabalísticos, las alquimias, los místicos y sofistas, ocupan el lugar principal, o andan soterrados y envueltos en el pensamiento aparentemente más lógico y racional. La historia de las maquinaciones sobre lo divino y lo humano, que imaginando vías heréticas de salvación y órdenes políticos diversos desde metafísicas disolventes de todas las tablas de valores, conducen a los despotismos burocráticos y las gigantomaquias políticas de nuestra época. Con estos ingredientes, no cabe duda que estamos ante “un juego peligroso al filo de la navaja de la realidad”, por el que Fueyo conduce al lector con maestría, conocimientos sólidos, humor, ironía, un gran estilo literario y sin perderse nunca en ese intrincadísimo laberinto de conexiones entre culturas diversas, filosofías, mitos y literaturas varias. Un alarde de gran ensayística que atrapa al lector desde las primeras líneas hasta las casi 600 páginas, sin respiro.

La composición del ensayo se apoya en algunos recursos literarios eficaces. Crea Jesús Fueyo un personaje, Herr Professor Gottlieb Erlöser Panaceo, Salvador Curalotodo Amado de Dios, según traducción de Dalmacio Negro. El personaje es el arquetipo de pensador agnóstico característico de nuestro tiempo y de su patogenia. Personaje unas veces patético, otras tierno en su ingenuidad, otras ridículo y aborrecible, pero siempre quimérico en sus cogitaciones hacia la Nada. Autor y personaje van conduciendo al lector en el damero de las filosofías de salvación, mediante una cierta ambigüedad calculada para no poder distinguir con nitidez, en ocasiones, cuando habla uno u otro. Y es que tras más de doscientos años de talmud del “logos” omnisciente, ¿por dónde no aparece Erlöser? Los saberes sin revelación del occidente moderno y contemporáneo son tan invasivos, que el mundo sin forma y la sociedad sin identidad afloran sin pretenderlo en el pensamiento más cauto y prudente.

Erlöser es el verbo que ya no está encarnado, la descomposición de la imagen ontológica y física de la realidad, la subversión de las premisas teológicas y morales de una concepción de la vida, la decadencia de la metafísica, que es, justamente, la metafísica de la decadencia. Pero el alma atormentada del nihilista, desde el fondo insondable de la nada, clama por un saber sotérico, por un mensaje de salvación, pretendidamente ateiológico enclavado en el radiante firmamento de la Nada.

“La obra pública de Erlöser es una disolución crítica, sulfúrica de todas las tablas de valores….autocrítica absoluta de la razón occidental, una infección búdica del genio metafísico de Occidente, la nada como dialéctica en vana agitación mental. Una filosofía que quiere construir ex nihilo el Universo y repetir la hazaña de Dios, pero que necesita para ello destruirse cíclicamente como naturaleza, para alumbrar la sabiduría virgen de la edad nueva del hombre”

El 30 de Mayo de 1930, Herr Professor Salvador Curalotodo Amado de Dios dictó su última lección pública en la Escuela de la Sabiduría de Darmstadt, tras una vida puramente mental, con el propósito de consagrar su espíritu a la salvación del mundo, recluido en su mansión de Or Adonai levantada para tal propósito como piedra filosofal hecha arquitectura. Su vida, como la de Kant, es un argumento estrictamente intelectual, en la cual, toda noticia o sucedido, es referida a su vida académica. No consta que conociera mujer. El sueño de la “epojé” de Husserl, de la suspensión de las preocupaciones de lo cotidiano, camino habitual del intelecto de occidente y llevado al paroxismo más descarnado por Erlöser. En su silente conversación consigo mismo y a través de la exégesis textual, va intentando desgranar sobre bases nihilistas, el Novísimo Testamento para la salvación de la Humanidad, desde la omnisciencia del “logos” moderno y de su descenso a los desiertos de la Nada. En este caminar, conversa con reencarnaciones de los espíritus de Schopenhauer, Sorel, Donoso, Rivarol, Saint Just, Heine, Disraelí, Maurras, Soloviev, Marx, Engels, Hegel y Tocqueville, cuyo periplo dialéctico con Erlöser, es un regalo impagable para el lector y un acierto de gran eficacia por parte del autor.

Estos recursos, digamos literarios, dan libertad expositiva al autor, siempre dentro del rigor más exquisito, propio de alguien que conoce en profundidad el pensamiento de esas ánimas encarnadas, y se complementan con un lenguaje rico, expresivo y lleno de figuras brillantes en todo el libro.

Otro hilo conductor del ensayo meditación de Fueyo, es la tesis sobre el origen de la deflagración mental de occidente como consecuencia de la patogenia invasiva y recurrente de las esencias búdicas y extractos zoroastrianos, que desde el arcaico culto gnóstico de Manes o Mani, rebrotan en la inteligencia occidental bajo la forma de diferentes herejías –bogomilistas, cátaros, albigenses, patarinos, publicanos y otros perfecti-,  difundiendo con mística sublime la agonía inminente del mundo y su inutilidad, su mensaje consolador de negación y renuncia, frente a la cultura de la voluntad y de la creación de humanidad característica de occidente.mundo

De estas fuentes bebió hasta el delirium tremens Nietzsche. Y Hegel, el deicida lógico, con su teología absoluta del espíritu humano y negación de la verdad divina de toda religión positiva, más su mortal metáfora de la religión como opio del espíritu. “Una vez que Hegel contempla con impúdico gesto su propio ombligo, no queda más que pensamiento búdico, arquitecturas de la Nada.” Y Schopenhauer con su filosofía de la vida forzosamente genocida, puesto que descansa sobre la afirmación de que el intelecto, ante todo y originariamente, es un instrumento en lucha por la vida y se emplea como un arma, abriendo paso con estos planteamientos a las falsas sabidurías  que degradan el espíritu, haciéndolo esclavo de las fuerzas oscuras del sexo, de la raza, de la materia, de la economía o del poder, es decir, esclavo de la necesidad. Nietzche, Marx, y Freud reposan en su regazo, como involución inconsciente hacia el estadio fetal de las sabidurías sin Revelación, triunfo búdico de las religiones cósmicas de la materia, del panteísmo telúrico. Y la izquierda hegeliana, todos ellos profetas del humanismo terrenal, de la salvación en este mundo, de la inversión política de la religión, que abre la senda histórica del mundo invertido, cuyos resultados políticos visibles son la producción de formas indígenas de despotismos estatales burocráticos como salvación nihilista de lo humano.

La idea trascendental de salvación es la que ha conferido su estilo singular a la cultura de occidente. Como decía Elio Gallego, coincidiendo con la tesis de fondo de Fueyo, “la modernidad secularista no ha inventado una civilización distinta a la cristiana occidental, tan solo la ha deformado”. La historia de esta inversión metafísica del espíritu occidental, es en la tesis de Fueyo, la historia del retorno a Oriente, verdadero pecado fetal de Occidente.

(…) Continúa en la próxima entrega.

biblioteca

Índice bibliográfico

 Agamben, Giorgio. “El misterio del mal. Benedicto XVI y el fin de los tiempos”.

 Barrio Maestre, José María. “La gran dictadura: anatomía del relativismo”.

 Brague, Remi. “Le propre de l´homme. Sur une légitimité menacée“.

 Burleigh,Michael “Poder terrenal. Religión y política en Europa.

 Cavanaugh, William T.“Imaginación teo-política”. Ed. Nuevo Inicio.

 Cavanaugh, William T.“El mito de la violencia religiosa”.

 Conde,Francisco Javier . El hombre, animal político.

 Dard,Olivier. “Charles Maurras”.

Díez del Corral, Luis. “El liberalismo doctrinario”.

Diez del Corral, Luis y VVAA .“Historia y método de la teoría política”.

 Elias, Norbert. “La Sociedad Cortesana”.

 Gallego García, Elio A.“Common Law. El pensamiento político y jurídico de Sir Edward Coke”.

 Girard,René. “Veo a Satán caer como el relámpago”.

 Jouvenel.Bertrand de. “Ensayo sobre la política de Rousseau”.

 Jouvenel,Bertrand de. Los orígenes del Estado moderno: historia de las ideas políticas del siglo XIX.

  Jünger, Ernst. “La emboscadura”.

 Jünger, Ernst. “Diario de guerra (1914-1918)”.

 Maritain,Jacques. “El hombre y el Estado.

Moen, Petter. “Diario”.

 Molina, Jerónimo. “Raymond Aron, realista político”.

 Negro, Dalmacio. “El mito del hombre nuevo.

Negro, Dalmacio. “Historia de las formas del Estado. Una introducción.

 Nisbet, Robert. “La formación del pensamiento sociológico“.

 Noce,Augusto del.“Agonía de la sociedad opulenta”.

 Palacios, Juan Miguel. “La condición de lo humano”.

Reyes, Manuel de los. “La casa social católica de Valladolid”.

 Tocqueville, Alexis de. “Sobre las religiones: cristianismo, hinduismo e islam”.

 Tort, Olivier. “La droite française. Aux origines de ses divisions. 1814-1830″.

 Van Kley, Dale F.Los orígenes religiosos de la Revolución francesa“.

 Zerolo Durán, Armando. “Génesis del Estado Minotauro”.

Monasterio de El Escorial Vídeo

Capítulo XV: 1.La monarquía hispánica.

Vídeo de la sesión correspondiente al capítulo XV del libro “Historia de las formas del Estado”:


Capítulo XV. Formas no estatales de lo Político.
1. La monarquía hispánica.
Fernando el Católico.
-Derecho divino cristiano y Derecho Natural.
-La Casa de Borbón.
-Cánovas del Castillo.
-La Guerra Civil.
-1975.
-Estado de Partidos.

A pesar del auge del Estado, importantes naciones o unidades políticas no adoptaron la estatalidad o no llegaron a ser propiamente Estados, si bien, como es natural, utilizaron elementos o maneras estatales, en particular, por la fuerza de las cosas, en lo relativo a las relaciones interestatales. En ellas se continuaba entendiendo la política más o menos al modo medieval, como una forma de resolver problemas jurídicos mediante la libertad política.

“El liberalismo doctrinario”. Luis Díez del Corral.

Portada 'El liberalismo doctrinario'Luis Díez del Corral. El liberalismo doctrinario. Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1956. 602 pp.

El momento histórico de la Restauración francesa se desenvuelve en un contexto político harto singular en el coexistirán en el mismo suelo patrio las distintas sociedades que se habían formado en Francia tras veinticinco años de guerra entre la Revolución y el Imperio. Divididos en sus pretensiones, estos distintos grupos convivirán en un período de paz bajo un Estado que no ha tardado en denominarse como Romántico, por esa capacidad que tendrá el individuo entonces de proyectarse en opciones políticas ensayadas con anterioridad, aunque ya idealmente simplificadas y desentrañadas de su pasado.

En este cambio de orden europeo el liberalismo advino como una nueva forma política que respondía a las reclamaciones de garantías y libertades constitucionales que permitiesen desarrollar una cierta estabilidad tras los hechos consumados desde el estallido revolucionario. En ese sentido, después de que el trágico impulso napoleónico trastornase la historia y el régimen europeos, un determinado grupo de hombres dedicará sus esfuerzos a contener las reacciones excesivas en uno u otro sentido para, al mismo tiempo, dar cauce efectivo a las exigencias impresas en el corazón de la nueva burguesía, clase que ganó una definitiva preponderancia política por entonces.

Es el profesor D. Luis Díez del Corral quien trata acerca de este grupo conocido por el nombre de liberal doctrinario en uno de sus primeros ensayos, que de ser una camarilla a comienzos de la Restauración pasó convertirse prácticamente en un partido que fue motor y eje del cambio surgido tras la revolución de julio de 1830 con el advenimiento de la monarquía burguesa de Luis Felipe de Orleans.

Personajes históricos como Royer Collard, Barante, Camille-Jordan o Guizot, en su mayoría provenientes del círculo intelectual establecido por la Universidad napoleónica, surgen en ese momento para tratar, con la perspicacia ecléctica y circunspección que le son propias, de asentar un nuevo orden social vertebrado en torno al principio de la legitimidad. Serán políticos que se pondrán a filosofar y a legislar, convencidos del arte del perfeccionamiento social logrado a partir de una determinada política legislativa.

GuizotSin ser ‘ultras’ realistas ni liberales revolucionarios, los doctrinarios presentan un modo novedoso de entender principios tan esenciales entonces como la legitimidad y el Derecho. Evitando siempre caer en un esquema científico o naturalista, presentan un firme sentido de la coyuntura histórica y de las circunstancias sociales. Por ello, a pesar del nombre, se dice que los doctrinarios no poseen una doctrina fundamental, sino que más bien eluden toda tendencia hacia la absolutización de un principio o de una serie de postulados. Su política puede estar asentada en bases como el censo electoral, la regulación de la libertad de prensa o la continuación de la división de poderes de la que hablaría Montesquieu, pero éstos son fundamentos legislativos que han de adecuarse a las necesidades políticas de cada momento.

No obstante, siendo su política una especie de conciliación de distintas doctrinas que no ha de olvidar los errores pasados y que debe de orientarse hacia nuevos ideales, al ser burgués el nuevo ‘espíritu del tiempo’, una idea política fundamental para el sistema doctrinario será la garantía de la propiedad. Esta garantía jurídica surgida a raíz de la Revolución gala constituye uno de los pilares de los doctrinarios. Hasta tal punto que Royer Collard lo utilizará, por ejemplo, como base de su argumentación para la legislación de la libertad de prensa, considerando al periódico como algo equiparable a la propiedad, un cuerpo jurídico mayor que el derecho individual, lo que explica en consecuencia el sistema de fianza o caution.

Luis Felipe de OrleansDespués de la sistematización política en torno a la propiedad, existe para el grupo doctrinario otro pilar básico como es el de la armonización en torno al concepto de razón y del Derecho. Díez del Corral se sirve especialmente de la figura de Guizot para explicar esta idea que, si bien huye de la omnímoda pretensión más historicista y totalizadora de un Hegel, sí explica sin embargo la transición política que operan los doctrinarios del Estado-Nación surgido en 1789 hacia el Estado de Derecho. Firme estaba todavía el recuerdo de las atrocidades cometidas cuando la ‘representación’ política suponía una expresión de la voluntad popular. Por ello será el francés quien, partiendo desde la concepción política burguesa y eludiendo en todo momento el Derecho Natural racionalista de los revolucionarios, objetivará una razón pública que se convertirá en la nueva ratio status, entendiendo la misma de un modo censitario, como el fruto obtenido de la discusión pública de la burguesía en una elaboración continua e incesante. El Derecho será entendido –a partir de la legitimidad– como algo histórico, como un dato previo, como un principìo. No exactamente como algo abstracto y puramente apriorístico, pues hecho y derecho aparecen entremezclados en la sociedad para los doctrinarios, sino como una evidencia fundamental recogida de la historia. Así, a pesar de que Guizot entiende la justicia como un principio puro que lucha contra la fuerza, la convierte paradójicamente en un concepto polémico, en algo que debe ser depurado.

Doctrinarismo español

En la segunda parte del libro, Díez del Corral extiende la influencia del liberalismo doctrinario a la política española liberal surgida en 1812 en el contexto de la Guerra de la Independencia y muestra sus divergencias fundamentales.

Es el sustrato teológico neoescolástico y la distinta tradición política española, casi nada afectada por las ideas ilustradas centroeuropeas, el que explica la particular rareza del liberalismo español con respecto al de las demás naciones de Occidente. La hidalguía se conecta con los aislados y numerosos pronunciamientos militares de comienzos del siglo XIX, el débil absolutismo de apenas un siglo de duración permite una natural integración en la Constitución de las Cortes generales tradicionales con el monarca como mejor y más capaz representante de la Nación. De este modo, el temple del liberalismo de un Martínez de la Rosa o de un Alcalá Galiano siempre será más moderado y menos dramático que el de los doctrinarios franceses, cuya estructura es más difícil y teórica.

Obra culmen y significativa del proceso de secularización política española es para Díez del Corral la Constitución del 45, con la figura de Donoso Cortés de trasfondo. Por último, Cánovas será ya el hombre que porfiará con miras definitivas el proceso de justificación de la Nación política en España.