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Romano Guardini. “Sobre el problema de la democracia”

Romano Guardini. “Sobre el problema de la democracia”. En Escritos políticos, Madrid, Palabra, 2011, 412 pp.

En un texto redactado en 1946 Romano Guardini le plantea a un amigo una pregunta que está presente en casi todos sus escritos y que, fundamentalmente, es la siguiente: ¿Qué es lo central en la época histórica presente? En El ocaso de la Edad Moderna realiza el intento más exhaustivo de responder a la misma y el ensayo se ha convertido ya en un clásico imprescindible para todo aquel que quiera aproximarse a la realidad política.hopper

En esta carta a un amigo, desconocido para nosotros, Guardini cuenta que había asistido a una conferencia sobre la democracia en Estrasburgo en 1946 de un tal Sagave. La mayoría del público acogió con júbilo inusitado las ideas de dignidad personal, libertad, humanidad y democracia, pero no así el teólogo alemán, al que le parecieron ideas “extrañamente impotentes”. Pidió la palabra y preguntó al profesor si “en vista de los poderes de índole económica, sociológica y política que están en movimiento cabe aún tomar realmente en consideración esas ideas”. No obtuvo una respuesta convincente y eso le pareció muy significativo. Las ideas de otro tiempo, con otros presupuestos, seguían operando en el imaginario colectivo, pero con una desconexión cada vez mayor con una realidad que ya hacía tiempo que caminaba en otro sentido. De ahí la pregunta: ¿Qué es entonces lo central hoy? Es una pregunta histórica, no metafísica. No se pregunta por la esencia del ser, por lo que no cambia, sino si la elaboración conceptual de la modernidad puede dar respuestas satisfactorias a los problemas planteados en la posmodernidad. Es una pregunta de índole práctico, prudencial.

La democracia, entendida por el autor de un modo muy general, y sin ánimo de teorizar sobre las formas de gobierno o de la sociedad, es un estado de vida, una actitud, “en el cual la iniciativa primaria del obrar tanto personal como público reside en el obrar individual. Frente a esa iniciativa está una viva conciencia del derecho del otro y del derecho de las totalidades, de la res pública”, en definitiva, una actitud que tiene en cuenta la individualidad, la libertad, el respeto a la ley y la negociación en pie de igualdad y basada en el respeto. El problema se encuentra en que esta actitud, si bien todavía era obvia para las generaciones de los años 40 del siglo pasado, se asentaba sobre presupuestos que estaban desapareciendo. Solo unos pocos supieron ver que los cimientos se removían aunque el edificio todavía conservaba su fachada sin apenas grietas visibles. Lo que sucedía con la política, sucedía igual con la Iglesia, porque este era un problema de hondo calado. Guardini estuvo atento a ambos fenómenos y supo tratarlos simultáneamente anticipándose al malestar de finales de la década de los 60.

¿Cuáles son los presupuestos que estaban desapareciendo? En primer lugar, para el autor, el concepto de personalidad. da vinciLa conciencia de que cada individuo es único e irrepetible, lo cual no es un disvalor, sino una obviedad, es la base de la existencia. En segundo lugar, que “la persona que tiene una actitud democrática es capaz de estar sobre sí misma, de recorrer su propio camino, de configurar su propia vida”, es decir, de estar a solas, de ser solitaria, en lo que se entiende como “mundo”. En tercer lugar, otro presupuesto que ha desaparecido es la capacidad de asumir responsabilidad y el no querer perder ni “el derecho ni el deber de someter a crítica y rectificar el orden conjunto cuando está convencido de que es erróneo”. En cuarto y último lugar, “el valor de la libertad”, tanto individual como colectiva. Por tanto, lo que observa el teólogo alemán es que se está perdiendo la relación de equilibrio entre la libertad individual y el orden objetivo. Y, en definitiva, le comenta a su amigo, “rara vez encuentro el deseo de libertad que es elemental para la democracia (…) La normativización es impuesta desde fuera, ciertamente, pero también se espera y se acepta desde dentro”. Hoy aquellas ideas parecen elucubraciones románticas de sujetos que han perdido el sentido de la realidad, o al menos así sucede con muchos jóvenes.

Aclarados los presupuestos que hacían posible la democracia, al menos la democracia entendida como la forma de gobierno histórica de la sociedad burguesa del siglo XIX, falta todavía por responder qué es entonces lo central “hoy”. Ya sabemos qué ha dejado de ser central, qué presupuestos se han perdido, y sobre qué no se puede construir la convivencia política.

¿Dónde se encuentra lo central de nuestra época? ¿Qué la caracteriza? ¿Qué ha cambiado que hace inoperantes los conceptos antes vistos? En primer lugar, “lo central es hacer sitio a los que no tienen una existencia formada en sentido burgués, a cuantos dependen de su salario diario, desempeñan una tarea parcial dentro del gran proceso económico de la producción y dependen totalmente de ella, en una palabra: a la masa”. Todos, como conjunto de individuos, son sujetos del Estado. Ya no hay una reducida clase política como podría ser la aristocracia en el Antiguo Régimen, o la burguesía en las democracias parlamentarias del siglo XIX, sino que toda la sociedad en su conjunto es el sujeto político y, por tanto, la actividad del Estado se dirige a ella en su totalidad. Evidentemente esto cambia la actividad del Estado, su tamaño, sus fines y provoca una “planificación absoluta de la existencia, un aparato constantemente actuante de supervisión, distribución, alojamiento, etc.”palaciociudad

En segundo lugar, surge un hombre nuevo que empieza a tomarse realmente en serio la técnica. La sociedad burguesa todavía mantenía una distancia con la misma y su vida se veía afectada tan solo en una pequeña medida por la técnica. Sus casas aun parecían castillos y no fábricas o cubos de hormigón, y su estilo de vida era relativamente sosegado y ajeno al bullicio industrial. Hoy los grandes hombres presumen de trabajar a destajo en los centros financieros de las grandes ciudades y todo, desde la Universidad hasta la empresa y, por supuesto, la vida privada, se mueve al ritmo de la técnica (eufemísticamente llamada “tecnología”). “Está surgiendo un tipo distinto de hombre, un hombre para el que los individuos, por muchos que sean, carecen de importancia” y que ofrece sin escrúpulos los mas horribles sacrificios humanos en aras de una posición personal.tiempos modernos

En tercer lugar, en relación con las cosas, “se trata de erigir una configuración de la existencia, una obra mundial tales que hagan posible que la ciencia, por así decir, haga saltar la tapa de la naturaleza y (…) que la técnica emprenda la tarea de construir un mundo que no sea «natural», sino totalmente y por entero obra”. Desaparece la idea de hombre humano y la idea de naturaleza tal y como se había entendido los “últimos quinientos años”, cuando la idea de “creación” fue sustituida por la idea moderna de “naturaleza”.

Por tanto, si son ciertos estos tres aspectos centrales de nuestro tiempo, los conceptos ligados a la idea de democracia recibida son prácticamente inoperantes y la tarea que se presenta ante nosotros es de un tipo radicalmente distinto. No podemos enfrentarnos al mundo presente con los instrumentos caducos heredados de la sociedad liberal burguesa hija de la modernidad. Cada época exige una respuesta, y la nuestra la espera. “¿No va dirigida en verdad la auténtica tarea a abandonar lo que ya pertenece al pasado, a salir a la nueva palestra, a ver las nuevas tareas, pero a realizarlas de tal modo que en ellas despliegue sus efectos lo esencialmente humano?” La tarea, pues, consiste en desplegar lo humano de nuevo y en lo nuevo. Es la dificultad de un hombre que ha crecido en la “cultura que periclita” y que es consciente de ello, y que debe y quiere afrontar personalmente el reto de responder a su época. “Es una sensación parecida – le dice a su amigo- a la que debió de experimentar el hombre antiguo de los siglos III o IV al ver que su mundo perecía y que estaba surgiendo algo enteramente nuevo”. Hay dos actitudes, intentar salvar los restos del naufragio, o penetrar sin miedo en lo nuevo para, desde allí, “salvar el fruto de lo anterior, para buscar el modo de que lo indispensablemente humano despliegue sus efectos en lo nuevo”. flor desierto

En la respuesta a esta pregunta se encuentra el pensamiento neurálgico de Guardini, sus aspectos más poliédricos y, sin duda, los elementos para una nueva práctica política que ya no es, ni puede serlo, moderna. Es la parte de su pensamiento menos comprendida al tiempo que es la elaboración más personal y original. Es un buen punto de partida.

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Byung-Chul Han. La sociedad del cansancio (y II)

Byung-Chul Han. La sociedad del cansancio, Barcelona, Herder, 2012, 79 pp.

por Alonso Muñoz Pérez

 

La falta de actividad superiorimage010

Pasa el ensayo a analizar con la ayuda de Nietzsche la “pedagogía del mirar”, el aprendizaje a “ ‘no responder inmediatamente a un impulso’. […] Reaccionar inmediatamente y a cada impulso es, al parecer de Nietzsche, en sí ya una enfermedad, un declive, un síntoma de agotamiento” (p. 53-4). Así dice el pensador del martillo en Humano, demasiado humano: “A los activos les falta habitualmente una actividad superior […] en este aspecto son holgazanes. […] Los activos ruedan, como rueda una piedra, conforme a la estupidez de la mecánica” (p. 55). Sustitúyase “activos” por “profesores universitarios” y se tendrá un retrato (y un diagnóstico) de la Universidad, especialmente de la carpetovetónica. Agentes de igualdad, gestores de calidad, directivos de recursos humanos y una miríada de cargos burocráticos, son los compositores, directores e intérpretes principales del dodecafonismo educativo: un bacalao educativo que cuanto menos significativo es, más empeño pone en los procesos de auto-evaluación. Como dice John Taylor Gatto, “el sistema educativo produce personas irrelevantes”. Pero es muy coherente, cabría añadir.

Leer en la Universidad es, además de una actividad entre heroica y directamente imposible, un acto “egoísta”. ¿Qué produce un profesor leyendo? ¡Intolerable! Hay que ponerle a pasar lista, a dar unas cuantas horas de clase, a gestionar expedientes, a pasar papeles y correos electrónicos de A a B para poderlos pasar más tarde de B a A. Así, como señala Nuccio Ordine en otro ensayo breve (La utilidad de lo inútil. Manifiesto, Barcelona, El Acantilado, 2013mapa_procesos), “Los profesores se transforman cada vez más en modestos burócratas al servicio de la gestión comercial de las empresas universitarias. Pasan sus jornadas llenando expedientes, realizando cálculos, produciendo informes para (a veces inútiles) estadísticas, intentando cuadrar las cuentas de presupuestos cada vez más magros, respondiendo cuestionarios, preparando proyectos para obtener míseras ayudas, interpretando circulares ministeriales confusas y contradictorias. El año académico transcurre velozmente al ritmo de un incansable metrónomo burocrático que regula el desarrollo de consejos de todo tipo (de administración, de doctorado, de departamento, de grupo) y de interminables reuniones asamblearias. Parece que nadie se preocupa, como debería, de la calidad de la investigación y la enseñanza. Estudiar (a menudo se olvida que un buen profesor es ante todo un infatigable estudiante) y preparar las clases se convierte en estos tiempos en un lujo que hay que negociar cada día con las jerarquías universitarias. No nos damos cuenta que separando completamente la investigación de la enseñanza se acaba por reducir los cursos a una superficial y manualística repetición de lo existente” (p. 80).

ANECA-renueva-su-pertenencia-al-Registro-Europeo-de-Agencias_right_column_bigbannerCada vez menos docentes cuestionamos el estado de cosas, satisfechos como estamos si podemos llegar a final de mes. E incluso estamos ya interiormente colonizados por la lógica del rendimiento universitario, donde la calidad se mide en los litros de tinta de calamar vertida en publicaciones (a ser posible en inglés y con índice de impacto de proporciones nucleares), a ver quien micciona más lejos su curriculum de patentes, proyectos de investigación, congresos y encuestas de evaluación positivas según modelo concertado con la ANECA(-KGB). El otro índice de rendimiento son el elevado número de horas de clase. Éstas sirven para matar dos pájaros de un tiro: que profesores y alumnos estén ocupados, se entretengan mutuamente y ninguno de los dos colectivos tenga ni tiempo, ni ganas, ni interés por estudiar (que ya sabemos que no sirve para nada y no se puede medir ni ver). Por eso señala Byung-Chul que la rabia tiene en estos tiempos una valencia positiva: “El futuro se acorta convirtiéndose en un presente prolongado. Le falta cualquier negatividad que permita la existencia de una mirada hacia lo otro. La rabia, en cambio, cuestiona el presente en cuanto tal. […] La rabia es una facultad capaz de interrumpir un estado y posibilitar que comience uno nuevo” (p. 57). También la tristeza o el miedo son arrinconados por su carácter negativo, haciendo así que el “pensamiento sea un mero ejercicio de cálculo. Quizás el ordenador hace cálculos de manera más rápida que el cerebro humano y admite sin rechazo alguno gran cantidad de datos porque se halla libre de toda otredad. Es una máquina positiva. Precisamente por su egocentrismo autista, por su carencia de negatividad, el idiot savant obtiene resultados solo realizables por una calculadora” (p. 58). Parece como si la compañía alemana líder en el software de gestión administrativa de empresas, SAP, acabase de leer este ensayo para anunciar zombiefunctionque “busca reclutar personas con autismo como programadores y probadores de productos, aprovechando talentos que pueden ofrecer una cuidadosa atención al detalle y la habilidad para solucionar problemas complejos”. Así, uno empezaría a dudar sobre qué sería más rápido y eficaz: o llenar de autistas la profesión docente por medio de contrataciones masivas o convertir a los docentes en contagiados de trastorno del espectro autista (TEA). Se rumorea que la ANECA ha nombrado una comisión de sabios al respecto a efectos de determinar lo más eficaz para el mercado laboral y la productividad. Afortunadamente, la pandemia de SDO o “burning out” entre el colectivo docente ayudará en cualquier caso.

 

El esfuerzo para la muerte y los dos tipos de cansancio

Como última figura, el autor analiza la obra de Melville, Bartleby o el escribiente. Como es sabido, Bartleby es un secretario que no hace ni bien ni mal, sino que a todo lo que se le pide o sugiere responde con un “Preferiría no hacerlo” (I would prefer not to). Byung-Chul cuestiona la interpretación que Agamben hace de la obra. Así para el coreano-alemán, no “resulta muy convincente la afirmación según la cual Bartleby debido a su obstinada negación a escribir, persevera en la potencia del poder-escribir y que su radical renuncia al querer denota una potentia absoluta. […] Pero Agamben pasa por alto que Bartleby rechaza cualquier recado de mensajería. […] La existencia de Bartleby es un negativo ser para la muerte. […] Todos los esfuerzos para la vida conducen a la muerte, sería el mensaje central del relato” (pp. 66-68). En realidad todos estos rasgos así como los anteriores de las tres enfermedades de la positividad remiten al mito “Hombre nuevo” de Dalmacio Negro, prototipo de hombre neutral, sin atributos (Musil), unidimensional (Marcuse), tibio (cfr. Ap. 3,16).

Por último, el autor analiza los dos tipos de cansancio. El malo es el que reclama un dopaje, “pues hace posible un rendimiento sin rendimiento” (p.71). Este cansancio que reduce la vitalidad a la mera función y rendimiento vitales, lleva al cansancio a solas (Alleinmüdigkeit), “que aísla y divide”. Enlazando con la obra de Peter Handke –probablemente el mejor novelista en lengua germana vivo-, se señala que “estos cansancios son violencia, porque destruyen toda comunidad, toda cercanía, incluso el mismo lenguaje” (p.73). A este cansancio, Handke contrapone “el cansancio elocuente, capaz de mirar y reconciliar, “ ‘como un Más del Yo aminorado’ abre un entre, al aflojar el constreñimiento del Yo. […] El ‘entre’ es unimage_thumb[13] espacio de amistad como in-diferencia, donde ‘nadie ni nada domina o siquiera tiene preponderancia sobre los demás” (p. 74). Es lo que Handke llama “el cansancio fundamental, que es cualquier cosa menos un estado de agotamiento en el que uno se sienta incapaz de hacer algo. Más bien se considera una facultad especial. Deja que surja el espíritu. La ‘inspiración del cansancio’ se refiere al ‘no-hacer’: “¡Una oda de Píndaro a un cansado en lugar de a un vencedor! A la comunidad de Pentecostés recibiendo al Espíritu Santo –a todos los apóstoles- me la imagino cansada. La inspiración del cansado dice menos lo que hay que hacer que lo que hay que dejar”. Conseguir un cansancio que se deja llevar por una inspiración, que no multiplica el Yo en un activismo de la clonación sino que refuerza sus potencias pasivas –valga la paradoja- sin llegar a ser un saco de patatas o una mera potencialidad irrealizada, es el estado de libertad interior que permite escapar a la sociedad del rendimiento y su cansancio de alma quemada, atención dispersa y personalidad clonada.

Es muy significativo que un pensador del cual desconocemos si es creyente o no, termine resolviendo estas paradojas y un análisis filosófico apuntando a un escritor creyente y a un hecho sobrenatural como es Pentecostés. Pero, ¿se espera todavía la inspiración en una sociedad y en una universidad cansadas de su auto-exigencia de rendimiento? Probablemente, sólo nuevas instituciones con nuevos presupuestos (no nos referimos al documento de gestión económica) puedan abrir un espacio público con algo distinto a la sociedad del rendimiento y del cansancio. Ojalá encontremos en el futuro oasis sociales (y Universidades) donde se pueda experimentar esta vida. Byung-Chul nos introduce sin duda a esa ligereza del cansancio y a la atención de un pensamiento que no se desentiende de la realidad de lo que nos pasa. Seguiremos atentos (y cansados) a lo que venga de Alemania. De momento, este recensor ha tenido que escoger dormir menos, terminar esta recensión en el cansancio de las tres de la madrugada y con la previsión de una clase a las ocho de la mañana (y las que vienen después mañana y tarde) para poder experimentar con placer inútil siquiera un poco de ese cansancio fundamental de Handke que nos abre a lo inconmensurable del Totalmente Otro de mi Yo. Sólo un cansancio fundamental nos puede ayudar a soportar el del rendimiento.

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Byung-Chul Han. La sociedad del cansancio (I)

Byung-Chul Han. La sociedad del cansancio, Barcelona, Herder, 2012, 79 pp.

 

por Alonso Muñoz Pérez

 

El hijo coreano de Sloterdijk

Parece que Peter Sloterdijk –el mejor pensador alemán vivo- ha tenido un hijo y éste le ha salido coreano. Paradojas de la globalización, el coreano Byung-Chul Han después de estudiar metalurgia (!)hqdefault en Corea del Sur, se cansó de esa sociedad hiper-competitiva y recaló en Alemania donde estudió Literatura alemana, Filosofía y Teología católica. Terminó dando clase en la misma escuela donde Sloterdijk es Rector (esa intraducible Hochshcule für Gestaltung en Karlsruhe), pero duró poco y ahora profesa en una recién estrenada Universidad de Artes en Berlín. Decimos que debe de ser al menos un (medio) hijo de Sloterdijk porque entre ambos se producen consonancias de temas y modos. El pensador de Karlsruhe ha parecido encontrar un modo de hacer filosofía sin caer en la Escila del post-modernismo melancólico o la Caribdis de un discurso teo-metafísico: la filosofía como crítica antropologico-cultural. Así mientras pospone ad calendas graecas la decisión sobre el fundamento del Ser y en la indefinición escogida de no ser ni nihilista ni creyente, está creando escuela: Byung-Chul afronta en este breve ensayo –tanto que según las normas de la UNESCO no se puede considerar ni libro al tener menos de cien páginas- el problema de una sociedad enferma… de sí misma.

 

La sociedad del rendimiento

En efecto, para Byung-Chul, las enfermedades de la humanidad han sido bacterianas hasta antes del descubrimiento de los antibióticos o en todo caso víricas hasta el s. XXI. Se caracterizaban por adoptar un esquema schmittiano amigo-enemigo: unos anticuerpos hostiles invaden y atacan nuestro cuerpo. Pero las nuevas enfermedades como el déficit de atención con hiperactividad (TDAH), el trastorno límite de personalidad (TDA) o el síndrome de desgaste ocupacional (SDA o “burning out”, estar “quemado” en el trabajo) son fruto de un “exceso de positividad”. De un exceso de “Yo”. Éste es precisamente el problema de la estupidez que a todos nos acecha: ni se siente a la realidad ni se siente al otro. Es un puro yo tropezando inconscientemente consigo mismo. De ahí, como apunta Dalmacio Negro citando a Ortega, que la nuestra sea una “época estúpida”.

Es una falta del otro –de un prójimo, de una autoridad, de un padre, de un amigo o de sus reversos negativos, incluso de un objeto- que me ponga límites y contraste mi subjetividad. Así “la violencia parte no sólo de la negatividad, sino también de la positividad, no únicamente de lo otro o de lo extraño, sino también de lo idéntico” (p. 18). A la sociedad disciplinaria deja paso lo que él llama, la sociedad de rendimiento. “Lo que provoca la depresión por agotamiento no es el imperativo de pertenecer sólo a sí mismo, sino la presión por el rendimiento. Visto así, el síndrome de desgaste ocupacional no pone de manifiesto un sí mismo agotado, sino más bien un alma agotada, quemada. […] En realidad lo que enferma no es el exceso de responsabilidad e iniciativa, sino el imperativo del rendimiento, como nuevo mandato de la sociedad del trabajo tardomoderna. […] La supresión de un dominio externo no conduce hacia la libertad; más bien hace que libertad y coacción coincidan. Así, el sujeto del rendimiento se abandona a la libertad obligada o a la libre obligación de maximizar el rendimiento. Esto es mucho más eficaz que la explotación por otros, pues va acompañada de un sentimiento de libertad. El explotador es al mismo tiempo el explotado […] Las enfermedades psíquicas de la sociedad de rendimiento constituyen precisamente las manifestaciones patológicas de esta libertad paradójica” (Cap. 2). En un país con un 26% de desempleo –emprendedoro un tercio de fracaso escolar- se presiona a través de los medios de comunicación, cursos en la Universidad o incluso a menores para que uno decida hacer-se emprendedor. Lejos de afrontar el enorme problema de un país burocratizado y anquilosado, se prefiere cargar el sambenito simbólico sobre el incremento de la productividad de la población y una culpabilización sutil: si no tienes recursos económicos por no encontrar trabajo es que eres poco emprendedor. Como si inventar la enésima aplicación para móviles –es decir, ser el tonto útil del mercado tecnológico extranjero- fuera el bálsamo de Fierabrás de la economía española. Lamentablemente, de seguir así de esclerotizada nuestra conciencia crítica, va camino de serlo, de producir los efectos ya conocidos de semejante brebaje. Así, la clase política española oculta su responsabilidad porque ha encontrado al hombre de paja adecuado: el emprendedor. Eso lo solucionará todo, a la par que desviará la responsabilidad del desastre desde los administradores burocráticos (los oligarcas) a los sujetos pasivos, a ese pobre pueblo ya bien amaestrado en el imperativo categórico de la productividad, so pena de remordimiento interior.

 

Acción, contemplación y multitasking

Y no es que el libro (o nosotros mismos) estemos en contra de la creatividad personal. Lo que se señala es esa constante presión a rendir, al movimiento constante, a mover la pierna compulsivamente bajo el pupitre o bajo la mesa de despacho, a entregarnos al “exceso de estímulos, informaciones e impulsos. [Lo cual] modifica radicalmente la estructura y la economía de la atención. Debido a esto, la percepción queda fragmentada y dispersa. Además, el aumento de la carga de trabajo requiere una particular técnica de administración del tiempo y la atención, que a su vez repercuteD25 sobre esta última. […] El multitasking no es una habilidad para la cual esté capacitado únicamente el ser humano tardomoderno de la sociedad del trabajo y la información. Se trata más bien de una regresión. En efecto, el multitasking está ampliamente extendido entre los animales salvajes. El animal salvaje está obligado a distribuir su atención en diversas actividades. De este modo, no se halla capacitado para una inmersión contemplativa. […] Los recientes desarrollos sociales y el cambio de estructura de la atención provocan que la sociedad humana se acerque cada vez más al salvajismo. […] Los logros culturales de la humanidad, a los que pertenece la filosofía, se deben a una atención profunda y contemplativa. […] La pura agitación no genera nada nuevo. Reproduce y acelera lo existente” (pp. 33-35).

El autor se atreve en este sentido a corregir a Hannah Arendt: “en contra de la suposición de ella, tampoco en la tradición cristiana se da una prevalencia unilateral de la vita contemplativa. Antes bien, se aspira a una mediación entre vita activa y vita contemplativa. Como dice S. Gregorio Magno: […] La vida activa nos tiene que llevar a la contemplación, pero a su vez la contemplación ha de partir de lo que hemos contemplado en el interior y llamarnos a volver a la actividad” (p. 41, nota). Frente al desarrollo social del rendimiento “Arendt no ofrece ninguna alternativa efectiva” (p. 49). Hecha esta corrección y puesto el punto adecuado –el libro de Byung-Chul no es esteticista ni se trata del penúltimo manifiesto en defensa de las “Humanidades”-, tiene razón la pensadora de Könisberg que “la sociedad moderna, como sociedad de trabajo, aniquila toda posibilidad de acción, degradando al ser humano a animal laborans, a meros trabajadores. […] Así, Arendt considera que la modernidad, que principalmente ha comenzado una inaudita y heroica activación de todas las capacidades humanas, termina en una mortal pasividad” (p. 43). “El trabajo desnudo es precisamente la actividad que corresponde a la vida desnuda” (p. 46), a la nuda vita de Agamben, quien también es llamado a testificar en el ensayo. “En esta sociedad de obligación, cada cual lleva consigo su campo de trabajos forzados. […] Así, uno se explota a sí mismo, haciendo posible la explotación sin dominio. Los seres humanos que padecen depresión, TLP o SDO desarrollan síntomas patentes también en los llamados Muselmänner de los campos de concentración” (p. 48).

Continúa aquí.

Feminicidio

Prado Esteban Diezma. “Feminicidio o auto-construcción de la mujer”

Feminicidio o auto-construcción de la mujer. Prado Esteban Diezma, Aldarull Ediciones, 2012, 461 pp. 16€

Por Prado Esteban  

En el encabezamiento de uno de sus libros, Reflexiones sobre las causas de la libertad y la opresión social, Simone Weil coloca una cita de Spinoza, “en lo que concierne a las cosas humanas, ni reír, ni llorar. Ni indignarse, comprender”, magnífico propósito que ha sido el impulso motivador de “Feminicidio o auto-construcción de la mujer”. sorollaA este primer volumen que tendrá continuidad en un segundo texto lo subtitulamos “Recuperando la historia” por entender que la falsificación del pasado es uno de los elementos estratégicos del proyecto estatal para destruir al pueblo como polo de vida política y convivencial ajeno y opuesto a su poder ilegítimo, para demoler los vínculos y estructuras primarias de la vida en sociedad y a todos y cada uno de los individuos que componen la gran masa de los sin poder.

La destrucción de las mujeres a través de la tutela y protección patriarcal del Estado es la forma concreta que adopta la demolición de la humanidad en nuestro sexo y corre paralela a la liquidación de los hombres y la virilidad hoy ya muy avanzada. De tal proyecto se espera el nacimiento de un nuevo infra-ser ya no plenamente humano apto tan solo para el trabajo y el consumo, sin vida afectiva, sexual o convivencial, sin erótica, sin ética ni estética, puro animal laborans u homo animalis.

Comprender estos procesos, su verdadera naturaleza y su gestación histórica es la primera necesidad del tiempo presente, por ello “Feminicidio o auto-construcción de la mujer” indaga en estos asuntos desdeñando los grandes sistemas teóricos de pensamiento, buscando en la experiencia y los hechos verificables la verdad de la historia que no solo es “maestra de vida” como entendió la filosofía clásica, sino que es un constituyente fundamental e irreemplazable del propio ser como muy bien asevera Xavier Zubiri en “Tres dimensiones del ser humano: individual, social, histórica”.

Así, frente al mito sobre el patriarcado divulgado por las corrientes sexistas y feminicidas a través del gran aparato institucional y académico, hemos investigado sus causas políticas, culturales y económicas, es decir su existencia real que, en su versión contemporáneaen lo que se llama España, proviene del Código Civil de 1889. Éste fue elaboración de un parlamento elegido por sufragio restringido, el cual excluía de toda participación política, incluso formal, al 95% de los varones y al 100% de las mujeres, de manera que ni siquiera en ese sentido, tan insustancial, puede ser obra “de los hombres” en general, pues lo fue sólo de una minoría de varones de las clases altas. Analizar esto es la vía hacia una comprensión objetiva y fundamentada de ese componente del gobierno de la sociedad por las elites del poder.castilla cuadro

Enorme importancia tiene demostrar que no hay misoginia en nuestros fueros municipales y cartas de población de los siglos IX-XIII. Nos hubiera gustado citar muchos más de estos documentos pero no es posible por motivos de tiempo y espacio, así que nos hemos limitado a unos pocos. Esto nos llevó a inquirir en la naturaleza no sexista del cristianismo revolucionario, asunto bastante menos innovador, ya que es sabido desde siempre que fue en gran medida un movimiento de mujeres, además de esclavos, libres pobres y otros oprimidos por el aparato de poder romano.

Similar función tienen las novedosas reflexiones sobre la imagen de la mujer en El Quijote, que expresa cuál era la vida de las féminas en los ambientes populares en el siglo XVI, lo que contribuye a refutar la idea central del neomachismo feminista, que el patriarcado está en el mundo popular desde siempre y que sólo puede ser desalojado de ahí por el Estado. Que tal interpretación es rigurosamente falsa se desprende de los datos aportados.

Lo mismo significan los muchos estudios particulares que ofrecemos, bien documentados y contrastados, sobre la condición real de las mujeres en la extinta sociedad rural popular tradicional, viva hasta hace sólo unos pocos años. Lo que el sexismo institucional arguye sobre el mundo rural, sin aportar pruebas y atropellando lo expuesto por las mujeres que en aquél han vivido, es una expresión más de la inquina de la modernidad estatal, urbana, tecnológica y capitalista contra él, incluso cuando ya ha sido no sólo vencido sino también aniquilado.

Todo apunta a que es la modernidad, el progresismo y el Estado contemporáneo, estatuidos aquí por la Constitución de 1812, los que han establecido el patriarcado y el machismo contemporáneos. Lo prueba la inclemente misoginia emergida de la revolución francesa, referencia y guía de la modernidad mundial. En investigar este asunto hemos invertido bastante tiempo, mostrando las disposiciones anti-femeninas decisivas de dicha revolución, lo que es ocultado por casi todos los estudios sobre ella. Tales fueron recogidas en el Código Civil francés de 1804, aún hoy vigente aunque modificado.mujer trabajadora

Hemos estudiado la principal denuncia de la misoginia, estructural y teorizada, de la revolución francesa, la “Declaración de derechos de la mujer y la ciudadana”, 1791, obra de esa valerosa e inteligente mujer que fue Olimpia de Gouges, guillotinada por el republicanismo jacobino a causa de sus imputaciones.

Hemos indagado la ideología anti-femenina del republicanismo español, así como de la izquierda, concluyendo que la forma como concebían a las mujeres era más  degradante, que la de la derecha y la Iglesia, lo que ayuda a explicar que aquéllas apoyasen, en 1936-1939, más al franquismo que a la causa republicana.

No menos decisiva ha sido la exploración de la función que inmensas masas de mujeres han tenido en el mantenimiento del patriarcado. No ha sido fácil seguir la pista a la activa participación de aquéllas en la victoria del régimen franquista en la guerra civil, con poderosas agrupaciones de féminas fascistas actuando en la retaguardia republicana, asunto estudiado en monografías innovadoras como la de Sofía Rodríguez López, y en otros textos.

Si el franquismo contó con el apoyo entusiasta de una multitud compacta de mujeres organizadas, convencidas y entusiastas que puede cuantificarse en más de un millón, sin las cuales no hubiera ganado la guerra, es legítimo concluir que las mujeres, lejos de ser sólo víctimas del patriarcado son también sus co-autoras y co-mantenedoras. Esto desautoriza el discurso victimista y la pretensión de que sean compensadas ahora con privilegios (discriminación positiva) por padecer el patriarcado sin cooperar con él.

El patriarcado aparece en el análisis ateórico como un régimen político, y también económico, cultural, relacional e ideológico, destinado al control y la dominación política de las mujeres (y, en realidad también de los hombres) por procedimientos singulares, creado históricamente por los Estados, dejando de ser consecuencia de la perfidia masculina y la incapacidad femenina. Nótese que la explicación que asigna a las mujeres un papel totalmente pasivo y subordinado, de meras víctimas, es una reinterpretación ideologizada de la historia conforme al machismo más rancio. Es observable igualmente, que los hombres no resultaron beneficiados por ese sistema, pues sus privilegios fueron formales y sus obligaciones, como soldados y productores, ásperas e inhumanas.mujer sovietica

Hemos demostrado que el patriarcado no es un sistema homogéneo e idéntico a lo largo de la historia porque ha sido el resultado de una trama de circunstancias entre las que la resistencia que han opuesto las clases populares, las mujeres y los hombres, a su existencia es un elemento fundamental. Los momentos de mayor ascenso de la sociedad patriarcal se corresponden con los de declinación de la oposición auténtica por parte de los y las oprimidos por él.

Nuestras investigaciones evidencian la función activa y determinante, para bien y para mal, que las mujeres han tenido en todo el acontecer humano. Así, resultan pensadas y presentadas como seres humanos integrales, lo que ha sido su auténtica existencia histórica.

En el segundo volumen, actualmente en construcción continuará este análisis tomando como centro los problemas más actuales que afectan a las mujeres pero también a los hombres sometidos a una destrucción en el plano político, civil, moral, existencial y físico tan descomunal como la que afecta a las mujeres.

Prado Esteban Diezma

http://prdlibre.blogspot.com.es/