Romano Guardini. “Sobre el problema de la democracia”

Romano Guardini. “Sobre el problema de la democracia”. En Escritos políticos, Madrid, Palabra, 2011, 412 pp.

En un texto redactado en 1946 Romano Guardini le plantea a un amigo una pregunta que está presente en casi todos sus escritos y que, fundamentalmente, es la siguiente: ¿Qué es lo central en la época histórica presente? En El ocaso de la Edad Moderna realiza el intento más exhaustivo de responder a la misma y el ensayo se ha convertido ya en un clásico imprescindible para todo aquel que quiera aproximarse a la realidad política.hopper

En esta carta a un amigo, desconocido para nosotros, Guardini cuenta que había asistido a una conferencia sobre la democracia en Estrasburgo en 1946 de un tal Sagave. La mayoría del público acogió con júbilo inusitado las ideas de dignidad personal, libertad, humanidad y democracia, pero no así el teólogo alemán, al que le parecieron ideas “extrañamente impotentes”. Pidió la palabra y preguntó al profesor si “en vista de los poderes de índole económica, sociológica y política que están en movimiento cabe aún tomar realmente en consideración esas ideas”. No obtuvo una respuesta convincente y eso le pareció muy significativo. Las ideas de otro tiempo, con otros presupuestos, seguían operando en el imaginario colectivo, pero con una desconexión cada vez mayor con una realidad que ya hacía tiempo que caminaba en otro sentido. De ahí la pregunta: ¿Qué es entonces lo central hoy? Es una pregunta histórica, no metafísica. No se pregunta por la esencia del ser, por lo que no cambia, sino si la elaboración conceptual de la modernidad puede dar respuestas satisfactorias a los problemas planteados en la posmodernidad. Es una pregunta de índole práctico, prudencial.

La democracia, entendida por el autor de un modo muy general, y sin ánimo de teorizar sobre las formas de gobierno o de la sociedad, es un estado de vida, una actitud, “en el cual la iniciativa primaria del obrar tanto personal como público reside en el obrar individual. Frente a esa iniciativa está una viva conciencia del derecho del otro y del derecho de las totalidades, de la res pública”, en definitiva, una actitud que tiene en cuenta la individualidad, la libertad, el respeto a la ley y la negociación en pie de igualdad y basada en el respeto. El problema se encuentra en que esta actitud, si bien todavía era obvia para las generaciones de los años 40 del siglo pasado, se asentaba sobre presupuestos que estaban desapareciendo. Solo unos pocos supieron ver que los cimientos se removían aunque el edificio todavía conservaba su fachada sin apenas grietas visibles. Lo que sucedía con la política, sucedía igual con la Iglesia, porque este era un problema de hondo calado. Guardini estuvo atento a ambos fenómenos y supo tratarlos simultáneamente anticipándose al malestar de finales de la década de los 60.

¿Cuáles son los presupuestos que estaban desapareciendo? En primer lugar, para el autor, el concepto de personalidad. da vinciLa conciencia de que cada individuo es único e irrepetible, lo cual no es un disvalor, sino una obviedad, es la base de la existencia. En segundo lugar, que “la persona que tiene una actitud democrática es capaz de estar sobre sí misma, de recorrer su propio camino, de configurar su propia vida”, es decir, de estar a solas, de ser solitaria, en lo que se entiende como “mundo”. En tercer lugar, otro presupuesto que ha desaparecido es la capacidad de asumir responsabilidad y el no querer perder ni “el derecho ni el deber de someter a crítica y rectificar el orden conjunto cuando está convencido de que es erróneo”. En cuarto y último lugar, “el valor de la libertad”, tanto individual como colectiva. Por tanto, lo que observa el teólogo alemán es que se está perdiendo la relación de equilibrio entre la libertad individual y el orden objetivo. Y, en definitiva, le comenta a su amigo, “rara vez encuentro el deseo de libertad que es elemental para la democracia (…) La normativización es impuesta desde fuera, ciertamente, pero también se espera y se acepta desde dentro”. Hoy aquellas ideas parecen elucubraciones románticas de sujetos que han perdido el sentido de la realidad, o al menos así sucede con muchos jóvenes.

Aclarados los presupuestos que hacían posible la democracia, al menos la democracia entendida como la forma de gobierno histórica de la sociedad burguesa del siglo XIX, falta todavía por responder qué es entonces lo central “hoy”. Ya sabemos qué ha dejado de ser central, qué presupuestos se han perdido, y sobre qué no se puede construir la convivencia política.

¿Dónde se encuentra lo central de nuestra época? ¿Qué la caracteriza? ¿Qué ha cambiado que hace inoperantes los conceptos antes vistos? En primer lugar, “lo central es hacer sitio a los que no tienen una existencia formada en sentido burgués, a cuantos dependen de su salario diario, desempeñan una tarea parcial dentro del gran proceso económico de la producción y dependen totalmente de ella, en una palabra: a la masa”. Todos, como conjunto de individuos, son sujetos del Estado. Ya no hay una reducida clase política como podría ser la aristocracia en el Antiguo Régimen, o la burguesía en las democracias parlamentarias del siglo XIX, sino que toda la sociedad en su conjunto es el sujeto político y, por tanto, la actividad del Estado se dirige a ella en su totalidad. Evidentemente esto cambia la actividad del Estado, su tamaño, sus fines y provoca una “planificación absoluta de la existencia, un aparato constantemente actuante de supervisión, distribución, alojamiento, etc.”palaciociudad

En segundo lugar, surge un hombre nuevo que empieza a tomarse realmente en serio la técnica. La sociedad burguesa todavía mantenía una distancia con la misma y su vida se veía afectada tan solo en una pequeña medida por la técnica. Sus casas aun parecían castillos y no fábricas o cubos de hormigón, y su estilo de vida era relativamente sosegado y ajeno al bullicio industrial. Hoy los grandes hombres presumen de trabajar a destajo en los centros financieros de las grandes ciudades y todo, desde la Universidad hasta la empresa y, por supuesto, la vida privada, se mueve al ritmo de la técnica (eufemísticamente llamada “tecnología”). “Está surgiendo un tipo distinto de hombre, un hombre para el que los individuos, por muchos que sean, carecen de importancia” y que ofrece sin escrúpulos los mas horribles sacrificios humanos en aras de una posición personal.tiempos modernos

En tercer lugar, en relación con las cosas, “se trata de erigir una configuración de la existencia, una obra mundial tales que hagan posible que la ciencia, por así decir, haga saltar la tapa de la naturaleza y (…) que la técnica emprenda la tarea de construir un mundo que no sea «natural», sino totalmente y por entero obra”. Desaparece la idea de hombre humano y la idea de naturaleza tal y como se había entendido los “últimos quinientos años”, cuando la idea de “creación” fue sustituida por la idea moderna de “naturaleza”.

Por tanto, si son ciertos estos tres aspectos centrales de nuestro tiempo, los conceptos ligados a la idea de democracia recibida son prácticamente inoperantes y la tarea que se presenta ante nosotros es de un tipo radicalmente distinto. No podemos enfrentarnos al mundo presente con los instrumentos caducos heredados de la sociedad liberal burguesa hija de la modernidad. Cada época exige una respuesta, y la nuestra la espera. “¿No va dirigida en verdad la auténtica tarea a abandonar lo que ya pertenece al pasado, a salir a la nueva palestra, a ver las nuevas tareas, pero a realizarlas de tal modo que en ellas despliegue sus efectos lo esencialmente humano?” La tarea, pues, consiste en desplegar lo humano de nuevo y en lo nuevo. Es la dificultad de un hombre que ha crecido en la “cultura que periclita” y que es consciente de ello, y que debe y quiere afrontar personalmente el reto de responder a su época. “Es una sensación parecida – le dice a su amigo- a la que debió de experimentar el hombre antiguo de los siglos III o IV al ver que su mundo perecía y que estaba surgiendo algo enteramente nuevo”. Hay dos actitudes, intentar salvar los restos del naufragio, o penetrar sin miedo en lo nuevo para, desde allí, “salvar el fruto de lo anterior, para buscar el modo de que lo indispensablemente humano despliegue sus efectos en lo nuevo”. flor desierto

En la respuesta a esta pregunta se encuentra el pensamiento neurálgico de Guardini, sus aspectos más poliédricos y, sin duda, los elementos para una nueva práctica política que ya no es, ni puede serlo, moderna. Es la parte de su pensamiento menos comprendida al tiempo que es la elaboración más personal y original. Es un buen punto de partida.

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