“El sentido político de la pobreza”. Pierre Ganne.

“El pobre y el profeta”. Pierre Ganne, prólogo de Hans Urs Von Balthasar, Madrid, 2014, Ed.Encuentro, 139pp. 10€

sembrador millet

“El sembrador” de Millet. Ejemplo de un pobre, que siembra en los surcos de la historia, con la esperanza de que la semilla crezca.

La pobreza es uno de los problemas que más lugar da a equívocos y en política no es una cuestión menor. Al menos desde finales del siglo XIX, con la aparición de la llamada “cuestión social”, ha pasado al primer plano de la acción política, con mayor o menor fortuna, de agentes tan diversos como los grupos socialistas, la Iglesia católica, otras iglesias, y agrupaciones de personas con un cierto interés político y “social”. En nombre de la pobreza algunos lo dejan todo y “se van de misiones” y otros luchan por extender la riqueza a todos, pero casi ninguno parece entender el sentido verdadero de la pobreza.pierre ganne
Para Pierre Ganne (1904-1979),hombre con gran sensibilidad política, sacerdote desde 1935, formado con Henri de Lubac, integrante de los servicios secretos franceses y a punto de caer en manos de la Gestapo, “lo primero que tenemos que darnos cuenta es de que estamos impregnados de la ideología liberal que ha sacralizado la miseria”. Se ensalza a los pobres y se condena a los ricos.
El siglo XIX vio nacer el proletariado y, como respuesta a este problema causado por el individualismo atroz, unos y otros no pudieron evitar referirse al Evangelio para intentar dar una respuesta. Por un lado, los cristianos recordaron que “la Buena Nueva se anuncia a los pobres”, pero esto no resolvía con inmediatez el problema de la gente que moría de hambre y miseria; y por otro lado, las ideologías socialistas criticaban a la Iglesia por formar parte de la oligarquía impregnada de ideología liberal, y o reinterpretaron el Evangelio o fundaron una nueva religión socialista. “Sea como fuere, señala Ganne, la cuestión de la pobreza evangélica se planteó desde una especie de confusión romántica, con ambigüedades y equívocos de los que aún hoy no hemos salido. Habría que haber procedido a una elaboración teológica sólida, yendo directos a lo esencial”.
Ganne aclara desde un principio que el Evangelio no ensalza la miseria y que la Iglesia no consuela a los proletarios sacralizando su condición. Dice que “empezando por los Profetas y llegando hasta el corazón del Evangelio la miseria queda denunciada, de la forma más clara posible y a veces incluso de manera violenta, como el fruto del pecado de la sociedad y como el pecado colectivo del pueblo de Dios, como el síntoma más claro de que, a pesar de las manifestaciones de un culto próspero, a pesar de los peregrinajes, los ayunos y los sacrificios, este pueblo ha roto con el Dios verdadero”. La pobreza evangélica se propone tanto a los pobres como a los ricos, y la miseria que se condena puede afectar en la misma medida a los unos y a los otros. Cuando se habla de “pobreza”, no se habla de tener más o menos dinero, sino de algo más profundo y constructivo.
¿Qué es por tanto la pobreza? La pobreza es la esperanza que se conserva a pesar de terribles tentaciones y desilusiones, y los pobres son aquellos que son portadores de la verdadera esperanza. Así, el pobre es el que discierne el camino del porvenir verdadero, sin caer en falsas promesas, milenarismos, mesianismos políticos ni progresismos de distinto cuño. La pobreza, sintetiza Ganne, no se define con relación a las normas o leyes de una sociedad concreta, sino en relación a Yahvé, a su venida y a su reino; “la pobreza supera infinitamente el plano del tener” porque se apoya sobre el ser personal y universal, su intención es el mundo por venir y por eso puede desidolatrar los universos cerrados sobre sí mismos; y por último, la pobreza compromete al hombre por entero, es una decisión y una opción del corazón, de la libertad profunda que plantea así el sentido global de la vida.
¿Y cuál es, entonces, el sentido político de la pobreza? Para Ganne, el pobre tiene una relación verdadera con el porvenir y no pone su confianza en falsos ídolos. El gran problema del siglo XIX fueron las religiones seculares que llegaron a su expresión más terrorífica con los totalitarismos nazi y soviético en el siglo XX. La creencia en el Estado, o en el líder del partido, como mesías que llevaría al pueblo a la tierra prometida trajo, como predijo Hölderling, el infierno a la tierra en lugar del paraíso prometido. Ganne cree que hay que recolocar la política en su sano lugar, sin caer en su idolatría y tampoco en el escepticismo. Para él, la toma de posición de los pobres de Yahvé “era esencialmente política”. ¿Por qué? Porque su proyecto, el proyecto del Dios-Creador, era un proyecto total que compromete el porvenir del hombre político, pero consciente de que no está en manos del hombre su secreto. No se puede sustituir la libertad del hombre en nombre de falsos porvenires, y en eso el pobre es sabio, porque conoce su destino y su libertad. No obstante, “es necesaria la ingenuidad hipócrita y el embrutecimiento erudito del «hombre moderno» para no ver las servidumbres ideológicas, «idológicas», de las que es prisionero. En verdad este hombre moderno es una fabricación ideológica, una conciencia que no se percibe a sí misma, que no quiere percibirse más, que es violada y que ha llegado a consentirlo porque se le ha hecho creer que ha sido violada para conseguir que sea feliz”. La opción de los pobres es, al contrario, una aceptación del verdadero porvenir y una crítica radical a la acción política que comprenda un proyecto global.estatua profeta
Para Ganne, hay una miopía en el hombre político que le impide discernir en los proyectos políticos los objetivos inmediatos y la finalidad que los inspira. “Es la confusión entre lo político y las políticas.” En lo político está implicado mucho más que un proyecto o una solución a un problema concreto, porque en la acción política se implica el porvenir del hombre y, como afirma el autor, “dime cuál es tu porvenir y te diré quién eres”. El hombre se invierte a sí mismo en las acciones que lleva a cabo en el mundo. El ser, como decía Santo Tomás, se conoce en la acción, y en la acción política de un modo notable. El pobre no delega la tarea de definir su porvenir en ninguna instancia puramente humana, “preserva su libertad y mantiene abierta la posibilidad de una crítica radical”. “Se enfrenta a la vez con las dictaduras ateas y religiosas”. Para Ganne, la humanidad, “desprovista de la Luz profética de los pobres puede deslizarse lentamente a la deriva hacia un Estado policial de dimensión planetaria”. La esperanza radica en los pobres, pequeños, ignorados, desconocidos, pero que llevan en su seno la semilla de una novedad que lo cambia todo.
Este pequeño libro conviene a quien le interesen las respuestas cristianas y marxistas de la pobreza, a quien le preocupe el problema del clericalismo y el estatismo, y a quien, en definitiva, esté inquieto por su porvenir.

http://www.ediciones-encuentro.es/libro/el-pobre-y-el-profeta.html

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