Jürgen Borchert o el crepúsculo del Estado social

 

Jürgen Borchert, Sozialstaatsdämmerung (El crepúsculo del Estado de Bienestar), München, Riemann Verlag, 2013. 12,99 €

JÜRGEN BORCHERT O EL CREPÚSCULO DEL ESTADO SOCIAL.

Por Cristina Negro Konrad

Publicado originalmente en el boletín del prof. D . Pedro Herrero Molina, UNED

http://ecjleadingcases.wordpress.com

61nn8xTIhtLEn 2013 sale a la luz la primera edición del pequeño libro de Jürgen Borchert, juez de lo social en Alemania, Sozialstaastdämmerung o El crepúsculo del Estado Social. En él, se denuncia el sistema fiscal y parafiscal como inconstitucional y se le describe, con cifras, como un ataque frontal a la natalidad, ergo, al futuro del propio sistema.

La presión ejercida sobre matrimonios y padres, aumenta en función del número de hijos o futuros contribuyentes. Así, con un sueldo bruto de 30.000€, descontados impuestos, cuotas, contribuciones y sumadas ayudas por hijo y mínimo existencial, la balanza queda como sigue: un soltero sin hijos dispone libremente de 11.169€ anuales, alguien casado y sin hijos de 5.977€ y si tiene 1 hijo de 1.356€; pero si esa persona casada osa tener 2, incurrirá en pérdidas anuales que ascienden a los 3.427€ y si a pesar de lo expuesto tiene 3, los números rojos se ponen en 8.155€ anuales. Visto lo anterior, no sorprende que en 1965 naciesen en Alemania casi 1,35 millones bebés, mientras que en 2012 lo hacen sólo 650.000. Además, en 1965, sólo uno de cada 75 percibía ayuda social y la cuota estaba en un 19%, en tanto que en 2012, la cuota supera el 32% y uno de cada 5 recibe ayudas. Pero ahí no acaba la cosa, y es que, denuncia el autor, para que Harz-IV (prestación que se concede en Alemania a las personas que, estando en edad de trabajar, no tienen ingresos que superen la cantidad considerada como mínima para poder satisfacer sus necesidades principales, incluyendo vivienda y seguro médico) alcance el nivel de las prestaciones de 1965, habría que aumentar las ayudas en más de un 30%. Así, dice, “cuanto menor es el número de hijos que tenemos, tanto peor son tratados. Una de las naciones más ricas del mundo deja que su prole se eche a perder”. Efectivamente, la Ley Fundamental o Grundgesetz, prescribe la protección del matrimonio y la familia, que el legislador casi proscribe:

Art.6.1: El matrimonio y la familia gozan, dentro del orden estatal, de una protección especial.

Art.20.1: La República Federal Alemana es un Estado Federal democrático y social.

Art.28.1: El orden constitucional de los Länder debe corresponderse con los principios del Estado de Derecho republicano, democrático y social en el sentido de esta Ley Fundamental.

Este es el escenario de un Estado que “invierte” uno de cada tres euros en el Estado Social, mientras la miseria no para de crecer.

El sistema fiscal y parafiscal: de arriba a abajo.

Según explica el juez, para obtener en Alemania una pensión de 700 euros, se requiere, con un salario de 11 euros la hora, tener cotizados 40 años ininterrumpidos. CR_917815_asi_que_todos_somos_iguales_ante_la_leyMientras, sólo el 10% de la recaudación estatal total procede de los económicamente mejor situados, que se embolsan el 35% de las rentas y disponen del 60% del patrimonio nacional. Los débiles y pobres cargan con el 90% restante. Así, el porcentaje de ingresos estatales que proviene de impuestos directos asciende en 2011 a un 25,7%, el de impuestos indirectos a un 25,4% y las cuotas sociales al 37,8%, que hacen un total del 88,9% de los ingresos estatales. El efecto redistributivo real del sistema, tal y como dejó patente la Comisión TEK o Transfer-Enquete-Kommission a finales de los años 70, consiste en crear a los ciudadanos las necesidades que después pretende erradicar.

De hecho, los impuestos directos cuentan en 2011 con una tarifa progresiva; pero la Comisión Kirchhof llegó a la conclusión de que a mayores ingresos, más fácil evitar la imposición tributaria. Cuestión de tecnicismos. Poco tendrá que temer (y pagar) quien disponiendo de un pingüe patrimonio, paga el asesoramiento fiscal adecuado. Además, la evolución histórica del tipo máximo impositivo ha experimentado un decrecimiento, a la par que el importe de la base mínima imponible ha ido en aumento. ¿Y qué pasa con los impuestos indirectos o sobre el consumo? Aunque sean regresivos, al recaer la carga máxima relativa sobre los que menos ingresan, pues el porcentaje de consumo es mayor a menores ingresos, han aumentado progresivamente. En Alemania, el tipo impositivo general estaba en el año 1968 en un 5%, pasando en 2013 al 19%. Por último, y en el contexto de la fiscalidad, cabe destacar lo que Borchert llama impuestos sobre el salario o rendimientos del trabajo, que igualan al IVA en cuanto a cuota de participación en la recaudación total. El juez alemán cita en este sentido a Klaus Tipke, quien hace ya veinte años calificó de “primitiva y brutal”, una política fiscal que baja la tasa máxima impositiva al tiempo que aumenta los impuestos sobre el consumo.

Por otro lado, están las cuotas sociales o el sistema parafiscal, aún más perverso, injusto e insolidario, alcanzando lo recaudado en 2011 el 37,8% del total de los ingresos estatales. Estas cuotas no contemplan progresión de tipos, sino que son fijas, y la tarifa es progresiva y lineal. Además, existe un tope máximo contributivo, límite en el que desaparece toda responsabilidad solidaria. Ni siquiera protege una mínima cantidad existencial, más bien supone una carga desde el primer céntimo; y así, a mayor número de bocas que alimentar, mayor pobreza originan. Además, se estafa al trabajador con la “cuota empresarial”, que en realidad no es más que una parte del salario bruto retenido; pero que ¡no aparece reflejado en la nómina!

Borchert echa cuentas. Si sumamos todas las retenciones que se le practican a un asalariado en Alemania y, por cautela, un 12,5% en impuestos sobre el consumo (en realidad se estiman en un 25%), para un sueldo de 2.500 euros brutos mensuales, nos ponemos en una ¡contribución del 52% del salario bruto! Bonito Estado Social en que los modestos salarios de los trabajadores dependientes son gravados por encima del 50% y los rendimientos sobre el capital en un 25%. Además ciego, porque los grandes patrimonios no derivan exclusivamente del rendimiento de su propietario; sin embargo, gozan de prebendas. Por eso, mientras Karl Albrecht (Aldi Süd) posee un patrimonio de 16,10 mil millones y un juez percibe 120.000 euros brutos al año o la canciller 210.000, se legisla como si los beneficios de Karl Albrecht se debiesen a su exclusivo esfuerzo y no al de sus 200.000 empleados, que transfieren “más de la mitad de sus escuálidas rentas a papá Estado”, para que éste no tenga que implorar caridad a su jefe.

En resumen, el panorama es desolador porque, en justicia, opina Borchert, deberían ser los ricos los primeros en pasar por caja, al obtener estos los mayores rendimientos o poseer una capacidad de rendimiento superior. Mientras, el impuesto sobre el patrimonio brilla por su ausencia y la imposición sobre ganancias patrimoniales o bienes inmuebles ha disminuido. Se distribuye, sí, pero como ya dijimos, de abajo a arriba y no al revés.

Los cerdos jamás cotizarán.

El individuo como tal, no es garante de su futura pensión. Por eso, allá por el año 1955 empezó a hablarse de pactos entre la generación activa y la de los viejos o entre la generación activa y los niños (Shreiber Plan o renta dinámica), descartando Adenauer más tarde a los niños del pacto, pues estos no votan. El sistema carga a los hijos desde entonces, con la jubilación de los pensionistas de la generación de los padres que ni tuvieron hijos ni se hicieron jamás cargo de alguno. De ahí que Borchert afirme que tras el sistema solidario de la Seguridad Social se esconde un sistema de “explotación de las familias mediante transferencias”. O como decía Bertrand de Jouvenel en La ética de la redistribución, la economía doméstica es entendida como espacio de consumo y no de producción. En este sentido, unas palabras burlescas del economista del siglo XIX Friedrich List citadas por el juez: el que cría cerdos es un miembro productivo de la sociedad y el que cría hijos, improductivo. En conclusión, y por esa regla de tres, sería preferible no tener hijos, ¡así lograríamos incluso el superávit!9788474909692

Pero además, como escribió Jouvenel en 1951, es «completamente incomprensible que se le acepten sus gastos, depreciaciones, etc. a un criador de perros de carreras, mientras que a un padre de familia no. […] Es incomprensible hasta el punto de escándalo que la autoridad pública facilite el mantenimiento de un cuadro hortera o de un teatro de variedades, y no el mantenimiento de una gran casa, cosa de valor estético y ético, de la que han salido generaciones de hombres que han hecho del país lo que es. […] Las corporaciones, personae fictae, reciben hoy en día un trato notablemente preferente en comparación con el recibido por la gente real». Cuando, también según el politólogo y economista francés, la verdad es que la familia es en sí contribución indirecta al incremento de la riqueza nacional.

De cómo explotar a las familias al tiempo de ensalzarlas cultural, moral o antropológicamente.

En la Alemania de 2013, el derecho fiscal y social viene regulado, dice Borchert, en más o menos 200.000 artículos, mientras las leyes violan sistemáticamente los principios constitucionales de igualdad y estado social. Esta situación, explica el magistrado, se agrava con la reforma de las pensiones de 1957, que crea el “seguro” de vejez, que nada asegura: ni un solo céntimo de las contribuciones actuales es destinado a la asistencia de los ancianos del mañana. No hay aseguramiento posible de pensiones no resistentes a la evolución demográfica. Mientras, se tima a los padres de los futuros cotizantes, a quienes les es devuelto sólo un porcentaje del fruto de su “inversión en capital humano”. Además de hacerse cargo de los gastos que implica la crianza de sus hijos, contribución máxima al futuro del sistema, deben sostener una generación de desconocidos sin hijos.

Apunta el juez que esta no es una valoración biológica (y menos aún moral) del hecho de no tener hijos, sino económica. Sin embargo, la ceguera del sistema macroeconómico entiende los hogares desligados de toda actividad productiva, hasta el punto de considerar la educación un mero gasto corriente de consumo, no un gasto en bienes de consumo duradero. Y es así, a pesar de que la adecuada crianza de los hijos revertirá en beneficio no sólo social, sino también económico; pero el valor de la educación es atendido por el Estado de forma estanca y residual. No obstante, se habla recurrentemente, de educar en valores o del valor de la familia o se trata la demografía si acaso en un contexto estrictamente cultural, moral o antropológico ¡obviándolo en el campo económico!, cuando el valor, tal y como explica y recuerda Carl Schmitt en su pequeño escrito La tiranía de los valores, es un término puramente económico. Y mientras, las iglesias, apunta Bärbel Fischer en un reciente artículo, hablan desde la total desinformación, con lo que su crítica social no contribuye en modo alguno a mejorar la situación real de las familias.

No es ninguneo, sino explotación inconstitucional e institucional.

Impuestos_OxfamMás allá de ningunear a la familia, el sistema la explota, porque la responsabilidad de quien decide un proyecto de vida sin hijos recae, como vimos, sobre los que sí los tienen y sobre sus propios hijos. Igual que los mercados financieros: todos responden, menos los beneficiados, desligados de cualquier deber. En este sentido, se hace pertinente desenmascarar la falsedad de una idea harto extendida que consiste en creer que al incluir en la cobertura social a los familiares no asalariados (esposas, esposos o hijos) de los cabeza de familia, los solteros están en desventaja respecto a los primeros. En primer lugar, como expone el juez alemán, los que no han tenido hijos también se beneficiaron en su infancia de esta cobertura y en segundo lugar, sus pensiones proceden de las retenciones practicadas a los hijos de otros. Además, los gastos en cuidado sanitario son veinte veces superiores que los que se dan en personas de cero a veinte años. De esta manera se traspasan anualmente 20 millares de euros a pensionistas sin hijos. Pero que los cotizantes sin descendencia deban contribuir al sistema desde el 1 de enero de 2005 con un importe mínimamente superior al de los que sí tienen, constituye, por parte del legislador, un trato intrageneracional claramente desigual.

Para muestra, un botón. A Rosa Rees, que cotizó durante 14 años, para después renunciar a su propia pensión de jubilación en beneficio de la atención prestada a sus hijos, le ha quedado una pensión de 260 euros, mientras sus nueve hijos ingresan mes a mes la cuota máxima (¡6.000€!, sólo cuota del trabajador). Un dinero que acaba en la cuenta corriente de desconocidos. Que la sentencia Trümmerfrauenurteil (BVerfG 7.7.1992)  determine que en el caso Rees, se incumple el art. 6.1. de la Carta Fundamental referido a la protección de la familia y el art. 3.1., que prescribe la igualdad ante la ley como otro derecho fundamental, no parece importarle mucho al legislador, quien hace oídos sordos ¡negándose a devolver el botín!

Conciliación familiar: ¿intereses de la mujer o del capital?

Hoy, la presión ejercida sobre las madres, esperando que hagan las veces de asalariada, está en consonancia con la ideología de Simone de Beauvoir, que entendía que noDeudase debería permitir a la mujer quedarse en casa para criar hijos, porque si tuviese esa opción, demasiadas la tomarían. Nada nuevo bajo el sol. Como recuerda Borchert, esto es algo que conocemos de la Alemania del Este; pero el interés actual por limitar la libertad de la mujer a la hora de escoger el modo de vida que considera más adecuado, no tiene un origen únicamente ideológico, sino también económico. Borchert lo expone en su libro. Así, al Gesamtverband der deutschen Versicherungswirtschaft (GdV) o Asociación General de la Industria Alemana de Seguros, le preocupaban los rendimientos de capital de los seguros de vida, pues a raíz de la evolución demográfica, era más que evidente que según escasease la disponibilidad del factor trabajo, la disponibilidad del factor productivo capital iría en aumento, al menos en sentido relativo. Los salarios subirían y los intereses del capital bajarían. Pero si los salarios bajan, la industria aseguradora puede mantener sus beneficios. Por eso, un documento de la GdV propone una mayor integración de las madres al mercado laboral, además de elevar la edad de jubilación.

Así las cosas, no sorprende que en Alemania no se discuta acerca del peso que unas perspectivas laborales inestables tienen en la decisión de fundar una familia, algo que a todas luces se encuentra en el ámbito de actuación del empleador, capaz de otorgar perspectivas laborales fiables. ¿Acaso se ejerce alguna presión en este sentido?

La claudicación del Estado.

Se ha extendido la idea de que existe la necesidad de proteger las grandes fortunas. El mantra reza que estas garantizan la cobertura de las necesidades sociales; pero ya hemos visto que la verdad es otra. Son precisamente los asalariados y menos agraciados quienes soportan la carga a través de impuestos y cuotas sociales. A menor capacidad adquisitiva, mayor imposición tributaria -y paratributaria –.

BurocraciaForgesSin embargo, es innegable que todo rendimiento económico procede forzosamente de prestaciones previas: el que produce salchichas se aprovecha de la formación que adquirieron los trabajadores (formación alcanzada gracias al esfuerzo y dedicación de sus padres en la crianza, hecho que el legislador desprecia), para transportar las salchichas hace uso de carreteras estatales, se beneficia de la seguridad que crea la policía, etc. Por eso, los impuestos sobre la renta deben entenderse, dice el juez, como la devolución de deudas surgidas de prestaciones estatales previas. La postura radicalmente contraria a lo expuesto, es pretender evitar a toda costa la llamada fuga de capitales; pero a fin de cuentas, explica Borchert citando a Reinhard Blum, entrar en esa lógica es como permitir que los ladrones nos amenacen con robar aún más en caso de que aumenten los castigos y controles. Se impone la cleptocracia.

Pero “un mercado financiero sin reglas ni responsabilidad es tan incompatible con un mundo civilizado como la mafia [y] los mercados financieros sirven a la humanidad tanto como la criminalidad organizada”. Por eso, la economía ya no sirve a las personas, sino las personas a la economía. Por eso,  habla Ángela Merkel de una deseable “democracia acorde al mercado” (“marktkonforme Demokratie). El Estado claudica, renunciando a imponer un marco regulado en el que los agentes económicos actúen con el fin de proveer el equilibrio social. De hecho, el mercado financiero y laboral ya ha sido desregulado, los sistemas solidarios (de pensiones y asistencia sanitaria) debilitados, se ha implantado un sector de salarios bajos, los tipos impositivos empresariales y patrimoniales han bajado, etc. Simultáneamente prolifera el número de asesores externos implicados en proyectos legislativos, decretos u otras normas, en pro de la “especialidad”. Ya no hay res publica, las decisiones ya no son tomadas en un foro público, se acabó la democracia. En su lugar, el estado se ha convertido en agente de las financieras, procurándoles clientes para sus turbios negocios.

Así, los grandes intereses económicos y lobbyistas entraron con Schröder y su “Agenda 2010” en las dependencias legislativas ministeriales. Desde entonces, muchas leyes las dicta el legislador o Bundestag formalmente. Detrás están la Fundación Bertelsmann (leyes Harz), los bancos y la industria financiera (Jubilación Riester), etc.

En definitiva, el protagonismo ha pasado de la economía nacional a las 44.000 multinacionales, a quienes el concepto “patria” (Vaterland) les es completamente ajeno. Pero la verdad es, que el mundo financiero no trae sólo bienestar, sino también graves crisis y la libertad de circulación de capitales lleva al máximo endeudamiento. Las deudas se quedan; pero el capital no. Por eso, los mercados financieros hacen imposible una economía real o división racional del trabajo.

En lugar de reducir el paro, guerra al parado.

Comenta el autor, que la idea de que el propio trabajador parado es responsable de su miserable situación ha calado, perdiendo vigencia el consenso que descansaba en que el estado es responsable del mercado laboral. El origen lo encuentra el magistrado en el traslado de competencias a la Unión Europea (Acuerdos de Maastricht), en concreto al Banco Central Europeo y en la implícita desconexión con los intereses nacionales; además de la globalización y europeización. Pero los derechos sociales dependen del principio de residencia y ocupación dependiente, presuponen la pertenencia a una comunidad nacional solidaria, responsable y de pagadores.

Ahora bien, la caja de Pandora la abrió, explica el juez, Harz-I al introducir, bajo el mandato del socialista Schröder, la contratación en régimen de cesión en condiciones precarias. En España, sucedió de la mano de Felipe González, a través de la Ley 14/ 1994, de 1 de junio, por la que se regulan las Empresas de Trabajo Temporal. Para más inri, con Harz-IV se introduce un nuevo elemento del derecho penal en el derecho social: una sentencia de lo Social no puede reducir el salario base existencial, pero el II Código de Derecho Laboral (Zweites Buch des Sozialgesetzbuchs – Grundsicherung für Arbeitssuchende SGB II) incluye sanciones, que llegan a suprimirlo por no entregar una candidatura a tiempo o desobedecer otras prescripciones. Quien lleva a cabo una lesión corporal de grado medio, sale mejor parado que el que no entrega un curriculum a tiempo.

Pero la guerra contra los trabajadores nacionales llega al extremo de publicarse en el periódico de gran tirada Die Welt un artículo, que cuestiona la legitimidad del voto del parado, mientras el ex Ministro de Economía y Trabajo Wolfgang Clement (SPD) figura en nómina de la conocida E.T.T. Adecco.

La política realmente progresiva se funda en la libertad del individuo.

Dice Borchert que para que el Estado Social funcione, se hacen necesarias determinadas reformas. En primer lugar, debe velarse por la transparencia o un sistema

Deuda Estado español en billetes de 100 Euros

Deuda Estado español en billetes de 100 Euros

universal en que no exista una cuota obrera y otra empresarial, de lo contrario, el trabajador no puede tener una idea real de qué retenciones se le practican. Además, debería suprimirse toda subvención, transferencia de dinero expropiado sobre todo a asalariados. También parece necesaria una reforma del IRPF según el modelo del Solidaritätszuschlag o suplemento solidario, que englobe todo tipo de renta, sin tope máximo y protegiendo un mínimo existencial. La exoneración relativa debería aumentar en función de la disminución del salario y aumento en el número de hijos, porque en estos casos, la cuota en el consumo marginal es mayor (pago de impuestos indirectos). Se contribuye así a la creación de empleo (se estiman como mínimo, dice Borchert, 100.000 puestos de trabajo por descenso de un punto porcentual de las cuotas sociales). Por otra parte, como no se toca el salario bruto y se modifican únicamente los salarios netos según el número de hijos, no es posible el fraude entre adultos con y sin hijos. El volumen de transferencias precisadas disminuiría también drásticamente, porque el número de perceptores descendería. Con otras palabras: el juez de lo social espera de la política que lleve a cabo únicamente lo que es ya su misión constitucional: redistribuir de arriba a abajo y no al revés, no financiar; esto es, ligar la igualdad a la libertad a través de la responsabilidad. Entonces y sólo entonces, afirma Jürgen Borchert, quien aún cree en el Estado Social, saldrá la aurora. Nosotros añadimos para terminar unas palabras de F.A. Hayek en Camino de servidumbre, y son que “el principio rector que afirma no existir otra política realmente progresiva que la fundada en la libertad del individuo sigue siendo hoy tan verdadero como lo fue en el siglo XIX.”. ¡Qué interesante sería estudiar las ideas expuestas en el contexto español y exponer los resultados!

Cristina Negro Konrad

Ref. http://ecjleadingcases.wordpress.com/2014/03/11/cristina-negro-konrad-jurgen-borchert-o-el-crepusculo-del-estado-social/

 Enlace de interés para calcular los días del año en que trabajamos para el Estado:

http://www.civismo.org/es/investigaciones/calculadora-de-impuestos

Sobre la deuda:

http://www.usdebtclock.org/world-debt-clock.html

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Un comentario el “Jürgen Borchert o el crepúsculo del Estado social

  1. Los únicos españoles libres que quedan son los gitanos. Al margen de las promesas de previsión del estado social, siguen cultivando -invirtiendo, dirían hoy en nuestros lenguajes técnicos- la solidaridad intergeneracional en el seno de la familia, de la parentela. Soportan la estafa del estado como cualquiera, pero al menos no se lo creen como el resto, y siguen apostando por ese instrumento natural de hacer frente a los vaivenes de la fortuna, que es la familia.
    La estafa que desvela Borchert es real, pero como creyente en ese estado social, propone reformarlo desde una idea de justicia distributiva, sin poder ver que la lógica expansiva del estado social, conduce irremediablemente a la situación que él mismo describe. La destrucción de la familia no es un accidente o desviación del estado social, es su propia lógica. Los hombres han dejado de cultivar la familia para invertir en el estado social, que les parecía más previsible (racional) que el entramado natural y afectivo de la familia.
    Cultivar el parentesco es más que la red de afectos y desafectos. Es una invitación a la prudencia, a la amistad, a los valores compartidos, es decir, a lo que nos hizo humanos durante miles de años.

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