“El poder”. Romano Guardini.

retrato guardini

Romano Guardini (1885-1968)

Nuestra época es difícil de catalogar porque vivimos un momento de cambio. Como todo momento cambiante, deja atrás cosas útiles y genera otras nuevas y desconocidas. Al hombre que le toca vivir en ella se le genera una cierta perplejidad al ver que cosas que fueron buenas y valiosas se desmoronan, mientras que nos toca construir con lo viejo algo que sirva para el nuevo momento. Las formas políticas crecidas en torno al parlamentarismo dan sus últimos coletazos; los partidos, creados para dar estabilidad a un sistema de libre discusión insostenible, ya no sirven y ellos mismos se están arrojando al abismo; la cultura familiar tradicional no resulta suficientemente potente como para responder a las necesidades educativas de la persona; la Iglesia también busca ser “complexio opositorum”, su manera particular de estar presente; y, en definitiva, todo pide un cambio y casi nadie quiere una revolución, todos pedimos que se haga con prudencia y con paz, conservando lo bueno y creando con originalidad.
El problema que nos afecta al espíritu y que nos incapacita para responder al reto es que vivimos con problematicidad nuestra relación con el poder, sentimos que se nos escapa de las manos y que solo sirve para nuestra autodestrucción, mientras que nuestra época nos reclama que hagamos un uso radical del mismo para responder a las circunstancias concretas tan acuciantes. Sospechamos del poder porque hemos visto estallar las bombas atómicas, hemos sentido el miedo de la destrucción, vemos cómo la naturaleza siente la presencia agresiva del hombre, cómo el hombre puede ser un animal muy peligroso capaz de provocar millones de muertos en muy poco tiempo, sentimos cómo un poder anónimo e informal nos manipula, nos espía y nos roba. “En la conciencia de todos, escribe Guardini, brota el sentimiento de que nuestra relación con el poder es falsa y de que incluso este creciente poder nos amenaza a nosotros mismos”. La reacción normal ante el sentimiento de amenaza es replegarse y situarse en una posición defensiva. Así, el hombre de hoy desconfía de los demás hombres y de su fuerza, desconfía de la política, de la autoridad y de su propia persona, y se protege en su refugio: estudia, trabaja, viaja, juega y duerme, si puede, pero ¡no actúa! No actuamos porque actuar significa utilizar nuestro poder para cambiar las cosas, y es precisamente eso lo que no nos atrevemos a hacer porque desconfiamos del poder, del de los demás y, sobre todo, del nuestro. Esta desconfianza en nuestra capacidad de hacer cosas es lo que caracteriza en sentido negativo nuestra época, la posmodernidad, y lo que hace que seamos una sociedad triste, desvinculada del mundo y de nuestra responsabilidad de actuar sobre él para mejorarlo. Hombres desconfiados que, en consecuencia, pronto se vuelven tristes y, por ende, malos.
¿Se puede entonces decir que el poder es la solución a nuestros males presentes? Sí, o al menos esa es la opinión de Guardini, pero sin llevarnos a engaños, porque el teólogo alemán no hizo el slogan de Obama (“We can”) ni dio nombre a “Podemos”. No es ese el poder del que se habla aquí, no es el poder demagógico que pretende terminar de robarnos la mínima oportunidad que aun nos queda de participar en la vida común y monopolizarla en un partido único y totalitario.banco
¿Qué es el poder, el bueno, el que tenemos que recuperar? “El poder es la facultad de mover la realidad. Sólo puede hablarse de poder en sentido verdadero cuando se dan estos dos elementos: de un lado, energías reales, que puedan cambiar la realidad de las cosas, determinar sus estados y sus recíprocas relaciones; y, de otro, una conciencia que esté dentro de tales energías, una voluntad que les dé unos fines, una facultad que ponga en movimiento las fuerzas en dirección de estos fines. Todo esto supone el espíritu, es decir, aquella realidad que se encuentra dentro del hombre y que es capaz de desligarse de los vínculos directos de la naturaleza y de disponer libremente sobre ésta”. Por tanto, el poder es la facultad de cambiar la realidad conforme al espíritu para disponer libremente de ella. No es ni bueno ni malo, depende de quién lo usa y cómo lo hace. Puede ser para lo mejor o para lo peor. Pero no hay duda de que es una definición del poder contundente. El poder es algo enorme y nos debemos confrontar con esta enormidad, sin rebajarla ni edulcorarla, si queremos salir de la depresión posmoderna. Pero hemos de hacerlo con cuidado si no queremos caer en la autodestrucción. El reto, como se ve, es inmenso, radical, y no admite tibieza.
Hoy, es cierto, el poder se ha convertido en una realidad especialmente amenazadora, es una “mera organización anónima”. “Esta forma del peligro que el poder representa se vuelve especialmente amenazadora cuando, como hoy ocurre, se va haciendo cada vez más débil el sentimiento que inspiran la persona, su dignidad y su responsabilidad, los valores personales de la libertad, del honor, del carácter originario de su obrar y existir. Entonces el poder adquiere un carácter que solo puede ser definido desde la perspectiva de la revelación: el poder se vuelve demoníaco”. Desaparece la persona que actúa y el individuo se siente como un elemento inserto en el conjunto, que ya no obra libremente, sino determinado por una fuerza anónima. La persona se ve dominada por algo que desconoce, desprovista de poder y, por tanto, de su facultad de actuar en el mundo. Es esto lo que genera en él el sentimiento de tristeza que, por otro lado, aparece como un fenómeno generalizado. La causa está en que “el hombre no pude ser hombre y, además ejercer o dejar de ejercer el poder; le es esencial el hacer uso de él”. El uso del poder es esencial al hombre, no puede tomar la libre determinación de no usarlo, porque dejando de usar el poder, dejará también de ser hombre. Qué dilema el nuestro: si usamos el poder nos destruimos, si no lo usamos, también.
El dilema en realidad no es tal si salvamos una confusión que nace en la modernidad y que es la que enturbia el uso del poder. “No se puede confundir al Creador con la criatura, la relación entre el modelo y la imagen; la realización humana que se da en la verdad y la que se da en la usurpación; el dominio en el servicio y el que se realiza por voluntad propia”. El hombre, en cuanto que criatura, ha de concebir el uso de su poder como servicio y como millet campesinoresponsabilidad y, en ningún caso, como una potencia abstracta desvinculada del resultado. El sentido del poder, del inmenso poder que le ha sido conferido al hombre, lo descubre el hombre, paradójicamente, con la humildad: “toda la existencia de Jesús, dice Guardini, es una transposición del poder a la humildad”. Frente a la violencia en sus diferentes formas, “la humildad como liberación del embrujo del poder desde sus raíces más hondas”.
¿Significa esto que debemos volver a formas pasadas y mejores? Guardini, en la mayoría de sus escritos, se opone a estas tesis reaccionarias. Si bien es cierto que nos encontramos en una época difícil en la que el uso del poder se ha vuelto problemático, también lo es que se abre una nueva posibilidad histórica para un uso del poder más auténtico. Nuestra época pide una respuesta propia, nueva y original, exige una responsabilidad mayor y, por tanto, demanda hombres más libres y conscientes de su poder. Es una época en la “todo depende de la libertad”. Hay una esperanza, que no hay que confundir con una consecuencia necesaria de estos tiempos, es solo una posibilidad entre otras, de que surja “un nuevo tipo humano que no sucumbirá a los poderes encadenados, sino que será capaz de ordenarlos”. La respuesta apropiada a nuestro momento histórico presente pasa necesariamente por una rehabilitación del poder y no por su destrucción o neutralización.

Anuncios

Un comentario el ““El poder”. Romano Guardini.

  1. Pingback: La oposición real, la posible y la ficticia. | Seminario de Estudios Políticos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s