“Europa: el fin de las naciones (III)”. Dalmacio Negro.

guerra8.- La sovietización cultural, una forma suave de bolchevización globalizadora no por cierto  estrictamente marxista sino más bien leninista y nacionalsocialista, ha sobrevivido como secuela en  Occidente. Es una mezcolanza de leninismo, estalinismo, socialismo, culturalismo, puritanismo y otros factores descivilizadores cuyo denominador común es el  nihilismo. Junto con  el multiculturalismo y las bioideologías, alimenta la política correcta importada de Norteamérica que  destruye el êthos, la moral colectiva de las naciones.[1]

En el caso especial de España, que marcha estadísticamente a la cabeza en la intensidad de la destructividad -por ejemplo en aborto, consumo de drogas, prostitución, matrimonio homosexual, desnatalización, etc., (y están aumentando significativamente  los suicidios)-, concurre otra circunstancia que ahora no es del caso.

9.- Europa, y bajo su influencia la civilización occidental en su conjunto, deslumbrada por el poder de la ciencia y la técnica, que se le antoja mágico, sobre todo el de la técnica, pues la ciencia casi ha desaparecido,  vive en la irrealidad. Vivir fuera de la realidad es una actitud romántica y lo grave del romanticismo es que se viva la vida colectiva en la irrealidad, pues, en este caso se asienta en la nada.  Escribió Tocqueville: «si sirve de mucho al hombre como individuo que su religión sea verdadera, no ocurre lo mismo respecto a la sociedad. La sociedad no tiene nada que temer ni nada que esperar de la otra vida;  lo que más le importa, no es tanto que nosotros los ciudadanos profesemos la verdadera religión, como que profesemos una religión». Ahora bien, la religión que prevalece es, como temía Tocqueville, la religión artificial de la igualdad, en la que el pueblo nihilista de la  socialdemocracia sustituye al pueblo de Dios. Religión política, la religión socialista es una religión coactiva al ser artificial. No es ni liberal,  ni social, ni demócrata. Su liberalismo es el de la indiferencia moral, supuestamente neutral, que opone la libertad sin responsabilidad  -la independencia absoluta de toido lazo o limitación-  a la libertad; su democracia se  funda en la coacción legal o violenta; y su socialismo es en la práctica un capitalismo de Estado, el socialismo fiscal del gran capital. Su verdad es la de la mentira que difunde la propaganda. Las religiones políticas o de la política son religiones falsas como todas las religiones seculares y,  por tanto, destructivas.

Constituye un buen ejemplo, en relación con el tema de hoy, la nada del “patriotismo constitucional” -el patriotismo vinculado a un papel, como si fuese la tierra-  inventado por el socialdemócrata Habermas (en realidad le precedió Siéyés en la revolución francesa), que ha hecho suyo la cada vez más insostenible Unión Europea, que sirve de coartada a los gobiernos europeos en su tarea de destruir las naciones.   

Romano Guardini  describía así el pathos del momento hace ya unos tres cuartos de siglo: «Europa atraviesa hoy día  la crisis más profunda de su historia: tan profunda, que muchos llegan a preguntarse si todavía existe “Europa” en el antiguo sentido de la palabra».[2] Lo decía cuando  Christopher Dawson, miembro de la gran escuela de historiadores que comenzó con Ranke, el padre de la historia científica, y continuaron Dilthey, Jacobo Burckhardt, quien consideraba la religión una de las cuatro potencias de la historia, lord Acton, Hilaire Belloc,… diagnosticaba en 1948, que «los acontecimientos de los últimos años pronostican o el fin de la historia humana o un vuelco de ella».[3]  Constituía un axioma para esta escuela de historiadores, que son las religiones la clave de las culturas y las civilizaciones. Que la religión es la clave de la historia debiera ser un tópico con categoría de presupuesto.

Para no perder de vista que nuestro tema es la Nación, rectificando algo a Burckhardt, es hoy la historia junto a la teología, la estética y la filosofía, el más importante de los saberes: historia magister vitae, la historia es la maestra de la vida. Enseña entre otras cosas, que la ciencia sólo puede ser  ancilla philosophiae, una llave de la filosofía.

10.- Los europeos estamos todavía acostumbrados a oír que el ser humano es un animal político y social, categorías a las que se pueden y se suelen añadir las de animal técnico, estético, moral, etc., y actualmente sobre todo económico, pues el poder político, al que le importa únicamente la economía, un campo pragmático natural, valga la redundancia,  de la acción humana, como el saber que legitima a  los demás saberes como si fuese una teología. Sin emargo, hay quienes piensan y viven de ello o por lo menos lo explotan para adquirir notoriedad remunerada, que el hombre es un animal como los demás.

Sin entrar en las causas de esta cosmovisión mecanicista -muy ligada el reduccionismo de lo humano a lo económico-, y que cabe resumir en la imperante sovietización cientificista a lo Gramsci antes mencionada, basta decir que la ciencia no es un saber: a la ciencia  no le importa la verdad, que es lo mismo que la realidad, sino solamente la certeza. Cosa muy buena pero insuficiente, pues, como decía Heidegger, “la ciencia no piensa” y el pensar y el ser son lo mismo, por lo que se piensa con la realidad.  La ciencia, no digamos la técnica, que sólo conoce como hacer funcionar las cosas, ha impuesto empero el predominio de la abstracción  afectando incluso, más a ras de tierra, a las formas de trato; un ejemplo de esa abstracción son las relaciones públicas, necesarias sino indispensables en sociedades puramente técnicas. No es que la ciencia y la técnica sean malas en sí mismas. Todo lo contrario. Lo que ocurre es que la civilización actual   adolece de leitenden Ideen,  de ideas rectoras. Un tema muy interesante, al que por razones obvias cabe sólo aludir entre líneas.

Lo que importa aquí, es que el hombre es  ante todo un ser histórico. Será luego también económico, político, social, económico y todo lo que ustedes quieran. En realidad tiene que ser algo de todo eso y muchas más cosas, aunque sea en un grado menor, para poder vivir humanamente; incluso la tontería de que es un homo sociologicus (la cultura actual está llena de tonterías cientificistas que pasan por dogmas). Ahora bien, el habitat, el lugar donde mora humanamente, el modo de morar que le es propio, aquello que le hace ser  hombre, es la Historia. En ella no co-existe con los demás seres, como hacen los animales, por lo menos con los de su especie, sino que con-vive con los demás hombres que moran en ella;  incluso si se quiere, con los animales que adapta a su modo de vidaservidumbre

11.- Los griegos, a quienes hay que referirse siempre por lo de la historia magister vitae en estas cuestiones -descubrieron la realidad de la consciencia y la posibilidad de la política-, inferían certeramente del hecho de convivir, que el hombre es un animal político, porque   gracias a su consciencia -la consciencia de disponer de la razón- podían organizar la convivencia en libertad (exterior), y Santo Tomás de Aquino añadió  más tarde la cualidad de animal social en virtud de la caridad. Pues el hombre es capaz de amar  de un modo distinto al de los animales, aunque sea este último el que se recomienda  y casi se impone hoy en día debido a la difusión masiva de la ignorancia y con propósitos non sanctos.

Es muy ilustrativo de la situación  un célebre párrafo Étienne de la Boétie, autor del famoso librito La servidumbre voluntaria o el contra uno, sobre este aspecto. Este amigo del escéptico político Montaigne decía en el siglo XVII: la mejor manera de «embrutecer a los súbditos, no se puede conocer más claramente que por lo que hizo Ciro a los lidios cuando, tras haberse apoderado de Sardes, la capital de Lidia… se le dio la noticia de que los sardos se habían sublevado. Pronto los hubo reducido bajo su mano; más, no queriendo saquear ciudad tan bella, ni verse siempre en la dificultad de mantener en ella un ejército para guardarla, se le ocurrió un gran remedio para asegurársela: estableció burdeles, tabernas y juegos públicos, e hizo publicar una disposición según la cual sus habitantes debían frecuentarlos. Esta guarnición resultó tan eficaz, ironiza La Boétie, que desde entonces nunca más fue necesario utilizar la espada contra los lidios: estas pobres y miserables gentes se  entretuvieron en inventar toda clase de juegos».[4] Nihil novum sub sole. El panem et circenses como instrumentum regni para domesticar a los hombres. Federico II de Prusia, quien imitó el despotismo de Pedro en Grande de Rusia, imitándole a su vez las demás monarquías absolutas, consideraba a sus súbditos staatliche Tiere, animales estatales. Y es así como les consideraba el Estado Totalitario bolchevique y le  consideran los Estados Totalitarios socialdemócratas de la Unión Europea y los que les imitan.

12.- Igual que los demás seres vivos, el hombre hunde ciertamente sus raíces en la tierra de la que procede, y a la que volverá si no consigue ser inmortal, un anhelo tan viejo como la humanidad.  Sin embargo, en tanto consciente, el ser humano posee espíritu y, como decía San Agustín, en cuanto espíritu vive en el tiempo, es decir, vive en la Historia, que comenzó al irrumpir el tiempo con el hecho de la Creación.  El hombre es un ser histórico, afirmaba Ortega, lo que le valió por cierto muchas incomprensiones. La causa es que lo propio de la naturaleza  humana en tanto humana, consiste en que   sabe que va a morir: que es efímero su tiempo terrenal. Es un Sein-zumTode, un ser para la muerte, decía Heidegger. Su consciencia (Bewusstsein) se transforma así en conciencia (Gewissen), por lo que sus actos tienen siempre un propósito o intención, tienden  a algo (in-tendere), que consiste en definitiva en perdurar, en  sobrevivir al tiempo carnal. De ahí la cultura, del latín colere, cultivar un campo para sobrevivir físicamente, y el culto para sobrevivir  espiritualmente con ayuda de la divinidad, la primera y la última de las realidades,  al ser la causa, ciertamente incomprensible, de la realidad de la vida.

Por que el cultivo y el culto arraigan, enraízan en la tierra, es  Gea la madre de todo, al habitar en ella lo divino, sea ello lo que fuere, y a cuyas reglas, el Derecho -natural puesto que emerge de la Naturaleza-, debe someterse forzosamente la vida visible. Todo culto es por ende  ritual, y se comprende que el rito o parte del rito sea orgiástico, puesto que el culto implora la vida y por tanto la reproducción, el fin primario de cualquier especie. En todo caso,  se ofrendan ritualmente productos de la tierra, que pueden ser desde sacrificios humanos al pan y el vino.  La vida enraíza en la tierra y la tierra es la Patria más inmediata. Todo nace de la tierra y todo vuelve a la tierra.

[CONTINÚA]

[1]              Estados Unidos, la Meca actual -por buenas razones- de europeos y no europeos,  es un  problema. A sus Universidades -no hace falta mencionar  los mass media, las ongs y los políticos- les apasionan las novedades, aunque sean completamente estúpidas. Si se quedasen en Norteamérica, allá ellos. Lo malo es que cuando no las exportan, los demás, fascinados por el sheriff imperial,  las importan.

[2]      El mesianismo en el Mito, la Revelación y la Política. Madrid, Rialp 1948 (incluido en Escritos políticos). VII, p. 155.

[3]      Religión y cultura. Buenos Aires, Sudamericana 1953.  X, 7, p. 243.

[4]           Op. cit. [16], p. 44.

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