“El individuo sin individualidad”. Capograssi.

Giuseppe Capograssi. “El individuo sin individualidad”. Madrid, Ediciones Encuentro, 2015, 90 pp. 10€

portada capograssi

Giuseppe Capograssi (1889-1956) es uno de los pensadores del Derecho y la Política más sugerentes del siglo XX. Fue muy influyente en ciertos ambientes, como en ciertas escuelas de romanistas con su idea de “experiencia”, o entre los filósofos del Derecho. Sin embargo, en el mundo hispano su recepción ha sido limitada y la publicación de este libro y de otros venideros que la profesora Ana Llano, de la Universidad Complutense, está editando, vienen a llenar este vacío.

El interés de este autor, y del libro que acaba de publicarse, “El individuo sin individualidad”, es doble. Por un lado, nos da a conocer a un pensador muy original en unas escasas 90 páginas y, por otro, ofrece un diagnóstico preciso del tiempo que nos ha tocado vivir. Es lúcido en la crítica, y lo es más aun, porque es más difícil, es las razones que ofrece para una esperanza posible.

El punto de partida es que la individualidad no es un puro dato, sino el aspecto decisivo de la persona que se realiza en relación con el mundo. La individualidad se forma en la historia, en la del mundo, y en la de la persona. “Es un germen precioso y frágil que está expuesto a todos los golpes de la historia y que, para afirmarse, debe continuamente romper la gleba siempre dura de la historia”. De este modo, hay mundos históricos en los que la individualidad aparece prácticamente difuminada en el paisaje, y otros que son más propicios para su desarrollo.

Lamentablemente vivimos una época histórica muy agresiva con la individualidad. El Estado, entendido como la forma política contemporánea en Occidente, tiende a utilizar al individuo para conseguir la razón de Estado. La organización del trabajo, la sociedad colectivizada, la ideología y el fanatismo cooperan en la obra disolutiva de la individualidad. El resultado, como afirma Capograssi, es que “este individuo sin individualidad ha perdido la individualidad de sus pasiones y de sus sentimientos, como se ve en la vida política, que antes era fuente de pasiones grandiosas y lúcidas y ahora se ha convertido en fuente de fanatismos, [porque] el fanatismo es precisamente una pasión sin individualidad”.

La desaparición del “yo” se puede detectar en síntomas como el desinterés que suscita la persona concreta. Se estudia el comportamiento de grupos, la sociedad y a la persona como generalidad, pero el pobre hombre concreto interesa poco. La literatura es fiel reflejo de esto, que o bien bucea en las patologías de la psique, o bien tortura al lector con historias anodinas. Las estructuras sociales “imponen al individuo disciplinas encaminadas a reprimir o rechazar precisamente la individualidad de cada individuo”, como por ejemplo la fábrica o la gran empresa. El individuo se ve absorbido en ordenamientos jurídicos complejos y exhaustivos que dejan poco espacio a la libertad. La comunicación y la organización social se dirigen al gran número. Y por último, aparecen regímenes políticos fundados en la manipulación y disolución emocional del individuo, y grandes guerras que comprometen al gran número, sin tener en cuenta a la persona concreta.

Nuestra época, y de esto no hay duda, es clara en lo positivo y en lo negativo. Es dura y contundente con los hechos que, desprovistos de la carnalidad que los pueda hacer amables, los presenta con toda su crudeza. Esto es lo que caracteriza nuestro tiempo y es lo que, para el autor italiano, provoca la libertad individual de un modo particular.

No obstante, y tras un minucioso análisis de los síntomas de la desaparición de la individualidad, Capograssi habla de la posibilidad de un renacimiento de lo humano. La tragedia contemporánea provoca la paradoja de llevar hasta las últimas consecuencias la realidad del individuo sin individualidad. Se pone de manifiesto su existencia sin esencia y, de este modo, trata de buscarla a través de una experiencia individual del mal y del dolor. Caminos mortalmente peligrosos, pero con la posibilidad de fundarse en la verdad.

En todo caso, el hecho grave es que el individuo ha perdido su individualidad y la gran tarea contemporánea es devolvérsela. Para ello, en primer lugar, “cada uno de nosotros debe trabajar para que las posibilidades positivas prevalezcan sobre las negativas”, en segundo lugar, “es preciso tener un juicio claro sobre la verdadera y real situación actual de la humanidad, ver los peligros reales y todas las eventualidades a las que la actual situación de la humanidad puede conducir y, en tercer lugar, “haría falta que todo el que sienta el peligro pensase en reeducarse a sí mismo, su conciencia moral, el sentido de la ley moral, el sentido del deber para con la vida y el sentido de la extrema seriedad de la vida”.

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