“Cartas del lago Como”. Romano Guardini

“Cartas del Lago Como”. Romano Guardini. Eunsa, Navarra, 2013, 119pp.

“Querido amigo: ¿recuerdas aquel atardecer, allá, a orillas del bosque, donde las águilas posaban su nido? De vez en cuando se deslizaban fuera hacia el cielo azul. Nuestra vista las seguía en su vuelo circular; toda nuestra vida íntima afluía a los ojos y, empujada hasta allí por la fuerza de un impulso claro y vibrante, asomaba todo nuestro ser a la plenitud del espacio”lago como

Así empezaba la primera carta que Romano Guardini escribió a un amigo suyo y que dio origen a un intercambio epistolar que duraría más de dos años. Ya se pueden ver esbozadas sus grandes preocupaciones y las grandes ideas que luego tomarían forma en “El ocaso de la Edad Moderna” y “El Poder”. En el precioso entorno del lago Como Guardini reflexiona sobre la relación que tiene el hombre con la naturaleza y con su propio destino. Con un lenguaje sencillo, dirigido a un amigo, observa con sus propios ojos un mundo que se perdía y otro que aparecía. El juicio histórico era inevitable y desde entonces sería su preocupación constante, ¿a dónde vamos? ¿qué estamos perdiendo por el camino y qué estamos ganando?

La cultura, tal y como se había concebido durante siglos, “vivía en estrecha dependencia de la naturaleza, y ésta se hallaba ligada vitalmente al mundo de lo humano”. Los pueblos pequeños se integraban en la naturaleza, y los campos de cultivo y los modos de vida del hombre se identificaban con el paisaje como viva imagen de una cultura humana y natural. Pero todo esto, constataba Guardini, “está a punto de perecer”: “me doy perfecta cuenta que va a surgir un mundo en el que el hombre no podrá ya sobrevivir, un mundo deshumanizado por doquier”.

La técnica, que aparecía a sus ojos como una ruidosa motocicleta quebrando el silencio del valle, o como una chimenea que rompía la silueta dominante de un viejo campanario, o un ruidoso barco partiendo en dos el espejo del lago, marca el inicio de un nuevo mundo, de una cultura que ya está estrechamente vinculada a la naturaleza, “se han quebrado los lazos que nos unían a ella”. Preguntaba a su amigo: “¿te das cuenta que con esto se ha perdido algo decisivo?”.

Pero inteligentemente ya veía que, en el fondo, toda cultura supone una distancia con lo inmediato y, por tanto, con la naturaleza, porque “toda cultura exige un precio que consiste en la renuncia a la vitalidad espontánea, a la realidad viviente”. Aunque se paga con sangre, como dice Guardini, el hombre es incapaz de renunciar a profundizar en la esencia de la realidad, avanzando en un doloroso camino hacia lo universal (tema que desarrollará en “El Contraste”). El paso es decisivo porque le desvincula de lo viviente, de lo real y concreto, porque lo abstracto y lo conceptual no son espíritu, no tienen vida. Conocemos mediante conceptos, y los conceptos no tienen vida, “lo que el concepto es para el conocimiento de las cosas, el mecanismo, el instrumento, la máquina lo son para una empresa práctica”. “La máquina, escribe Guardini, es un concepto de acero”. Toda cultura es un camino de abstracción, siempre ha sido así, pero el impulso que ha recibido en la modernidad, animado por la técnica, ha desplazado definitivamente el equilibrio entre naturaleza y cultura, dejando a este última en un lugar marginal.hombre máquina

La pregunta, entonces, es radical: ¿a dónde vamos? Una posible respuesta es hacia la aniquilación del hombre por la máquina (basta ver el sinfín de películas apocalípticas sobre el fin del hombre). Guardini no se conforma con esta respuesta y plantea otra pregunta: “¿En medio de este mundo caótico se esconde un nuevo orden? ¿puede la vida permanecer floreciente en medio de este sistema?”.

Dando por hecho que la gran rueda de la técnica ha destruido, o pronto lo hará, todas las relaciones naturales del hombre con su entorno, Guardini piensa que “el hombre deberá tomar en su vida como punto de partida y de apoyo todo lugar en que se revele el nuevo orden marcado por las fuerzas liberadas”. “Perdemos irremisiblemente la batalla por la cultura viviente si queremos permanecer en las primitivas posiciones de otros tiempos, y sentiremos un profundo desconcierto frente a la cultura antigua”. “No debemos oponernos a todo lo nuevo esforzándonos por conservar un mundo de infinita belleza que está a punto de perecer. Ni, por el contrario, debemos esforzarnos en crear un mundo nuevo, impulsados por un afán quimérico, al margen de la realidad”. El tiempo que nos ha tocado vivir es el suelo sobre el que podemos crecer, no otro, ni pasado ni quimérico, solo presente. Y lo que somos cada uno de nosotros se mide exclusivamente en la actitud que tenemos ante el tiempo.

No es una renuncia, es un reto. La técnica no es mala ni anticristiana. “La ciencia, la técnica y todo cuanto procede de ambos ha sido posible gracias al cristianismo”. Solo el cristiano, dice Guardini, puede librarse de los lazos de la naturaleza, y solo un hombre así, verdaderamente libre, puede “adoptar una resolución tan extrema que lo ha de conducir a dominar la ciencia moderna (este es el tema de “El Poder”). El reto que se nos presenta, y que exige del hombre un ejercicio de libertad como nunca antes se había presentado,  es el “conquistar el dominio de estas fuerzas desencadenadas para forjar con ellas un orden nuevo, profundamente vinculado al hombre”.chagall

Dado que la cultura auténtica no se arraiga en el saber, sino en el ser, no se trata de que el hombre contemporáneo “sepa” más, sino de que “sea” más., de que sea profundamente él. El centro de gravedad, hoy, se encuentra en la persona, es una realidad histórica, y “para encumbrar al individuo hasta ese rango, lo cual constituye el espíritu de los tiempos nuevos, ha sido preciso sacrificar la verdadera cultura”. El individuo es nuevo porque nuevo es su contexto, radicalmente nuevo, tanto, que debemos empezar a hablar sin miedo de una nueva época. Esto produce desconcierto, pero es evidente que hemos abandonado ya hace tiempo el mundo de ayer y que hemos de pensarnos en el nuevo presente. “Tengo la persuasión, dice Guardini, que se está elaborando un nuevo tipo común. Diferente del de la antigüedad; diferente del de la Edad Media, y fundamentalmente diferente del que correspondía al Humanismo, Clasicismo y Romanticismo. Este nuevo tipo está en armonía con aquel nuevo orden de cosas del que hemos hablado ya, en consonancia con aquel nuevo plano de profundidad abierto en lo más íntimo del ser humano (este es el gran tema de “El ocaso de la Edad Moderna”).

Ni en sus cartas, ni en sus escritos, da una solución, porque no la hay, porque el único reclamo que nos hace el presente, es responder personalmente a las circunstancias particulares. Ve que una nueva vida empieza a brotar en el hombre, nada más, y ve que sería insensato ahogarla en lágrimas de lamento. La última carta acaba así: “La historia, partiendo de sus orígenes sigue su curso, y hemos de estar preparados, poniendo nuestra confianza en lo que Dios hace y en las fuerzas que Él ha depositado en nosotros y cuya actividad sentimos”.

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Un comentario el ““Cartas del lago Como”. Romano Guardini

  1. Interessante e bem articulada a análise deste sacerdote.Não o conhecia.Ouvi algo sobre ele por meio de um vídeo.Ele também foi bastante citado na Laudato Si.

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