Rémi Brague. “La vía romana”

Rémi Brague “Europa, la vía romana”, edición preparada por Juan Miguel Palacios. Madrid, Gredos, 1995, pp. 147.

Ensayo escrito en 1992 y traducido al español en 1995  en una cuidada edición de Juan Miguel Palacios, ha tenido un formidable éxito internacional y numerosas críticas y observaciones. No cabe duda de que es ya un clásico contemporáneo y de que su autor es uno de los personajes culturales de referencia.via romana

No obstante su merecida fama, son muchos los que lo han criticado y sospechamos que pocos han podido comprender la verdadera naturaleza del ensayo. No se trata de un compendio de derecho romano ni de una historia de la civilización occidental, sino que es un ejercicio modesto y atrevido sobre el sentido de la historia europea. Como Ranke y otros grandes del pensamiento histórico, entiende que Europa se ha jugado siempre su destino en la tensión entre lo temporal y lo espiritual: “Europa –señala Brague– ha de seguir siendo, o volver a ser, el lugar de la separación de lo temporal y lo espiritual, más aun, de la paz entre ellos”. Europa se ha configurado históricamente por la polaridad entre religión y política, Iglesia y Estado, Papado e Imperio, etc., y esto es lo que la ha hecho original y rica, como ya antes señalara Luis Diez del Corral en el clásico “El rapto de Europa”.

Uno de los aspectos que hacen más interesante el libro es el de señalar que Europa hoy debe volver a ser el lugar en el que acontezca la fecunda relación entre religión y política y, lo que es aun más importante, porque está cambiando el paradigma establecido en la modernidad tan claramente formulado por Hobbes. El Estado, por agotamiento histórico, ha dejado de ser el mediador entre lo espiritual y lo temporal y, de un modo alarmante, vemos surgir con fuerza nuevas religiones seculares que concentran en un solo polo religión y política. La confusión de los términos puede ser oriental, puede ser pagana, puede ser antigua, pero no puede ser europea, o Europa dejaría de ser lo que es. Europa se ha hecho y vive por la tensión polar entre el poder espiritual y el poder temporal. Es una polaridad que genera tensión y movimiento. Si se rompe, entonces se corta de raíz la riqueza cultural que mantiene viva a Europa.

Rémi Brague atribuye esta particularidad europea al genio romano, porque Europa no es solo Atenas y Jerusalén, también es Roma y principalmente Roma. No por sus ideas ni exclusivamente por su derecho (original y extraordinaria creación romana), sino por su actitud, porque para Brague Roma es, sobre todo, una “actitud”. Roma fue capaz de hacer suyos contenidos de otros y transmitirlos. “La estructura de transmisión de un contenido que no es suyo propio, he aquí, justamente, el verdadero contenido.” Roma se entiende como continuadora de Grecia y conquistadora de bárbaros, es decir, menos que Grecia y más que los “otros”. Y en este “menos y más” Roma avanza por el espacio y por el tiempo formando una realidad histórica única, una civilización. imperio romano

“Los romanos no han hecho sino transmitir, pero esto no es poca cosa”. Algunos esto lo han entendido como hacer de menos a Roma, cuando en realidad lo que está diciendo el autor es que, en términos cristianos, la humildad, “hacerse humus”, es la verdadera potencia humana. Hacerse menos para que algo, otra cosa, germine en nosotros y se haga árbol. Roma tuvo esta virtud y pudo transmitir y crear una civilización, la europea, mientras que Grecia, por ejemplo, murió de rigidez. Por eso afirma Brague que “en el mundo cristiano el fenómeno de la secundariedad se encuentra en la relación con lo Absoluto y me parece –dice el autor- que la secundariedad es la que, a este nivel fundamental, singulariza a Europa”. Esta es la “vía romana”, el camino de la secundariedad, la actitud humilde que ha generado a lo largo del tiempo a Europa y lo que le ha permitido entrar en contacto con otras culturas impregnándose de ellas hasta un momento dado en el que parece que se empiezó a desgastar esta idea. El siglo XIX vio aparecer la primacía de Europa, y con ella el mal llamado “imperialismo cultural”, el colonialismo, las dos Grandes Guerras y la rigidez cultural de un continente que se ha vuelto viejo. “El sueño de la filología era el de hacernos volver a ser griegos. Tal sueño se ha realizado. Pero de manera irónica. Hemos querido saltar por encima de los romanos para llegar a ser nosotros mismos los modelos de cultura (…) Nos hemos vuelto así bárbaros, y no ya bárbaros helenizados, sino griegos barbarizados, sólo conscientes a medias de su propia barbarie”.embarazada

La pregunta histórica es, pues, si la modernidad ha supuesto un peligro para Europa. La respuesta está en otra pregunta que se hace el autor de modo polémico: “¿Somos aun romanos?”. El peligro está en la pérdida de potencial que ha configurado Europa y en la creencia de que la universalidad de la que ella es portadora sea “una particularidad local válida sólo para ella y que no tiene que extenderse a otras culturas”. Europa debe recordar la dignidad de la verdad que porta en su seno, y la “indignidad respecto de aquello de lo que ella no es más que mensajera y servidora”.

La tesis de Brague no es, por tanto, la de la dialéctica del progreso (o la involución), sino la de una verdad histórica mucho más aguda: “la Antigua Alianza no es un pasado del que nos alejaríamos, sino un fundamento permanente”. Europa es (y debe seguir siéndolo) una tensión polar entre lo temporal y lo espiritual.

Armando Zerolo Durán

Profesor Derecho y Ciencia Política USP-CEU

Anuncios

Leopold von Ranke. “Sobre las épocas de la Historia moderna”

Ranke - portada CEPCLeopold von Ranke. “Sobre las épocas de la Historia moderna”, edición preparada por Dalmacio Negro Pavón. Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2015, pp. 448. 

Ignacio Álvarez O’Dogherty, doctorando de la Universidad CEU San Pablo

Es muy claro que el hombre de hoy, nosotros, tenemos por lo general un gran problema con la cuestión de la comprensión o explicación de eso que llamamos Historia, así, con mayúsculas. Parece como si no hubiésemos hecho otra cosa que heredar una pesada carga de los antepasados, una especie de legado descomunal que exige de un gran esfuerzo ya sólo para poder comprenderlo y en nuestras manos se jugase, además, el destino de las próximas generaciones. A ello podemos decir: no es del todo cierto, no es del todo falso.

La línea que separa un extremo de otro, por así decir, resulta confusa para muchos de nosotros y, sin embargo, solo empieza a trazarse cuando se enfoca partiendo de una respuesta muy personal, pues la historia, así como el poder, son fenómenos específicamente humanos, como diría Guardini, y ambos parece que se nos han vuelto problemáticos.

Corona Carlomagno

Famosa corona de Carlomagno

No en vano han de relacionarse poder e Historia, pues el dualismo existencial en el que estamos normalmente envueltos procede en buena medida de una maraña tejida entre ambos. Se ve muy claramente cuando se dice aquello de que “el hombre hace la Historia”, participado o entregándose a ella, como hacía Calígula en la obra teatral de Camus en un apoteósico final. Ahora bien, la Historia no es ningún bicho, no es un monstruo devorador ni algo así como un potro salvaje que cabalgar; estrictamente hablando, la Historia es lo que ha sucedido, son los hechos ocurridos, y el hombre no hace más que vivir en la Historia, estar en medio de ella. Posee de suyo una riqueza inabarcable, no circunscrita a reducciones de distinto tipo: “no se deja encasillar en adagios proféticos, ni respecto al pasado ni respecto al futuro; y menos aún según fórmulas matemáticas. No pertenece ni a Nostradamos, ni a Karl Marx, ni a los algebristas” dice en un escolio D. Dalmacio Negro.

Y es que el problema en este sentido se abre cuando, por ejemplo, nos hacemos la pregunta acerca del sentido de la Historia, que es perfectamente legítima, pero que, precisamente por ese fallo de querer entender la Historia en un sentido absoluto, casi como concepto, cae en el primero de los errores  de método histórico como es el historismo, que no hace sino tratar de sacar una idea, eîdos, de un época o momento. Una especie de búsqueda de la forma, Gestalt, de ciertos conjuntos históricos (el primero quizás en haberse hecho esta pregunta fue el famoso monje tardomedieval Joaquín de Fiore, cuya pregunta tuvo consecuencias verdaderamente insospechadas y tremendamente actuales). Y tras él, ante la pretensión de que esa Historia nos llevase a alguna parte más adelante, ante ese eîdos siempre por llegar, podemos darle una coherencia interna al conjunto, explicando el camino trazado o a trazar mediante el historicismo, cara de la misma moneda que el historismo.

Leopold_von_Ranke

Leopold von Ranke

Y de este modo es cierto que para una solución a la pregunta del poder del hombre en el mundo cabe empezar, cuanto menos, por darle un enfoque adecuado, y para ello un historiador muy recomendable, librado además de la Gestalt romántica de su época, muy pegado a lo político y a sus necesarias tensiones, es Leopold von Ranke.

Este Sobre las épocas de la Historia moderna constituye una sorprendente síntesis, un resumen en muy pocas páginas, de la historia de Europa desde sus orígenes romanos hasta la época de las Revoluciones norteamericana y francesa, pasando por el desarrollo del Imperio en la Edad Media, la Querella de Investiduras con el Papado, las rupturas de los poderes temporales con el poder espiritual, el alzamiento de las Monarquías estatales y la Reforma protestante. El historiador alemán cuenta con el rigor de los acontecimientos cómo se ha ido orquestando esa polifonía política que es Europa, de la que siempre decía que era un Estado de Naciones. Lo hace centrado en su clave política, sabedor de que la tensión con el poder espiritual forma parte precisamente, se entienda o no, de su naturaleza. Así confiesa, por ejemplo, en conversación con su discípulo el Rey Maximiliano II de Baviera, para quien fueron impartidas estas lecciones, que la tensión fundamental en el momento de entonces, mediados del s.XIX, se jugaba entre los principios del legitimismo monárquico y el de la soberanía popular, alertando asimismo de los peligros de las nuevas religiones de la política: “de lo único que hay que pedir a Dios que nos guarde es de las revoluciones sociales”.

La clave de Ranke es su conjugación de las ideas que imperan en un momento de la Historia junto con las fuerzas vitales que las encarnan, de eso que llama las tendencias históricas, que conviven unas y otras en un mismo tiempo, e individuos que actúan en el mundo conforme a ellas. Así el Estado, por ejemplo, es una estructura de carácter histórico -y, por cierto, muy cristiana- que arrastra consigo, como estructura política, una serie de ideas o concepciones del mundo que también le sirven de sustento. Por eso resultan interesantes al mismo tiempo las numerosas notas de esta nueva edición reeditada por el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, con las que Dalmacio Negro y su explicación del Estado va contrastando el discurrir histórico narrado por el alemán. Unos apuntes que remiten por otra parte precisamente a su libro Historia de las formas del Estado.

Orbis terrarum 2

Es tan cierto que hoy lo político ha sido ya tan indiscutiblemente sustituido por lo “social” (muchos se sienten “cansados” por ello) que resultan esclarecedoras y muy gratificantes obras como la de Ranke, centradas en la historia de lo puramente político, en sus connaturales tensiones con lo espiritual y en ese misterio contenido en eso que llamamos el carácter de los pueblos. Porque la Historia no debe cansar, sino a lo sumo enseñar e inspirar, pues la respuesta es de cada tiempo, en medio de las nuevas tendencias, que pueden llegar ser tan omnímodas y aniquiladoras de lo humano como el propio pasado reciente ha podido demostrar.

Coloquio sobre el “Individuo sin individualidad”. Capograssi.

Coloquio sobre el libro de Giuseppe Capograssi, El individuo sin individualidad, recientemente editado por Encuentro, que tendrá lugar el

 jueves 8 de Octubre, a las 19.30 h,

en la Sala de Juntas de la Facultad de Derecho de la Complutense (nada más entrar en el hall principal, a la izquierda).

Coordinado por Ana Llano y Armando Zerolo, ambos profesores del área de Filosofía del Derecho y socios de Universitas, contará con la presencia de:

– Juan José García Norro, Catedrático de Metafísica y Teoría del Conocimiento en la

Universidad Complutense de Madrid

– Prado Esteban, Educadora infantil y escritora comprometida con los derechos de la mujer

– David Blázquez, Director de Programas de “Aspen Institute” en España

En muy pocas y lúcidas páginas, El individuo sin individualidad describe nuestro tiempo como “una época de desaparición del yo” y, tras sostener que recuperar la individualidad es “el único problema de nuestra historia”, concluye: “cuanto más aumente el número de individuos… que lleguen a redescubrir y custodiar su corazón… más crecerán las posibilidades de salvación”.

Esperamos que sea de su interés.