“La Atlántida roja. El fin del comunismo en Europa.” Luigi Geninazzi

Hay una pequeña historia de Europa que está aún por escribir, la del fin del Estado Soviético en los países satélites “del este”. Varsovia, Moscú, Budapest, Berlín, Praga, Sofía y Bucarest fueron los escenarios de un drama al que Europa occidental prestó poca atención y que, por esa razón, aun sigue sin comprender muy bien. El interés de este pequeño relato histórico de uno de los periodistas mejor documentados, Luigi Geninazzi, reside en la información que aporta de primera mano y en su interpretación que nos puede ayudar a los “occidentales” a comprender nuestro propio proceso de disolución nacional.

Lech Walesa, en el prólogo escrito a propósito para este libro, dice: “cada vez que me preguntan quién hizo caer el comunismo en la Europa del Este suelo responder que el mérito corresponde en el 50% a Juan Pablo II, en un 30% a Solidarnosc y el resto se lo reparten Reagan, Kohl y Gorbachov.” Es su opinión y esta historia está todavía por hacer, pero aporta un juicio histórico al que aquí en la vieja Europa hemos prestado poca atención, y es que la Iglesia, también entendida como el conjunto de personas libres con una fe personal, jugó un papel determinante.juan_pablo_ii_plaza_victoria_1979

La historia de este libro comienza en Danzig en 1980, en la ciudad donde comenzó la Segunda Guerra Mundial. “Los del mono azul contra el régimen rojo”, una huelga en los astilleros Lenin que amenazaba con acabar, como así sucedió 10 años antes, con un baño de sangre. Se atrincheraron en las fábricas y esperaron la negociación por un aumento salarial que les permitiese comprar los alimentos básicos. En poco tiempo todos los astilleros del litoral báltico estaban también en huelga y la agitación se extendió por toda Polonia. Geninazzi cuenta, en primera persona, cómo veía pasar el tiempo a los obreros: jugando a las cartas, escribiendo poemas, con la dignidad del que luchaba por su pan y por su libertad. A las cinco de la tarde, todos los días, un rato de oración. Y así se fraguó una nueva revolución, una nueva forma de cambiar las cosas. Lech Walesa cuenta cómo intentaron acabar con el comunismo y qué fue lo que realmente triunfó: “En los años 50 alguno lo intentó con las armas, pero perdió la vida por manifiesta inferioridad. En los años 60 y 70 intentamos salir a la calle para hacer oír nuestra protesta, pero nos silenciaron con la fuerza. Hemos buscado varias soluciones, pedimos consejo a los políticos e intelectuales de occidente. Pero ninguno de ellos creía que fuese posible la caída del Imperio soviético. Luego llegó nuestro papa, el papa polaco, y descubrimos que hay algo más fuerte que los carros de combate y los misiles atómicos. Juan Pablo II apeló a los recursos espirituales y a la fe de nuestro pueblo y nos pidió que no tuviéramos miedo.”

Polonia primero, Checoslovaquia después, donde el comunismo adoptó un rostro especialmente duro cuando en 1948 los comunistas tomaron el poder y reprendieron con dureza al pueblo y a la Iglesia, con más de 400 campos de concentración en los años 50, y la terrible represión de 1968 que sofocó la Primavera de Praga. En los 80 algo se mueve y sacude el sistema. Se firma la “Carta 77” que reclama el respeto de los derechos políticos, civiles y sociales más elementales. Vaclav Havel es la figura más destacada de este movimiento que pronto recogió miles de adhesiones y que vio en “Solidaridad” un ejemplo alentador.” El pontificado de Juan Pablo II representó una esperanza de cambio para todos los creyentes del Este de Europa”. Cuando el papa se presentó en 1979 como “el papa eslavo”, su primer saludo fue para los hermanos checos y eslovacos. Las relaciones entre la Iglesia y el Estado estaban cambiando y las manifestaciones públicas de la fe empezaban a ser inevitables. La conmemoración del aniversario de los santos Cirilo y Metodio fue acogida por más de 200 mil fieles. Checoslovaquia resurgirá.

Alemania Oriental en 1986 fue el siguiente peldaño en la escalera hacia la emancipación del comunismo. Estaba punto de caer el muro de la vergüenza y nadie parecía adivinarlo. La bandera de la protesta, “abandonada por la Iglesia protestante, la recupera la Iglesia católica, debidamente minoritaria pero combativa”. El episcopado condenó con firmeza las decisiones del gobierno y se opuso con firmeza al intento de convertir a los sacerdotes en funcionarios. Era el año 1987 y el concierto de Génesis en la Puerta de Brandemburgo se escuchaba en la Alemania Oriental. Los gritos de “Gorby, Gorby” resuenan entre la multitud de la DDR y después, un aullido general: “¡Abrid la Puerta, derribad el Muro!”.

muro de berlín

En 1987 Rumanía sufre la oscuridad, el hambre y el terror, según Geninazzi. No solo los alimentos, también la energía estaba racionada y, tal era la situación, que se envidiaba a Polonia. Ceausescu, el sátrapa rumano, tenía hundido en la miseria a su pueblo y la tensión estaba a punto de hacer saltar por los aires al gobierno. Dos años después, en 1989, una “conspiración disfrazada de revolución”, acabó con el gobierno entre baños de sangre y violencia generalizada. Es una historia aun hoy poco conocida y que el autor se esfuerza en tomar desde el principio.

1989 será el año en que “la historia empiece a correr”. Los acontecimientos se precipitaron con resultados de sobra conocidos. El mérito de Luigi Geninazzi es relatarnos con un ameno y pulcro estilo periodístico unos hechos vividos en primera persona que muestran cómo el sistema de hierro soviético no colapsó, como hundido por su propia debilidad, sino que fue la fuerza espiritual de un pueblo valiente, acompañado por un papa profeta, lo que posibilitó el cambio y la futura reconstrucción. Como dijo Juan Pablo II el 13 de enero de 1989, “en países donde durante años un partido ha dictado la verdad en la que creer y el sentido que dar a la historia, estos hermanos han demostrado que no es posible ahogar las libertades fundamentales que dan sentido a la vida del hombre”.

Casi 30 años después la historia continúa y, como señala Walesa, “sobre las ruinas del comunismo ha nacido un capitalismo de nuevo cuño, totalizante y agresivo”. Es un reto que el ejemplo de solidaridad nacido en los años 80 puede ayudar a afrontar. Está claro que la tecnocracia y las estructuras por sí solas no nos darán la solución y la Europa “occidental” tiene mucho que aprender de la historia de los pueblos del este.

“La Atlántida roja. El fin del comunismo en Europa.” Luigi Geninazzi. Rialp, Madrid, 2014

Por Armando Zerolo

USP-CEU Madrid

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