Cat “indepe”: un caso de suicidio asistido

Por Jorge Sánchez de Castro
Algunos lectores me preguntan si el problema catalán es un ejemplo de uno de los supuestos de la teoría de la acción colectiva: el “juego del gallina”, hasta hace bien poco el pariente pobre de la familia (“nadie ha utilizado el “juego del gallina” para analizar una situación política” -me dijo hace años el profesor Miguel Anxo Bastos-, gran conocedor de la teoría de juegos).
Pues bien, es evidente que sí.
Y para justificar mi afirmación es inevitable que cite alguno de los artículos de este blog, dedicado al análisis de las que considero las dos claves con las que interpretar la política contemporánea: el Estado Caníbal y el “juego del gallina”. *
En un artículo de abril de 2012 caracterice la política de las entidades regionales en su trato con el Gobierno central como una partida ininterrumpida del diabólico juego.
En pocas palabras, se trata una carrera entre dos vehículos donde la meta es un acantilado, en la que el ganador es quien se detiene más tarde y el perdedor el que primero se retire.
En el “juego del gallina” los actores parten de la premisa de que no tienen miedo al abismo. Es más, prefieren morir cayendo al barranco antes que ser derrotados, pues se considera más honroso perder la vida en la defensa de los objetivos que salvarla a costa de traicionarlos.
El que decide participar en este juego siempre gana: lo hace cuando logra lo que pretendía, pero también gana cuando pierde, pues cree morir como un héroe.
En el referido post de 2012 pronosticaba lo inevitable, esto es, que llegaría un momento en que una Comunidad Autónoma plantearía la independencia sí o sí (secesión o muerte).
El actual órdago “indepe” es la partida definitiva del “juego del gallina” que vienen practicando los nacionalistas periféricos desde hace décadas.
Ahora bien, hace cinco años expuse que el Gobierno sólo tendría la opción de impedir el juego o permitir su continuación, con el riesgo en éste último caso de que todo acabe en el despeñadero.
Sin embargo, he de decir que el Gobierno de Rajoy ha dado una vuelta de tuerca inesperada al juego y ha encontrado una fórmula inédita para contrarrestarle: el suicidio asistido.

El Gobierno asiste al suicida
Por extraño que nos parezca, la muerte se ha convertido en un bien a proteger.
Véase la eutanasia y el suicidio asistido.
La secesión de un país no deja de ser un ejemplo de “buena muerte” para los defensores del hasta ahora desconocido “derecho a decidir” cualquier cosa. En el caso que nos ocupa, la muerte de una nación.

No obstante, la eutanasia y el suicidio asistido suponen dos relaciones jurídicas con posiciones subjetivas radicalmente distintas.

Dejemos la eutanasia para otro día, y centrémonos en analizar si puede aplicarse el concepto jurídico de suicidio asistido para interpretar la forma en que el Gobierno está tratando la sedición planteada mediante el “juego del gallina”.

En el suicidio asistido es el propio sujeto que busca la muerte quien se la provoca a sí mismo, pero con la ayuda de otro que le proporciona los medios que necesita.

Bajo esta hipótesis no existen “derechos” de uno y “deberes” de un tercero, sino “privilegio” o “libertad” de morir de uno (secesión) y “no derecho” de impedirlo por parte de nadie (ni siquiera el Estado).
Este supuesto es obvio que no puede estar previsto en la Carta Magna, pues un texto jurídico no puede regular un “no derecho” ni tampoco la libertad de hacer lo que no está prohibido (suicidarse, morir).
Desde hace cuarenta años determinados grupos dirigentes de algunas regiones del país se consideraron con el privilegio de separarse como posibilidad política.
Esta libertad o privilegio siempre fue considerada por los distintos Gobiernos de turno, no un derecho político sino un “deseo” de suicidarse.
Se pensó que no tenían “derecho” a separarse pero sí “libertad” de suicidarse.
Esta es la clave que explica lo ocurrido hasta ahora y la táctica del Gobierno Rajoy para tratar el problema en el momento en que escribo.
Cuando los “indepes” plantean su “derecho a decidir” mediante el “juego del gallina” (“o me lo das o me mato”) no lo hacen exigiendo un derecho “político” que saben que no tienen (asumen que el referéndum fue ilegal), sino como la reivindicación de un supuesto derecho “moral”.
Lo novedoso de la circunstancia es que el Gobierno cuadra el círculo: reconoce a los “indepes” la libertad de suicidarse y les proporciona los medios para que su iniciativa tenga éxito despeñándose de una vez por todas. Es el suicidio asistido.
De esta manera logra evitar el conflicto por el sencillo procedimiento de hacer que se cumplan sus deseos, esto es, morir.
Sólo desde este punto de vista cabe interpretar todos los movimientos del Gobierno desde que la Comunidad Autónoma de Cataluña decidió suicidarse: intervención del presupuesto autonómico y embargo de cuentas, facilitar la salida de Cataluña de toda la estructura empresarial, “muerte civil” mediante inhabilitación y multas para los dirigentes y funcionarios “indepes”, aislamiento internacional, imposibilidad de financiar deuda.
En suma, el Gobierno no ha impedido al coche suicida que lleva “jugando al gallina” desde hace décadas que siga haciéndolo. No ha considerado útil aplicar hasta ahora los artículos de legítima defensa (155 y 116) que le otorga la Constitución para neutralizar el “juego del gallina”, sino que ha puesto todos los medios para que el suicidio se consume.

Y lo hace reservándose todos las herramientas para proteger a los que no se quieren suicidar, por ejemplo, trasladando a Cataluña a Policía Nacional y Guardia Civil, facilitando una “pasarela” para que los “mossos” que quieran puedan incorporarse a aquéllos cuerpos, garantizando las nóminas de los funcionarios leales y la financiación de los servicios públicos.

Ignoro si Rajoy y su Gobierno son conscientes de lo que hacen, pero el tratamiento del problema de la sedición vía “juego del gallina” como un supuesto de suicidio asistido, supone un evidente hito teórico y práctico que coloca el temible juego en un marco de resolución completamente insospechado.

* Juego del gallina: Comprenderán al instante a lo que me refiero si recuerdan a James Dean en “Rebelde sin causa” celebrar con otro joven una carrera de coches en dirección al vacío de un acantilado. El motivo de la disputa era acreditar quién era el más valiente, y el ganador resultaba ser quien frenaba más tarde, el último que se arrojaba del coche justo al límite del precipicio. El que tomaba antes la prudente decisión de parar era el perdedor, “el gallina”…, salvo que el vencedor se despeñase al abismo.



CODA NEGOCIADORA: 
Aunque los dialogantes merecen artículo aparte, sólo un breve recuerdo para ellos.
Negociar con el suicida significa continuar participando en nuevas partidas del “juego del gallina”.
Conviene recordar que éste sencillo juego es el que nos ha llevado hasta aquí.
Por tanto, el diálogo con el rebelde ya no sería “suicidio asistido” sino suicido compartido, suicidio al cuadrado, multisuicidio.

Fuente: http://elunicoparaisoeselfiscal.blogspot.com.es/2017/10/cataluna-un-caso-de-suicidio-asistido.html
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de seminarioestudiosldc Publicado en Estado

Un comentario el “Cat “indepe”: un caso de suicidio asistido

  1. Los hechos son que no hay dos conductores en dos coches, el tren estatal, es uno. Y el maquinista, puede manejar el tren como le parezca, o simplemente no conducir, que es lo que hace Mariano. Sin embargo, el vagón que ocupan los sediciosos, es prestado y en cualquier momento, pasa la pareja de la guardia civil y pone orden. Puede cundir el pánico, tras los muchos desmanes ocurridos en dicho vagón, y tirarse ( o “caerse” ) algún ocupante por la ventanilla. Sin mayor problema por lo que se refiere al inexistente precipicio.

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