Eric Voegelin. “La nueva ciencia de la política”

Portada VoegelinEric Voegelin. “La nueva ciencia de la política”. Buenos Aires, Katz editores, 2006, pp. 234. 

Ignacio Álvarez O’Dogherty, doctorando de la Universidad CEU San Pablo

Tremendo el esfuerzo de síntesis que el profesor Voegelin realiza en esta obra que aglutina una serie de conferencias dadas por él a comienzo de los años 50 en una fundación norteamericana en Luisiana. Tremendo también por la claridad con la que expone un tema no siempre fácilmente explicable ni cognoscible hoy día, como es el de acercarse a la base, sustrato o sustancia fundamental sobre la que se orienta y asienta la política moderna, la política de nuestros días.

Voegelin es un hombre profundamente marcado por su tiempo. Cuando tendría unos treinta años, vio a su país transformarse por la ascensión del nacionalsocialismo, poco a poco contemplaba como símbolos de cruces gamadas, brazos alzados, movimientos de masas y discursos enfebrecidos con promesas mesiánicas acompañaban el alzamiento de un país antes de salir a la guerra; el movimiento de una Nación entera en aras de algo que trascendía a la mera política per se.

Faraón coronado con los dioses

Faraón como ejemplo de alguien a la altura de los dioses tras su coronación

Para este alemán la premisa es de nuevo la misma: no hay política sin religión, no se da lo profano sin lo sagrado o, en términos más cristianos si se quiere, no se entiende lo temporal sin lo espiritual. El trasfondo y la investigación van en este sentido. De esta manera, para lograr una mirada justa sobre la política, para no quedar en meros análisis geoestratégicos en los que gana el más fuerte, la voluntad de poder, hay que parar mientes para ir más lejos. Esa anchura y profundidad que ha constituido al mismo tiempo la crítica más radical a la política, lo que más ha podido desvencijarla en partes, ha sido la revolución ascética de la antigüedad. Así, siguiendo un poco el pensamiento de Jaspers, por quien se ve influido, Voegelin afirma que el momento crucial de la humanidad, ese ‘tiempo eje’ sobre el que se expanden los límites de lo humano y, por ende, de lo político, tuvo lugar sobre todo cuando se produjo en la historia la máxima dilatación del alma humana, la amplitud de las dimensiones de lo espiritual, la apertura del hombre su profundización de la trascendencia. Algo que empieza concretamente en tiempo en el que, como si de un “cajón histórico” se tratase, confluyen a la vez, entre los siglos IV y IX a.C., los filósofos griegos, Confuncio y Lao-Tsé, los uphanishads hindúes, Buda y los profetas de Israel.

Coronación del emperador japonés en 1928

El traje de coronación del emperador japonés Hirohito, fiel a su tradición de instrumento divino aún en 1928

La serie de charlas en que consiste este libro fueron dadas por el profesor alemán dentro de un ciclo denominado “Verdad y representación”, que hacen justa mención a las dos ideas fundamentales que estructuran todo el discurso: por un lado, la verdad como conocimiento auténtico y libre de la trascendencia como realidad de realidades del hombre en este mundo, y por otro, la verdad que representa la política, basada siempre en una concepción determinada de lo divino, esto es, en una idea del cosmos, que el gobierno ha de afirmar, custodiar y representar. Son dos conceptos que no es que hubieran de estar enfrentados en la antigüedad sino más bien al contrario, intentaban ir de la mano en todo momento. Tal es el caso prototípico de la famosa realeza divina, del rey-sacerdote como eje del universo (axis mundi), en el que vemos a la persona del monarca intentando encarnar lo sagrado en sus actos, decisiones o incluso su vestimenta, poniéndose a su servicio como el mejor de los instrumentos posible; o todavía por ejemplo el paradigma de la tragedia para el antiguo mundo heleno, en el que ésta servía, no como un medio de distracción, educación o esparcimiento ocasional en la vida de un griego, sino como el lugar de la catarsis de todo un pueblo y sus gobiernos frente a su común destino; el lugar en el que la conciencia humana se actualizaba en tiempos de paz.

Soteriología política

A pesar de todo, señala Voegelin, hay que considerar que si la primera separación entre la verdad representada por la política como cosmología y la verdad natural-antropológica dio comienzo con ese nuevo tiempo-eje que sacudió los cimientos existenciales de la mitología antigüa y su política, en ese largo y único periodo de desarrollo de la conciencia humana, la desdivinización del mundo acometida por el cristianismo fue y ha sido sin embargo, para el enfrentamiento entre la idea de “verdad” y la de “representación”, la revolución de las revoluciones. Pues es cierto que este enfrentamiento entre la “verdad” de la filosofía y la “representación” política alcanza un auténtico e inesperado punto álgido de inflexión durante aquellos primeros siglos de experiencia cristiana y las consiguientes andanzas de los primeros cristianos frente a una de las doctrinas políticas representativas más sólidas de la historia, como era la del imperium romano.

Emperados Constantino en una imagen alegórica

Emperador Constantino en una imagen alegórica sobre la conversión futura del Imperio

La Fe en Jesucristo inaugura así, primero, una nueva consciencia en el hombre consistente en una reciprocidad efectiva y operativa con un Dios personal que le lleva más allá de sus límites y, después, somete a la política a una transformación insospechada, sacándola del primer plano para ponerla en relación con la Ciudad de Dios en la Tierra que sería la Iglesia, cuya misión es en buena medida la de preservar y colaborar en pro de la verdad del hombre y de su destino, en una continua tensión escatológica consecuencia de los “nuevos cielos y la nueva tierra” (Ap 21). Es este nuevo eskathon cristiano el que ha introducido un nuevo tipo de verdad que es muy particularmente destacada por Eric Voegelin en toda su obra: la verdad soteriológica, referente a la salvación del hombre aquí y en el más allá, caracterizada por esa desaprensión humana y radical compromiso divino que constituyen la Fe en un Dios personal y Trinitario.

El error en que caen muchos estudiosos contemporáneos como el mismo Jaspers, es olvidar que este tipo de conocimiento divino y humano soteriológico es el que ha transformado el alma humana, su destino, su historia y, por ende, también a la política contemporánea, rebosante en todos sus poros de esta soteriología que, lejos de la Fe custodiada por la Iglesia, fuera de la razonabilidad del método cristiano, se convierte en una derivación del espiritualismo gnóstico. Tanto es así que Voegelin describe la Reforma protestante como el triunfo político del gnosticismo y su propaganda, la “invasión exitosa de las instituciones occidentales por parte de los movimientos gnósticos”. No hay más que leer un extracto del prototipo del santo puritano que realiza un sacerdote anglicano del s. XVI citado por Voegelin para darse cuenta de hasta qué punto este gnosticismo y su embate político protestante no han perdido ninguna actualidad

Protestante predicador

Un defensor de la ‘causa puritana’

Para apoyar su ‘causa’ (…) formula severas críticas a los males sociales y, en particular, a la conducta de las clases superiores. La frecuente repetición de este acto irá conformando la opinión de los oyentes de que los oradores deben de ser hombres de singular integridad, celo y santidad, ya que sólo los hombres que son singularmente buenos pueden sentirse tan indignados con el mal. El siguiente paso será la concentración de la indignación popular ante el gobierno establecido. (…) Al mismo tiempo, muestran cuál es el punto que debe atacarse para eliminar el mal de este mundo. Después de tal preparación, habrá llegado el momento de recomendar una nueva forma de gobierno como el ‘remedio soberano a todos los males’, dado que la gente que ‘rebosa descontento y disgusto ante la situación actual’ está lo suficientemente indignada como para imaginar que cualquier cosa la ayudaría, excepto la mayor parte de lo que ya intentó’”.

Lanzados a su causa invocando a los demiurgos de la historia joaquinita y de la Sión futura en el mundo, la élite puritana se reparte los papeles entre soldados y magistrados en su lucha por conseguir el monopolio de la representación existencial frente a sus rivales gnósticos. En ese sentido, Voegelin hace notar cuán latente está ese antiguo gnosticismo en la mentalidad de hoy, primero con la vieja idea de ‘progreso’, cierto en el medio pero no el fin, y después con el ‘utopismo’, que ha resurgido un tanto en el último tiempo, y que dice estar cierto en el fin pero no sabe muy bien cómo llegar a él.

Por último, hay que terminar añadiendo que el que da otro giro definitivo tratando de solventar el problema de la guerra civil desatada en los países europeos entre los partidarios de una u otra verdad política gnóstica, es de nuevo aquel atormentado genio puritano que tanto ha significado en la historia de Occidente: Thommas Hobbes. Es él quien zanja el problema teológico político desatado entre las corrientes gnósticas con su teoría del Estado como Deus mortalis que neutraliza el conflicto y monopoliza el mando. Hobbes lo que hace básicamente es redefinir la idea de representación política, basándola en una verdad existencial, haciendo del deseo de paz y de la obediencia pasiva al mando que la garantiza el principio del orden. Logra así una resacralización del llamado poder temporal, que había quedado como fuera de juego desde la conversión cristiana de la política hasta finales de la Edad Media, y que a partir de ahora será el que se arrogue la prerrogativa de sanción y el poder de supervisión incluso sobre la autoridad espiritual eclesiástica. El resultado resulta ser pues inesperado y sorprendente: transformar la theologia supranaturalis del cristianismo en una inmanente theologia civilis.

Eric Voegelin

Eric Voegelin

Sucede así que el Estado, quitándole la palabra a la Iglesia a la hora de mostrar la realidad, intenta pues monopolizar también la disputa gnóstica e inevitablemente predica una imagen del mundo acorde a su teología civil como nuevo cosmos, “un mundo de ensueño que es en sí mismo una fuerza social de primer orden en lo que respecta a motivar actitudes y actos de las masas gnósticas y de sus representantes” como apunta Voegelin. Por eso mismo, por la forma de su origen histórico y su misma estructura, la política desde entonces ha tendido siempre a censurar cualquier discusión seria acerca de las verdades esenciales del hombre. De ahí la aún más asombrosa transformación paulatina de la mentalidad de cada individuo particular dentro del conjunto de la sociedad, al que se le dan continuamente imágenes determinadas sobre su naturaleza y su destino. Se inaugura así el drama gnóstico de la autosalvación: la salvación de este hombre en este mundo, entendido por cada particular como una contribución de buena fe a la sociedad, en tensión continua, consciente o inconsciente, por el miedo a la muerte.

Un libro imprescindible para todo el que esté animado a discernir y entender su tiempo.

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Ernst. H. Kantorowitz. “Los dos cuerpos del rey”, y la inmortalidad como problema político (II)

Ernst H. Kantorowitz. “Los dos cuerpos del rey: un estudio de teología política medieval”, Madrid, AKAL, 2012, pp. 558.

En lo concerniente a la conciliación entre política e inmortalidad, ya nos resulta curiosa la descripción de Michael Oakeshott que, en su análisis del temperamento político del racionalista –aquel que conocemos hoy comúnmente por el nombre de “tecnócrata”–, lo retrataba como alguien caracterizado por “una profunda desconfianza del tiempo, un hambre impaciente de eternidad y un nerviosismo irritante frente a todo lo que sea tópico y transitorio”. La pregunta pertinente es si no habrá entonces un nexo común, una constante, que una, digamos, a un Robert Owen con una Margaret Tatcher, a un Azaña con un Franco, a un Cánovas con un Zapatero. Hablaríamos pues de teología política: ese “dato” del momento político en el que se traduce la tensión existente entre religión y política. Una relación entre la política y la creencia trascendete, en la que desde luego se considera una idea inmanente –en el aquende– de la misma o incluso su propia negación.

Como dijimos, fue Hobbes quien contribuyó a eliminar el paradigma de la inmortalidad al introducir, mediante su Leviatán, la novedad de una religión civil, sustituyendo el temor al infierno por el miedo al Estado. Ante ello, filósofos ilustrados como Hume o Rousseau reaccionaron ante el pesimismo protestante postulando la búsqueda de la felicidad en el aquende, prescindiendo del allende del cielo.Soberanía popular

Por otro lado, históricamente, la inmortalidad de la teología jurídica descrita por Kantorowitz, que avoca en el conocido derecho divino de los reyes, dará un giro inesperado con la Revolución francesa al trasladar lo divino del rey a la sociedad, sacralizando así el concepto de la soberanía popular, fundamento ateiológico por excelencia que caracteriza buena parte de la fisionomía de lo político desde el año 1798 hasta nuestros días. La era democrática cuyos efectos y consecuencias anunció Tocqueville, obedece a las consecuencias de la sacralización de este principio, alter ego de la soberanía del monarca por derecho divino.

Del calvinismo a la apocatástasis

Tras el artificialismo de Hobbes, el problema de la inmortalidad pasaría a secularizarse y convertirse en una “cuestión social” con Rousseau.

Jean-Jacques-Rousseau

Se suele olvidar el calvinismo de Rousseau

El ginebrino no estaba de acuerdo con Hobbes en su idea del estado de naturaleza, pensando, como dice el Génesis, que todo lo creado es bueno, inclusive el hombre, que forma parte de la Creación. Conocedor al mismo tiempo de ese mundo en decadencia como era la sociedad ilustrada y cortesana del s. XVIII, achacó problema del mal a la sociedad. No obstante, educado en el calvinismo, que está caracterizado por una aguda conciencia de pecado del que Dios salva sólo por una concesión caprichosa de su gracia, Rousseau cargó su crítica de resentimiento y politizó radicalmente el “victimismo social”, dando justificación teórica a todas las revoluciones sociales acaecidas hasta nuestros días como el colectivismo económico, los endurecimientos del Código penal, el terrorismo, la justicia social, la persecución fiscal, la gestión empresarial de los “recursos humanos” o la ayuda humanitaria de muchas ONG. Es por ello que la novedad tal vez más destacable de este filósofo sea la legitimación del resentimiento como una categoría política.

La inmortalidad con Rousseau se convertiría así definitivamente una tarea colectiva, destinada inconscientemente a redimir el pecado original y alcanzar así la reconciliación de el “nuevo cielo y la nueva tierra” postulada por los santos puritanos, cuya doctrina se conoce por el nombre de apocatástasis, una herejía condenada por la Iglesia ya en los primeros siglos del cristianismo. Finalmente, el discernimiento de Rousseau le llevó a condenar la propiedad y a constituirse de esta forma en el padre del socialismo.

La evolución del socialismo hacia las ateiologías políticas o ideologías modernas, de alguna manera la completa Kant culpando al Estado de su mala organización del mecanismo político. El Estado de Derecho, mediante la legislación, se convertirá definitivamente en el gran pedagogo de la sociedad. Así, entre el Estado de Derecho kantiano y la voluntad general de Rousseau, que expresan la ratio administrativa por un lado y el calor de las masas por el otro, se llega a definitivamente a la fórmula del consenso político, amalgama temática de lo que hoy conocemos por lo “políticamente correcto”, como la voluntad ateiológica de transformación social, pactada entre las oligarquías político-económicas y la opinión pública en virtud del principio de representación estatal.

Del mecanicismo al conductismo: las bioideologías

Fotograma Metrópolis (c)

Fotogramas de la película “Metrópolis”

Como señala el profesor Dalmacio Negro, las ideologías clásicas o teologías civiles, desarrollos diferentes del mismo principio socialista, eran mecanicistas, es decir, que confiaban en que la naturaleza humana podía transformarse cambiando las estructuras. Fueron las revueltas de mayo del 68 las que sentaron un precedente mediante su revolución culturalista, que dio pábulo al resurgimiento de las bioideologías.

El desarrollo de las mismas suscita la famosa cuestión antropológica, ya que sostienen que lo humano en el hombre es un producto histórico, un dato cultural susceptible de ser puesto en cuestión y, por ende, modificable. Identifican la cultura con el ambiente y, teniendo por principio la sola existencia, exacerban el discurso ideológico, haciendo de la naturaleza humana algo polémico, de tal modo que acaban mostrándose hostil a la misma.

Entonces, si la inmortalidad terrenal era el objetivo de las teologías civiles clásicas, previo rechazo de lo sobrenatural, las bioideologías, derivadas de las filosofías existencialistas, que entrañan de por sí una pérdida del sentido de la realidad y de la vida, “hacen de la inmortalidad una ilusión sin necesidad de negarla”, concluye el profesor Negro.

“El 68 rechazó expresamente la visión tradicional de la cultura como una segunda naturaleza asentada en la creencia en la inmortalidad y disoció lo humano de lo natural dando rienda suelta a los instintos y las emociones que unen al hombre con el animal (…) Dando por hecho que el Estado de Bienestar garantiza la solución de la ‘cuestión social’ con su mera existencia, planteó frontalmente la ‘cuestión antropológica’ como la lucha final por la liberación de la humanidad de los condicionamientos que impiden la felicidad universal”

Footing y dietaEl mito último sigue siendo el hombre nuevo a través de una regularización de la conciencia, tratada en términos de conducta, y que genera automatismos del comportamiento al tiempo que suelen llegan a resultar hedonistas. La bioideología ecologista, la feminista y la de la salud serían las más destacadas. Y quizás esta última resulta la más sutil y menos discutida, pues cuidar de la salud por lo general no produce desacuerdos, pero ciertamente toma derivas preocupantes cuando el culto al cuerpo se pone en relación directa y angustiosa con el miedo a la enfermedad y a la muerte. Además, al tiempo que sustenta el resto de bioideologías, mantiene viva la ilusión de inmortalidad.

Podemos pues afirmar que la actual cuestión antropológica, política y social revela de nuevo la presencia efectiva del problema teológico de manera crucial. La finalidad de estas ateiologías políticas sería, pues, la contraria a la de las religiones tradicionales, en las que el hombre interior dirige las acciones del hombre exterior y en la que este mundo esta abierto a una respuesta sobrenatural. Así, el mito del hombre nuevo se construye a partir de la doctrina de un deber ser impuesto desde fuera a la intimidad humana, en un sujeto desapasionadamente solidario, dominado por la técnica, cada vez más neutro y, en el fondo de su concepción, atraído por la inconsistente imagen de la inmortalidad en este mundo.

El mito de la Ciudad Perfecta, subyacente en toda esta problemática, encuentra su prolongación en el mito del hombre nuevo que propugna el transhumanismo, que pretende, en definitiva, cerrar el círculo de la inmortalidad como problema político.

Transhumanismo (c)

 

No es lo mismo el Gobierno que el Estado – Liberalismo y democracia como conceptos imprecisos – Tema de la demonología política

Seminario del 27 de Febrero de 2013

P1000278No es lo mismo el Gobierno que el Estado. Cfr. Senellart: Idea de régimen. La idea de sociedad transforma la idea de pueblo. Casi es más importante lo que ha hecho Hobbes con la idea de sociedad que con el Estado. El gobierno anterior era personal. Si cambian las personas, cambian las élites. Con el Estado se mantiene algo de fondo: las reglas de Estado. Estatismo: politizar primero todo para luego neutralizarlo. Se pone un funcionario (se politiza) y así queda neutralizado (el funcionario ni siquiera opina).

Althusio: mantiene todavía la idea de pueblo. Por ahí viene un organicismo alemán que mantiene la idea de pueblo. EEUU es una “democracia orgánica” se dice en El desarrollo de la filosofía política del s.XVI Pierre Mesnard. Hay unos artículos de Fernández de la Mora en que presenta a Althusio como un precedente de la democracia orgánica en IEP. Teóricos izquierdistas de la democracia orgánica.

La sociedad no existe (Hayek). Lo que existe es el pueblo. Tiene que ver con el Rechstaat es un Volksstaat: es un pueblo luterano entorno a una minoría calvinista. El Estado de Derecho es otra cosa. Desaparece el organicismo. Toda la lucha moderna va a ser por conseguir la comunidad. Lo comunitario en la civilización occidental es la Iglesia. Por eso el Régimen presupone la Iglesia. Régimen significa orden. Lo que hay en la Edad Media es el ordenalismo. Orden es régimen en sentido político. Regido con la autoridad de la Iglesia. El gobierno es gobierno de hombres y por eso no puede legitimarse a sí mismo. El del Estado sí, es el poder de la inmanencia. Sólo se legitima por el éxito.

Potestas indirecta y la sociedad perfecta. Cfr. El enraizamiento de S. Weil.  Fenómeno del urbanismo que desarraiga. El pueblo natural y pueblo político. La Iglesia es el pueblo de Dios. No es la sociedad de Dios (que es lo que dice la teoría de la potestas indirecta). Lo político no puede ser nunca comunitario (que es la batalla que tengo yo, apostilla Dalmacio).

Liberalismo y democracia son palabras inservibles. Hay que definirlas. Pulp: sobre el liberalismo para principiantes. Arranca de Locke, que tiene cierta lógica. Pero el problema es que elimina la verdad. Es un falso whig (Locke). A él lo que le interesa es la opinión. El constructivismo viene del contractualismo. Es vaciar de contenido el estado de naturaleza caída. La palabra neutra para monarquía es monocracia. Lo mismo oligarquía-oligocracia.

Tema de la demonología política: Dolf Sternberger: politológica, P1000277escatológica, y demonológica. Son tres concepciones de la política. Las contradicciones culturales del capitalismo, Daniel Bell. Juan Bautista Fuentes: la impostura freudiana. La responsabilidad de Freud para desresponsabilizar a los demás.

Ver la película La cinta blanca: el mal absoluto de la película es un padre pastor protestante. Götz Aly: Porqué los alemanes y porqué los judíos. Zweig, La envidia y la sociedad. Sabitri Debi: teórica nacionalsocialista: nuestra cosmovisión es racial (no como la de los fascistas, que son nacionalistas).

Sacro imperio: Napoleón, Hitler. Quien funda la teología política moderna es Hobbes. Católico: sólo habría teología jurídica. Gracias al Estado se ha universalizado Europa.

Bibliografía

Senellart, Les arts de Gouverner, Paris, Editions du Seuil, 1995.

Althusio, La política : metódicamente concebida e ilustrada con ejemplos sagrados y profanos, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1990.

G. Fernández de la Mora, “El organicismo de Althusio”, REP, nº 71, enero-marzo 1991.

Pierre Mesnard, El desarrollo de la filosofía política del s.XVI, Puerto Rico, Publicaciones de la Universidad de Puerto Rico, 1956.

Hayek, Camino de servidumbre, Madrid, Unión Editorial, 2008.

Simone Weil, Echar raíces, Madrid, Trotta, 1993.

Daniel Tourre, Pulp libéralisme: La tradition libérale pour les débutants, Paris, Tulys, 2012.

Locke, Segundo tratado sobre el gobierno civil, Madrid, Tecnos, 2010.

Dolf Sternberger, Drei Wurzeln der Politik, 2 vols., Frankfurt/M., Insel, 1978.

Götz Aly, ¿Por qué los alemanes? ¿Por qué los judíos?, Barcelona, Crítica, 2012.

Sabitri Debi, Gold in the furnace, sin lugar, Historical Review Press, 2006.

Daniel Bell, Las contradicciones culturales del capitalismo, Madrid, Alianza, 2004.

Juan Bautista Fuentes, La impostura freudiana, Una mirada antropológica crítica sobre el psicoanálisis freudiano como institución, Madrid, Encuentro, 2009.

 

Película

La cinta blanca, de Michael Haneke, Alemania, 2009.

Conferencia sobre El cristianismo y Europa. 13 de Febrero de 2013

Conferencia D. Dalmacio en la Fundación Universitaria Española. El cristianismo y Europa. 13 de Febrero de 2013

[Apuntes resumidos, no es el texto de D. Dalmacio]

P1000266Europa no es un mero lugar geográfico, sino un lugar cultural. Ha sido la Iglesia la que ha construido materialmente Europa. Geográficamente no sería sino una mera península de Asia. Esta unidad cultural continental se la debe al cristianismo. Se acusa al cristianismo de que no ha realizado el reino de Dios en la tierra. El laicismo se ha revuelto contra su origen cristiano. La apocatástasis es la idea de que en este mundo se reconciliarán todas las cosas por la voluntad humana, su origen es calvinista. Los puritanos llegaron a la conclusión de que podían usar la política para cambiar la realidad. El socialismo es su heredero, que es el origen de todas las ideologías. La finalidad de toda religión es enlazar lo natural y lo sobrenatural. Por eso las religiones no tienen que entrar en la organización del mundo. Otra cosa es que haya justicia, caridad e incluso esperanza. El modo de pensamiento ideológico nace de esa herejía de apocatástasis. El mayor enemigo del cristianismo en Europa sea quizá la UE.

El papa actual ha dicho que el terrorismo es la expresión del nihilismo. La experiencia histórica enseña que las culturas no pueden existir sin la religión. El nihilismo (el pensamiento moderno insistió en demostrar la existencia de Dios, consecuencia de su fracaso es el nihilismo europeo) que es una desfundamentación, es la causa principal de la pérdida del sentido de la realidad y del sentido de la vida. Hoy tenemos un aturdimiento mediante diversiones. Ese nihilismo sería impensable sin el cristianismo. Pero el nihilismo antiguo u oriental es distinto. Creatio ex nihilo. Si a esta expresión se le quita la creatio queda únicamente la nada. Si se vive en la nada, ningún argumento es verdad y todo está permitido.

Europa está defendida ahora mismo por los EEUU. Europa es el finisterre de Asia. Europa (si quitamos Rusia) es un cabo de Asia. Pero su cultura y su civilización es superior. Tiene una conciencia histórica que otros continentes o culturas no tienen. Globalización no es más que la penetración del cristianismo en China. El islam es universalista pero no en sentido cristiano. El islam es la sumisión de la ecúmene. Se trata de una dominación por la espada. El cristianismo ni siquiera es una religión, para distinguirlo de las diferentes confesiones. El cristianismo consiste en (es) la virtud de la religación. Como en la frase famosa de Calderón: la milicia como “religión de hombres honrados”. Se vincula la fe extraordinariamente al culto, el cristianismo es la fe directa en Cristo. En el Islam es la fe en el libro y en Mahoma. El cristianismo exige la fe, no basta un dominio político-territorial. El problema no es las mezquitas que se construyen sino las iglesias que están vacías. El islam tiene fuerza por la debilidad del cristianismo, no por el vigor musulmán.

El cristianismo no es la religión de Europa (contrariamente a lo que decía Troeltsch). El cristianismo se dirige a cada hombre, es universal. No se dirige a espacios o pueblos. Su origen es semita. San Pablo sueña y se le ordena pasar a Grecia, al Imperio Romano. El logos de san Juan es el logos griego. La razón: No hay fe cristiana sin razón. Así fecundó el logos griego con el cristiano. El sentido del odio a Europa es porque ha sido la superior (por su capacidad universalista). No resulta fácil de desmontar a pesar de la crisis desculturalizadora y descivilizadora. Se está desindustrializando, la demografía es un desastre. En Alemania habrá en treinta años un trabajador por pensionista. Si no hay europeos, Europa desaparece.

La rebelión de las elites, (en expresión de un sociólogo americano) lasP1000268 élites están destruyendo las clases medias, extraer y depauperar a las clases medias. La causa principal es la traición de las clases dirigentes que parece empeñada en destruir a los pueblos europeos a una servidumbre voluntaria. La moral es una ley moral universal. Quien interpreta la ley moral es la religión. Esto configura el ethos (nacional, profesional). El ethos europeo era cristiano. Las ideologías lo están destruyendo. La ley natural es una ley divina. La única diferencia es que la ley divina es la que se nos ha revelado. La natural es la que Dios deja que el hombre la descubra. Por eso para R. Brague no hay diferencia.

La destrucción del ethos (más grave que las otras destrucciones) es el modo de dominación de las elites actuales. Una economía con moral correcta, se levanta en tres años. Las oligarquías han cristalizado y no dejan.

Libertad: comienza con los griegos, cayeron en la cuenta de la libertad política. En Atenas sólo 15 o 20 mil eran ciudadanos pero por lo menos descubren la libertad política. La libertad para los griegos es  un derecho. Descubren el logos y los que lo tienen, tienen derecho. Los hombres pertenecen a la ciudad, en un sentido naturalista. Por eso era un libertad política muy limitada. Pero para los romanos, la Urbs era propiedad de los cives. Entonces aparece una relación de Derecho. En Japón no existía el derecho: sólo las normas de cortesía y moral. Les constaba hasta hace poco conseguir abogados. El derecho existe en Europa gracias a Roma. La ciudad pertenece a los ciudadanos. La libertad evangélica no es sólo un derecho ni una libertad exterior. Sino que es libertad en sí misma (no como derecho) por ser por naturaleza, libertad interior. El que concede el derecho es el libre, no yo. El derecho humano es radicalmente individualista, no relacional. Los griegos descubrieron la libertad, pero no la interior (como las estatuas griegas). Conciencia lo es del bien y del mal, los griegos no cayeron en la cuenta. El hombre interior que dirige al exterior. El hombre es libre por naturaleza no por concesión. El hombre está creado a imagen y… por eso el hombre es libre como Dios. Eso le iguala a todos los hombres. La verdad os hará libres. La verdad es la realidad. La gente más escéptica respecto del mundo (es decir el creyente) es la más libre. Los latinos católicos se lo toman todo más escépticamente (también por la existencia de la confesión) mientras los protestantes se lo toman todo en serio. La libertad personal como libertad de conciencia y libertad de pensamiento y en consecuencia de acción. Si no hay libertad política las otras dos corren riesgo. El totalitarismo.

La democracia y el republicanismo: si hay un grupo de hombres se necesita quien mande. La mujer está ganando poder pero está perdiendo autoridad. El derecho es lo que hace posible la democracia política. Confundimos la libertad natural con la política. No existe democracia política en Europa. Es la libertad de los partidos. La igualdad es un presupuesto igual que la libertad. La única razón de ser del derecho es la protección de la libertades.

El Derecho sólo aparece cuando hay un conflicto. El Derecho nace de la realidad social. El legislador le da forma a lo que está en la realidad social, pero nada más que esto. Lo recto se refiere a las relaciones entre hombres. Responde a la idea de lo que es recto. Lo recto es darle a cada uno lo suyo. Su fin es dar seguridad, que nadie me perturbe en mi libertad. El derecho es una parte del derecho natural increado. Lo que define todo es la idea de orden y se trata de restaurar conforme al derecho el orden perturbado. Por eso la fuente del derecho era el natural. Leyes que se descubren por medio de los usos y costumbres. El derecho penal significa que alguien ha tratado a alguien como una cosa. El derecho se refiere a las cosas. El derecho fiscal se refiere a las personas. El juez resuelve en justicia según el ethos.

Laicismo: querella de las investiduras sobre la libertad de la autoridad espiritual frente al poder temporal. 1075: disputa que duró toda la Edad Media y que está resurgiendo ahora. A la Iglesia le corresponde la autoridad. Concreta las ideas de bien y mal en el ethos. Desde la revolución francesa y la del 68 el laicismo estatal se ha radicalizado. El mito caritativo de la justicia social. La trasparencia es acabar con la intimidad, es decir, la vida personal. El laicismo politizado como una nueva religión de la técnica intentan eliminar la Iglesia, que es la única que no controlan totalmente. Se avecina así una nueva lucha de las investiduras entre el papado y los poderes temporales. Probablemente el papa ha renunciado porque no se siente fuerte como para afrontar este problema. La Iglesia es la más política de todas las instituciones porque la Iglesia es una complexio oppositorum: acoge todo (excepto al pecado y sí al pecador). Por eso no puede ser indiferente a la política. En Europa es la más política de todas las instituciones, la que ha construido Europa. Esto es una lucha por la continuidad de la civilización europea. Es la superior, aunque suene muy políticamente incorrecto. Ejemplo: las revoluciones árabes: técnica europea, pedir libertad (un musulmán), etc… En este sentido de lo que pasa con Europa depende también la civilización humana.