El prototipo del hombre-masa según Ortega y Gasset. Y es sorprendente.

[El técnico, el profesor universitario especialista]

Por «masa» no se entiende especialmente al obrero; no designa aquí una clase social, sino una clase o modo de ser hombre que se da hoy en todas las clases sociales, que por lo mismo representa a nuestro tiempo, sobre el cual predomina e impera. Ahora vamos a ver esto con sobrada evidencia.

¿Quién ejerce hoy el poder social? ¿quién impone la estructura de su espíritu en la época? Sin duda, la burguesía. ¿Quién, dentro de esa burguesía, es considerado como el grupo superior, como la aristocracia del presente? Sin duda, el técnico: ingeniero, médico, financiero, profesor, etcétera, etc. ¿Quién, dentro del grupo técnico, lo representa con mayor altitud y pureza? Sin duda, el hombre de ciencia. Si un personaje astral visitase a Europa, y con ánimo de 20121220-glenn-hubbard-624x420-1356024252juzgarla, le preguntase por qué tipo de hombre, entre los que la habitan, prefería ser juzgada, no hay duda de que Europa señalaría, complacida y segura de una sentencia favorable, a sus hombres de ciencia. Claro que el personaje astral no preguntaría por individuos excepcionales, sino que buscaría la regla, el tipo genérico «hombre ciencia», cima de la humanidad europea.
Pues bien: resulta que el hombre de ciencia actual es el prototipo del hombre-masa. Y no por casualidad, ni por defecto unipersonal de cada hombre de ciencia, sino porque la ciencia misma -raíz de la civilización- lo convierte automáticamente en hombre-masa; es decir, hace de él un primitivo, un bárbaro moderno.

 [La ciencia lleva en sí el desarrollo del especialismo]

La cosa es harto sabida: innumerables veces se ha hecho constar; pero sólo articulada en el organismo de este ensayo adquiere la plenitud de su sentido y la evidencia de su gravedad.

La ciencia experimental se inicia al finalizar el siglo XVI (Galileo), logra constituirse a fines del siglo XVII (Newton) y empieza a desarrollarse a mediados del XVIII. El desarrollo de algo es cosa distinta de su constitución y está sometido a condiciones diferentes. Así, la constitución de la física, nombre colectivo de la ciencia experimental, obligó a un esfuerzo de unificación. Tal fue la obra de Newton y demás hombres de su tiempo. Pero el desarrollo de la física inició una faena de carácter opuesto a la unificación. Para progresar, la ciencia necesitaba que los hombres de ciencia se especializasen. Los hombres de ciencia, no ella misma. La ciencia no es especialista. Ipso facto dejaría de ser verdadera. Ni siquiera la ciencia empírica, tomada en su integridad, es verdadera si se la separa de la matemática, de la lógica, de la filosofía. Pero el trabajo en ella sí tiene -irremisiblemente- que ser especializado.

[Historia del especialismo inherente a la ciencia]

Sería de gran interés, y mayor utilidad que la aparente a primera vista, hacer una historia de las ciencias físicas y biológicas mostrando el proceso de creciente especialización en la labor de los investigadores. Ella haría ver cómo, generación tras generación, el hombre de ciencia ha ido constriñéndose, recluyéndose, en un campo de ocupación intelectual cada vez más estrecho. Pero no es esto lo importante que esa historia nos enseñaría, sino más bien lo inverso: cómo en cada generación el científico, por tener que reducir su órbita de trabajo, iba progresivamente perdiendo contacto con las demás partes de la ciencia, con una interpretación integral del universo, que es lo único merecedor de los nombres de ciencia, cultura, civilización europea.

La especialización comienza precisamente en un tiempo que llama hombre civilizado al hombre «enciclopédico». El siglo XIX inicia sus destinos bajo la dirección de criaturas que viven enciclopédicamente, aunque su producción tenga ya un carácter de especialismo. En la generación subsiguiente, la ecuación se ha desplazado, y la especialidad empieza a desalojar dentro de cada hombre de ciencia a la cultura integral. Cuando en 1890 una tercera generación toma el mando intelectual de Europa, nos encontramos con un tipo de científico sin ejemplo en la historia. Es un hombre que, de todo lo que hay que saber para ser un personaje discreto, conoce sólo una ciencia determinada, y aun de esa ciencia sólo conoce bien la pequeña porción en que él es activo investigador. Llega a proclamar como una virtud el no enterarse de cuanto quede fuera del angosto paisaje que especialmente cultiva, y llama dilettantismo a la curiosidad por el conjunto del saber.

El caso es que, recluido en la estrechez de su campo visual, consigue, en efecto, descubrir nuevos hechos y hacer avanzar su ciencia, que él apenas conoce, y con ella la enciclopedia del pensamiento, que concienzudamente desconoce. ¿Cómo ha sido y es posible cosa semejante? Porque conviene recalcar la extravagancia de este hecho innegable: la ciencia experimental ha progresado en buena parte merced al trabajo de hombres fabulosamente mediocres, y aun menos que mediocres. Es decir, que la ciencia moderna, raíz, y símbolo de la civilización actual, da acogida dentro de sí al hombre intelectualmente medio y le permite sellosoperar con buen éxito. La razón de ello está en lo que es, a la par, ventaja mayor y peligro máximo de la ciencia nueva y de toda civilización que ésta dirige y representa: la mecanización. Una buena parte de las cosas que hay que hacer en física o en biología es faena mecánica de pensamiento que puede ser ejecutada por cualquiera, o poco menos. Para los efectos de innumerables investigaciones es posible dividir la ciencia en pequeños segmentos, encerrarse en uno y desentenderse de los demás. La firmeza y exactitud de los métodos permiten esta transitoria y práctica desarticulación del saber. Se trabaja con uno de esos métodos como con una máquina, y ni siquiera es forzoso, para obtener abundantes resultados, poseer ideas rigorosas sobre el sentido y fundamento de ellos. Así, la mayor parte de los científicos empujan el progreso general de la ciencia encerrados en la celdilla de su laboratorio, como la abeja en la de su panal o como el pachón de asador en su cajón.

[La nueva casta de “hombres nuevos”, hombres-masa, especialistas]

Pero esto crea una casta de hombres sobremanera extraños. El investigador que ha descubierto un nuevo hecho de ]a naturaleza tiene por fuerza que sentir una impresión de dominio y seguridad en su persona. Con cierta aparente justicia, se considerará como «un hombre que sabe». Y, en efecto, en él se da un pedazo de algo que junto con otros pedazos no existentes en él constituyen verdaderamente el saber. Esta es la situación íntima del especialista, que en los primeros años de este siglo ha llegado a su más frenética exageración. El especialista «sabe» muy bien su mínimo rincón de universo; pero ignora de raíz todo el resto.

He aquí un precioso ejemplar de este extraño hombre nuevo que he intentado, por una y otra de sus vertientes y haces, definir. He dicho que era una configuración humana sin par en toda la historia. El especialista nos sirve para concretar enérgicamente la especie y hacernos ver todo el radicalismo de su novedad. Porque antes los hombres podían dividirse, sencillamente, en sabios e ignorantes, en más o menos sabios y más o menos ignorantes. Pero el especialista no puede ser subsumido bajo ninguna de esas dos categorías. No es sabio, porque ignora formalmente cuanto no entra en su especialidad; pero tampoco es un ignorante, porque es «un hombre de ciencia» y conoce muy bien su porciúncula de universo. Habremos de decir que es un sabio-ignorante, cosa sobremanera grave, pues significa que es un señor el cual se comportará en todas las cuestiones que ignora no como un ignorante, sino con toda la petulancia de quien en su cuestión especial es un sabio.

Y, en efecto, este es el comportamiento del especialista. En política, en arte, en los usos sociales, en las otras ciencias tomará posiciones de primitivo, de 1401229027812ignorantísimo; pero las tomará con energía y suficiencia, sin admitir -y esto es lo paradójico- especialistas de esas cosas. Al especializarlo, la civilización le ha hecho hermético y satisfecho dentro de su limitación; pero esta misma sensación íntima de dominio y valía le llevará a querer predominar fuera de su especialidad. De donde resulta que aun en este caso, que representa un máximum de hombre cualificado -especialismo- y, por lo tanto, lo más opuesto al hombre-masa, el resultado es que se comportará sin cualifícación y como hombre-masa en casi todas las esferas de vida.

[El resultado: la estupidez, la desaparición del hombre culto, la crisis de la ciencia]

La advertencia no es vaga. Quienquiera puede observar la estupidez con que piensan, juzgan y actúan hoy política, en arte, en religión y en los problemas generales de la vida y el mundo los «hombres de ciencia», y claro es tras ellos, médicos, ingenieros, financieros, profesores, etcétera. Esa condición de «no escuchar», de no someterse a instancias superiores que reiteradamente he presentado como característica del hombre-masa, llega al colmo precisamente en estos hombres parcialmente cualificados. Ellos simbolizan, y en gran parte constituyen, el imperio actual de las masas, y su barbarie es la causa inmediata de la desmoralización europea.

Por otra parte, significan el más claro y preciso ejemplo de cómo la civilización del último siglo, abandonada a su propia inclinación, ha producido este rebrote de primitivismo y barbarie.

frase-solo-el-hombre-culto-es-libre-epicteto-136753          El resultado más inmediato de este especialismo no compensado ha sido que hoy, cuando hay mayor número de «hombres de ciencia» que nunca, haya muchos menos hombres «cultos» que, por ejemplo, hacia 1750. Y lo peor es que con esos pachones del asador científico ni siquiera está asegurado el progreso íntimo de la ciencia. Porque ésta necesita de tiempo en tiempo, como orgánica regulación de su propio incremento, una labor de reconstitución, y, como he dicho, esto requiere un esfuerzo de unificación, cada vez más difícil, que cada vez complica regiones mas vastas del saber total. Newton pudo crear su sistema físico sin saber mucha filosofía, pero Einstein ha necesitado saturarse de Kant y de Mach para poder llegar a su aguda síntesis. Kant y Mach -con estos nombres se simboliza sólo la masa enorme de pensamientos filosóficos y psicológicos que han influido en Einstein- han servido para liberar la mente de éste y dejarle la vía franca hacia su innovación. Pero Einstein no es suficiente. La física entra en la crisis más honda de su historia, y sólo podrá salvarla una nueva enciclopedia más sistemática que la primera.

El especialismo, pues, que ha hecho posible el progreso de la ciencia experimental durante un siglo, se aproxima a una etapa en que no podrá avanzar por sí mismo si no se encarga una generación mejor de construirle un nuevo asador más provechoso.

Pero si el especialista desconoce la fisiología interna de la ciencia que cultiva, mucho más radicalmente ignora las condiciones históricas de su perduración, es decir, cómo tienen que estar organizados la sociedad y el corazón del hombre para que pueda seguir habiendo investigadores. El descenso de vocaciones científicas que en estos años se observa -y a que ya aludí- es un síntoma preocupador para todo el que tenga una idea clara de lo que es civilización, la idea que suele faltar al típico «hombre de ciencia», cima de nuestra actual civilización. También él cree que la civilización está ahí, simplemente, como la corteza terrestre y la selva primigenia. […]

[Necesidad de una instancia superior y de una auténtica filosofía. La magia de la masa. La violencia del Estado]

El día que vuelva a imperar en Europa una auténtica filosofía -única cosa que puede salvarla- se volverá a caer en la cuenta de que el hombre es, tenga de ello ganas o no, un ser constitutivamente forzado a buscar una instancia superior. Si logra por sí mismo encontrarla, es que es un hombre excelente; si no, es que es un hombre-masa y necesita recibirla de aquél.

Pretender la masa actuar por sí misma es, pues, rebelarse contra su propio destino, y como eso es lo que hace ahora, hablo yo de la rebelión de las masas. Porque a la postre la única cosa que sustancialmente y con verdad puede llamarse rebelión es la que consiste en no aceptar cada cual su destino, en rebelarse contra sí mismo. En rigor, la rebelión del arcángel Luzbel no lo hubiera sido menos si en vez de empeñarse en ser Dios -lo que no era su destino- se hubiese empecinado en ser el más íntimo de los ángeles, que tampoco lo era. (Si Luzbel hubiera sido ruso, como Tolstoi, habría acaso preferido este último estilo de rebeldía, que no es más ni menos contra Dios que el otro tan famoso.)

Cuando la masa actúa por sí misma, lo hace sólo de una manera, porque no tiene otra: lincha. No es completamente casual que la ley de Lynch sea americana, ya que América es, en cierto modo, el paraíso de las masas. Ni mucho menos podrá extrañar que ahora, cuando las masas triunfan, triunfe la violencia y se haga de ella la única ratio, la única doctrina. Va para mucho tiempo que hacía yo notar este progreso de la violencia como norma. Hoy ha llegado a un máximo desarrollo, y esto es un buen síntoma, porque significa que automáticamente va a iniciarse un descenso. Hoy es ya la violencia la El-sueño-de-la-razón.-Goyaretórica del tiempo; los retóricos, los inanes, la hacen suya. Cuando una realidad humana ha cumplido su historia, ha naufragado y ha muerto, las olas la escupen en las costas de la retórica, donde, cadáver, pervive largamente. La retórica es el cementerio de las realidades humanas, cuando más, su hospital de inválidos. A la realidad sobrevive su nombre, que, aun siendo sólo palabra, es, al fin y al cabo, nada menos que palabra, y conserva siempre algo de su poder mágico.

Pero aun cuando no sea imposible que haya comenzado a menguar el prestigio de la violencia como norma cínicamente establecida,
continuaremos bajo su régimen; bien que en otra forma.

Me refiero al peligro mayor que hoy amenaza a la civilización europea. Como todos los demás peligros que amenazan a esta civilización, también éste ha nacido de ella. Más aún: constituye una de sus glorias; es el Estado contemporáneo.

 

Ortega y Gasset, “La barbarie del especialismo”, “El mayor peligro, el Estado”, La rebelión de las masas, caps. XII y XIII.

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Gregorio Morán: Adolfo Suárez. Ambición y destino

C848342.jpgGregorio Morán. Adolfo Suárez. Ambición y Destino, Madrid, Debate, 2009, 639 pp.

por Alonso Muñoz Pérez.

@alonsomunoz53

La generación de españoles jóvenes que no hemos conocido otro régimen sino el del 78 solemos desconocer los orígenes y, por tanto, los fundamentos del mismo. Nos han dado la FEN -Formación del Espíritu «Nacional»- con la hora semanal de ese prodigio de intoxicación política llamado «Cuéntame» (un cuento chino). Ni acertamos a saber cómo estos personajes que nos gobiernan tengan tanto mando en plaza, ni comprendemos porqué un país con gente relativamente normal y buena, funcione tan mal. El mito de la transición nos pone un velo que evitaba hasta hace no mucho incluso la misma posibilidad de crítica. Ciertamente, algunos ancianos sabios -como Antonio García-Trevijano– que se conocían el percal muy personalmente nos advertían. Pero en general, nadie ponía en cuestión el régimen del 78. Hoy, y aunque esta mitología sigue siendo mayoritaria, ya se han abierto brechas y han surgido niños que señalan al emperador desnudo de la oligarquía setentayochista, esa misma que tiene paralizado al país.

Los libros desmitificadores

Podríamos decir que el primero de esos libros en romper el anti-democrático consenso, fue el decisivo libro de Jesús Cacho, El negocio de la libertad. Aquí con mucho detalle, fechas, conversaciones y nombres se explicaba la impostura no sólo del PP de Aznar sino de la supuesta superioridad moral del grupo Prisa, que en realidad no era sino la del prosaico dinero. Polanco pudo hacer su fortuna gracias a que en 1970, el aparato estatal le concedió un monopolio de facto sobre la impresportada_9979ión de libros de texto. Pero el gran mito en empezar a caer con este libro fue el de San Juan Carlos I, profeta mayor de la Santa Transición. Un Rey muy practicante del «borboneo»: aquello de decir a todo el mundo lo que todo el mundo quiere oír. Otros libros en esta serie desmitificadora a fuer de contar lo que realmente pasa más allá de los medios de incomunicación de masas podrían ser las series sobre el 11M de Luis del Pino, Jose María de Pablo (La cuarta trama) o Ignacio López-Bru (Las cloacas del 11M). También las documentadas investigaciones de Jesús Palacios sobre el 23F, donde el español normal descubre que su jefe de estado no sólo lo puso Franco digitalmente sino que ya con la nueva «Constitución» aprobada, tuvo bastantes afinidades electivas con los sucesos del 23F.

El caso Suárez como expresión de los modos de la oligarquía

Pues bien, el libro de Gregorio Morán viene a completar esta labor desacralizadora de la mediocre clase política española al presentar sin aderezos ni inciensos, pero sin irracionales inquinas ni subjetivismos arbitrarios, la figura de Suárez -«un chusquero de la política» en propia definición- y de todo ese régimen oligárquico que lo aupó. Suárez fue un pequeño Nicolás avant la lettre y Pablo Iglesias un Suárez en potencia. El mérito es todo de la clase que lo aupó y no del interesado. Si Suárez es una mezcla -en definición de Leopoldo Calvo Sotelo- de «superficialidad e instinto», el régimen que lo hizo número dos de Falange, gobernador civil, presidente de la Empresa Nacional de Turismo, director general de Televisión Española y finalmente, Presidente de Gobierno (con y sin urnas), ¿cómo debe de ser valorado? Esa es la terrible tesis de Morán: el triunfo de Suárez y su posterior canonización en vida -con la inestimable ayuda de la pérdida de memoria del homenajeado- es la expresión de un régimen político personalista, mediocre y ayuno de toda perspectiva cultural-espiritual. El libro de Morán ilustra perfectamente la continuidad de los modos políticos entre el estatismo franquista y el estatismo setetayochista. Pues hemos de tener presente que así como el régimen franquista construyó su legitimidad sobre la victoria en la Guerra, el régimen setetayochista ha hecho de su pecado original, una virtud: construye su legitimidad en la «victoria» (democrática) sobre el régimen franquista. En una especie de complejo de Edipo político, debe matar constantemente al padre para poder demostrar que no es hijo del mismo, sino un régimen maduro y sin hipotecas. Cuanto más el Estado devora a la Nación, más debe demostrar que es un régimen político distinto en sus modos del franquista. El libro de Morán disuelve el encantamiento. Aquellos que creen que no había corrupción ni en el franquismo ni en la transición podrán comprobar que sólo hemos avanzado en perder vergüenza, pero que hay ciertas constantes, cierto bajo continuo que permanece.

La virtud política dominante del setentayochismo: el servilismo.

Si los diversos regímenes políticos tienen su sentimiento político específico, según señalaba Montesquieu o los clásicos griegos con el honor para la monarquía o el temor para el despotismo, ¿cuál sería el sentimiento político de régimen setentayochista? Pues a juzgar por el libro de Morán, la fidelidad. Es el sentimiento o la virtud más valorada en un régimen de arbitrios personalistas sin proyecto político-cultural alguno, sin criterio ontológico. El régimen consiste en un número limitado de silla-musicalsillas y en un número de aspirantes siempre mucho mayor. Así la virtud más estimada por el que reparte algunas de esas sillas es que el sentado no le cree problemas, sea una extensión de su voluntad y por tanto él mismo pueda copar aquellas sillas donde físicamente no puede sentarse. Viceversa, la virtud que deberá ofrecer el aspirante a silla es la del servilismo más total: si me das la silla, te la cuidaré, seré tu alter ego, no te daré problemas, te ayudaré a controlar el rancho de sillas. El consenso no es sino la expresión colectiva de la fidelidad que la clase política se tiene a sí misma. El que se mueve, no se sentará. El que permanece en el consenso, tendrá su porción de silla. El hecho de que esas sillas se levanten sobre nuestras espaldas, es algo que importa poco a los que juegan a este juego de las sillas políticas musicales.

Naturalmente, en este tipo de juego, la superficialidad y el instinto se convierten en ambición (de sentarse) y en destino (como fuerza para llegar a las mejores sillas). Servilismo y fidelidad son virtudes, fuerzas que catapultan al subordinado hacia los mejores taburetes de poder. El borboneo, la quintaesencia de la técnica lógica del poder mediocre. El libro hace muy concreto este vals político, casi de modo cinematográfico por su concreción e historicidad.  Nadie que lo lea podrá pensar lo mismo del Rey emérito, del Opus Dei, de los Garrigues Walker, Girón de Velasco, Landelino Lavilla, Pilar Urbano, López Rodó y en general de los actuales modos de actuar en la política y en la empresa, en la Universidad y en el mundo editorial. En un espacio público monopolizado por unos lodos que vienen de los polvos que describe este libro.

La moraleja de este anti-manual político

Afortunadamente, como moraleja uno empezará a sentirse culpable si aspira simplemente -como proyecto vital- a «colocarse», a ser cooptado por los poderosos sentados para ser uno más. Los jóvenes no podemos aspirar a colocarnos. El país necesita que ofrezcamos al espacio público algo que lo sane y reconstruya y no más demandas de derechos, canonjías y asientos garantizados de por vida. A este respecto sería interesante preguntarse si los modos de los nuevos partidos reproducen o no formalmente esta política servil y aduladora del jefe.

Por tanto, libros como los de Morán, nos resultan de extraordinaria utilidad al explicar muy concretamente los hechos y las personas que hoy mandan y asolan el país. Es una suerte de anti-hagiografía de la clase política española, un colectivo que no quiere las sillas del poder sino para colocarse y que una vez sentado sólo piensa en qué hacer para continuar sentado o mejorar el asiento. El poder se quiere por sí mismo y no es un medio más que para conservar y aumentar más poder. Es la conclusión como esperpento del Estado de poder maquiavélico.

Hay que añadir con pesar una nota sobre el papel del catolicismo político y cultural: muy lamentable. Ejerció de catalizador cuando no de acelerador de estos modos marcoantonioserviles, superficiales y carentes de perspectiva. Morán lo expone con la crudeza de un médico forense mientras que más ad intra habría que completarlo con José Manuel Cuenca Toribio (Iglesia y cultura en la España del s. XX) o Agapito Maestre (El fracaso de un cristiano. El otro Herrera Oria). La realidad pseudo-política descrita por Morán nos debería llevar a los católicos a reflexionar sobre la acción política sin reducirla a un problema moral y con el deseo de ofrecer un espacio público con una lógica distinta a la de una secta de ambiciosos danzando alrededor de las sillas del poder al son de una música política que otros -más listos, más malvados y más anglosajones- han compuesto para oscuros fines. Que el libro de Morán nos sirva siquiera de anti-manual político, de tablas de la ley lo que no debe de ser la política. Y por tanto a aspirar a una política con fines (la Wertrationalität weberiana), dentro de un espacio público renovado y con una lógica del poder basada no en la okupación de sillas, sino en la auctoritas. Ser político es querer que los demás sean mejores y que les vaya mejor que a uno mismo.

***
Un aperitivo del libro puede leerse en esta entrevista al autor.

Acaba de salir un libro de Morán que también promete: El Cura y los mandarines (Hª no oficial del bosque de letrados). Cultura y política en España, 1962-1996.

La noticia en Voz Populi aquí.

El Estado y la Revolución. De la seguridad social a la seguridad total

IMG_9613Seminario del 7 de Febrero de 2013.

“El Estado evolucionó adoptando varias formas, a medida que concentraba más el poder” (pág. 68).

El Estado y la Revolución

A partir de la Revolución Francesa no se concentra sólo el poder político sino también el poder social. Un gobierno deja de ser un administrador para serlo de la empresa estatal. La vida de la empresa depende de un gerente pero aquí el Estado se superpone al gobierno, el Estado se superpone a la vida social, a la vida colectiva. Para entender qué es el Estado hay que entender qué es la máquina. El gobierno es el maquinista que dirige la máquina, si no la dirige bien se estrella pero el gobierno tiene que ajustarse a las normas de la máquina. El Estado es la personificación jurídica de la Nación en la Revolución Francesa. Antes de la Revolución el Estado era un aparato al mando del poder. El franquismo utilizaba el Estado como instrumento, como el Estado en Francia en la Revolución Francesa.

Tocqueville hablaba de la falta de libertades antes de la Revolución Francesa. Normalmente la justicia es más valorada por la gente, que falte libertad política es algo que a la mayor parte de la gente le trae sin cuidado. Le interesan más las libertades individuales, las libertades sociales, que les dejen en paz. De la libertad empezaron a preocuparse los autores románticos y surge siempre cuando el gobierno ahoga. Para la mayor parte de la gente el ideal es una situación de dictadura y que haya justicia. Todo gobierno es oligárquico en grado mayor o menor, pero con el Estado se inmiscuye en las libertades y perpetúa la oligarquía. El Estado es en sí revolucionario.

Ramiro de Maeztu decía que cuando se pide libertad se está pidiendo justicia. Esto es así, porque de la libertad política vienen las otras dos. Es la mejor garantía, la libertad colectiva, “si nosotros controlamos el gobierno, controlamos que no se pase de rosca”. Lo que decía Hume, si hay libertad puede haber justicia.IMG_9614

Se vive desde hace siglos con la idea de la sociedad perfecta, del Estado perfecto y es imposible porque siempre hay conflicto. La mayor parte de los conflictos se resuelven por cortesía. Aristóteles decía que cuando las formas de trato están corrompidas (vid. cartas de María Antonieta como forma de quebrar las formas de trato), cuando no hay formas de trato en la vida colectiva, es una situación prácticamente anárquica. Lo que no resuelve la cortesía lo resuelve el Derecho. “Cuando se pasa a las manos es cuando interviene el poder político”.  Que funcione el Derecho consiste en que exista una sumisión al derecho. Hoy la oligarquía está muy judicializada: la judicialización quiere decir que la oligarquía está tan enquistada que ya todos sus problemas consisten en resolver quién tiene el derecho a meter la mano, porque todos quieren lo mismo. Judicializar es remitirlo al juez para que se olvide. Sin embargo, el gobierno de los jueces no puede echarse por la borda de cualquier manera. Los jueces son autoridad, no poder. El poder de los jueces es el que permite que el poder actúe como poder. El juez sentencia, es autoridad basado en sabiduría. Montesquieu decía que el poder como tal es nulo e invisible, que no existe como tal poder; es en realidad autoridad.

En la Biblia se cita el gobierno de los jueces en los Hebreos que piden insistentemente a Dios un rey y Dios se lo da a regañadientes (1Sam 8). El gobierno de los jueces, en el fondo, es el ideal. Sólo es posible cuando hay una unión muy estrecha entre el poder político y el poder judicial, es decir, cuando el grupo está regido por lo sagrado. En una sociedad donde se separa lo sagrado y lo profano esto es imposible. Por ello implica una sociedad muy sacralizada. El gobierno de los jueces es como un gobierno de sumos sacerdotes. Es prácticamente imposible salvo en ese caso. Lo otro es la judicialización, remitir a los jueces para evitar una decisión, como cuando se utilizan encuestas para justificar una decisión porque el poder político no se atreve a decidir.  El legislativo no puede decidir, estaría sustrayendo una función al poder ejecutivo, al poder político. Esto solo ocurre en casos de excepción: casos de guerra. Antes (en el siglo XIX) la guerra no podía comenzar hasta siete días de declararla, y sólo entonces el legislativo se sometía.

Hoy la guerra no se declara, Vietnam es una guerra no declarada. Tampoco Afganistán. Es la guerra preventiva de derecho anglosajón. Hoy no se hablan de guerras sino intervenciones. Con ello se defiende y asienta el intervencionismo. El derecho de intervención es el peor de todos los derechos, por ejemplo, Yugoslavia. La declaración de guerra ha pasado a la historia. Algo que se tiene muy poco en cuenta de que las armas condicionan la política; hoy la política exterior condiciona a la interior.

Hoy, otra cuestión, es la indiferenciación de la violencia (Girard). De ahí el “terrorismo”, un enemigo que no se ve por ninguna parte, el enemigo puede ser civil o militar, no hay territorio, es una guerra en todos los frentes. Es continuación de la política por otros medios

La gente, dígase lo que se diga, es conservadora. Una cosa muy poco mentada antes de la Revolución es la mala cosecha de ese año. La cosa es distinta cuando la corrupción viene de arriba a abajo. Lo contrario es lo normal. En el primer caso, no hay quien la contenga, la auténtica corrupción política es la que viene de arriba a abajo. Hoy hay un maremágnum de abajo arriba y de arriba abajo. ¿Qué pasa cuando las bases de la sociedad están corrompidas? Pues que la gente trata de sobrevivir. La economía sumergida sólo existe cuando está asfixiada por el poder político.

De la seguridad social a la seguridad total

(Pág. 72) Evolución del Estado cuando este monopoliza la violencia y el Estado pasa de la seguridad social a la seguridad social. La seguridad social es el Estado social que luego se transforma en Estado totalitario. El Estado totalitario quiere, paradójicamente, la seguridad total, el Estado perfecto. De ahí viene el Estado social elefantiásico que no hay quien lo aguante.

El Estado totalitario busca paradójicamente la seguridad. Con toda la brutalidad que se quiera. El Gobierno en la Edad media daba seguridad política y garantizaba el cumplimiento del Derecho (no que daba seguridad jurídica). El Estado da (trata de dar) seguridad política, seguridad jurídica (BOE).

Paul Joachinson: El humanismo es sobretodo la polis griega. La soberanía es la suma potestas politizada. (No se seculariza, se politiza). Ahora el Estado, se está descomponiendo porque no sólo no da seguridad sino que, al descomponerse, genera inseguridad e incertidumbre. Hoy el Estado no protege la propiedad (que es complemento de la Familia), si acaso protege a la Empresa (que es una sociedad). La propiedad son bienes inmuebles, las empresas son productoras de bienes muebles.

IMG_9606El mundo moderno se ha constituido por dos grandes decisiones político-jurídicas: 1. Contra la propiedad estable la supresión de los mayorazgos y la desamortización. La propiedad se convierte en un fideicomiso. Sin embargo como: “Mío no es lo que me pertenece sino a lo que yo pertenezco” (Guardini). Y 2. La movilización de la propiedad mueble, el crédito, etc… Es un proceso paralelo en la Familia, la Propiedad y la Política. Es una mutación de la política como poder.

John Law, Consideraciones sobre el numerario y el comercio

Simone Weil, Echar raíces, Madrid, Trotta, 1996.

Gonzalo Fernandez de la Mora, Del ideal del Estado al Estado de razón, 1972.

Paul Joachinson,

Edmund Burke, Reflexiones sobre la revolución francesa, Madrid, Alianza, 2003.

Alexis de Tocqueville, Memoria sobre el pauperismo, Madrid, Trotta, 2003.

Hilaire Belloc, El Estado servil, Madrid, El Buey Mudo, 2010.

Pedro J. Ramírez, El primer naufragio, Madrid, La esfera de los libros, 2012.

Romano Guardini, El poder, Madrid, Cristiandad, 1977.

Ramiro de Maeztu, Defensa de la hispanidad, Madrid, Rialp, 1998.

Hume, Ensayos políticos, Madrid, Tecnos, 2006.

René Girard, Veo a Satán caer como el relámpago, Barcelona, Anagrama, 2002.

Naturaleza del poder y el Estado. La crisis europea y la oligarquía formada por la clase política

Seminario del 31 de Enero de 2012

Seguimos comentando el Capítulo IV. El Estado

1. Naturaleza del poder y el Estado

Pregunta acerca del texto cuando dice que “todo poder es egoísta” (p.68).Concentración del poder político: es un fenómeno importantísimo del Estado. El poder es egoísta en el sentido en que se afirma, necesita afirmarse. Se suele citar Acton incorrectamente. La cita completa es: el poder corrompe y el poder absoluto tiende a corromper absolutamente. J. Buckhart: “die Macht ist Böse”. Hay que demostrar que se tiene poder, si no se pierde.P1000259

Diferencia entre Estado-nación (soberano es la nación) y Estado nacional (no podía la dictadura de Franco hacer un Estado-nación). Se plantea la cuestión de un constitucionalismo sin Estado: el nacido de la revolución francesa es el primer ejercicio de planificación. El tradicional (como el inglés) no es sino político. Paso de Luis XIV: El Estado soy yo a Federico el Grande: El rey es el primer servidor del Estado.

El librito de Strayer es recomendable. Según Hoppe, la monarquía es la forma natural de lo político. Toda forma de mando natural empieza por el padre de familia. La forma natural es así una familia ampliada. El gobierno de los pocos ya sería un gobierno político. No obstante, al final es uno quien toma decisiones. Lo político implica la multitud, que se tiene que coordinar. El gobierno del padre sobre los hijos no es político. Propiamente hablando la monarquía no es una forma política. Es posible que la monarquía incorpore elementos republicanos (como la monarquía hispánica). Si la monarquía es pura no es política. La dictadura soberana es impolítica mientras que la comisaria no, pues es un remedio para la política. La política descansa en la doxa, en la opinión. La ciencia política antigua es como una parte de la sabiduría de los dioses. Ver el tema en Heidegger de Arte y Sofía: la verdad tiene un componente poiético en la manera de adquirirla. Por eso Platón explica el amor filosófico como eros. Los griegos no modificaban la naturaleza (como sí hace la ciencia moderna). Platón: techné polítiché; hacer el alma de la ciudad. Kratos: mandar, poder. Es además dinámica. Dynamis: potencia en movimiento. Kratos se usa poco en la Grecia antigua. Es una cultura arcaica, pueblerina. Como dice Ranke, sin Roma, no habría cultura griega como la tenemos ahora.

El Estado aparece tomando elementos de la Iglesia, pero también por la recuperación de la polis. Joachimsen: El Estado Moderno no se entiende sin la recuperación de Grecia en el Renacimiento. En Roma la ciudad pertenecía a los ciudadanos (cives-civitas), en Grecia es al revés (polis-polités) (D’Ors). Ver: “Sobre el no-estatismo de Roma” de D’Ors. Dice Schmitt que era un artículo magistral. También H. Arendt, Ocho ejercicios de reflexión política. Fundamental para entender el pensamiento político de Arendt.

P1000253El papado era una estructura política. Ockham es un tradicionalista que ataca al papado para defender a la iglesia. El papado tenía los tres elementos: impuestos, el ejército, la burocracia; es decir, el poder y la autoridad juntos. Se confunde la communitas que es la Iglesia con la koinonía griega de la polis. Se mezclan las dos. La Polis era un gran animal, un macroanthropos. Koinonía es una comunidad natural que se mezcla y va a dar en la teoría de la potestas indirecta de Bellarmino, ayudado por la unión protestante de poder e iglesia.

Rechtstaat no es lo mismo que estado de Derecho. Estado de Derecho viene de Francia y es laicista mientras que el alemán no es contrario a la Iglesia. En el luteranismo el príncipe es bueno, luego la administración que actúa bajo él son oficiales (religiosos). La burocracia alemana es muy escrupulosa. La burocracia francesa liquida a la Iglesia y pone a la nación. Como resultado la Iglesia es sometida. Gogarten: los conceptos secularizados se revuelven contra su origen.

2. La crisis europea y la oligarquía formada por la clase política

Antes eran los elegidos los que hacían los partidos. Ahora es al revés.

M. Lilla, Strauss y Schmitt en Pekín. Anécdota de M. Lilla de los chinos que quieren dejar de estudiar inglés y pasar a estudiar latín. Todos los chinos tienen conciencia de un cambio de sistema, están buscando referencias para construir algo nuevo. A ver si se dan cuenta que Gibbon estaba equivocado cuando decía que el cristianismo socavó el imperio romano.

Europa es una carga para los EEUU: mantener las bases. Gibraltar está mejor en manos inglesas que en las nuestras, ahora. Te conviertes en un protectorado americano de facto. Hay ocho grandes espacios: EEUU, Brasil, Indonesia, China, India, Rusia, Sudáfrica, Europa. España: es el régimen más totalitario de Europa, por la negación permanente de la realidad. La clase política es un fenómeno que forma parte de la codificación de la realidad. Se codifica y se recodifica constantemente.P1000243

Sobre la crisis demográfica y el tema de que no hay una revolución o una guerra en Europa simplemente porque no hay hijos: Gunnar Heihmsohn, Söhne und Weltmacht. Está pasando como en Grecia y Roma: las mujeres no querían tener hijos. Cuando hay una civilización en ocaso ocurre que la gente no tiene seguridad y entonces no tienen hijos. Ver las tesis de Toynbee. Ver Alain Soral, Vers la féminisation ? Démontage d’un complot antidémocratique. La mujer adocenada, en grupo, se pierde. Pero sola, siendo tan sólo su ser (como Juana de Arco, la Inmaculada) brilla con su autoridad. El feminismo es un machismo invertido.

Tema de la clase política. Vid. M. Fumaroli, El Estado cultural. También Eipstein en una especie de Historia de la Yihad en Francia. Todos los que formaron parte de la jihad del antirracismo acabaron colaborando en Vichi, y muchos antisemitas acabaron en la Resistencia. Se señala que la unión europea está llena de nazis y ex-nazis.

Respecto de la respuesta católica, se plantea: ¿Quién ha creado ese complejo de inferioridad católico?P1000240

Dos posibilidades contrapuestas:

1. J. Guitton: Durante un tiempo pudo entenderse que hubiera una caridad de silencio respetuoso ante los demás, pero ahora es el momento de hablar con caridad aunque moleste. Toda institución tiene poder (potestas) y de puertas afuera (auctoritas).

2. Marinovich, prisionero en un Gulag. Era comunista y se convirtió al cristianismo. Aceptó quitar una cruz para que unas mujeres musulmanas pudieran aceptar dormir en un dormitorio. Al día siguiente ellas le dijeron “ahora sabemos que eres cristiano”.

Bibliografía

J. Burckhardt, Welt-geschichtliche Betrachtungen – Briefe, Nürnberg, Nürnberg-Mendelsohn, 1948.

Heidegger, “Sobre el origen de la obra de arte” en Caminos del Bosque, Madrid, Alianza, 1995.

Platón, El Banquete, Varias ediciones. (Una particularmente buena es la de G. Reale, en italiano)

L. von Ranke, Sobre las épocas de la historia moderna, (ed. Dalmacio Negro Pavón), Madrid, Editora Nacional, 1984.

P. Joachimsen: “Der Humanismus und die Entwicklung des deutschen Geistes”.  Deutsche Vierteljahrsschrift für Literaturwissenschaft und Geistesgeschichte. 8. 1930. Disponible aquí.

H. Arendt, Ocho ejercicios de reflexión política, Barcelona, Península, 2003.

F. Gogarten, Entmythologisierung und Kirche, Stuttgart, Vorwerk Verlag, 1966.

Gunnar Heinsohn, Söhne und Weltmacht. Terror im Aufstieg und Fall der Nationen, Orell Fuessli Verlag, 2006.

M. Fumaroli, El Estado cultural, Acantilado, 2007.

Christofer Thornhill, A Sociology of constitutions, Cambridge University Press, . (presentado por Vicente Miró)

D. Negro Pavón, Sobre el Estado en España, Madrid, Marcial Pons, 2007.

D. Negro Pavón, Gobierno y Estado, Madrid, Marcial Pons, 2002.

H. H. Hoppe, Monarquía, Democracia y Orden Natural, Madrid, Unión Editorial, 2004.

J. R. Strayer, Sobre los orígenes medievales del Estado moderno, Barcelona, Ariel, 1986.

Alain Soral, Vers la féminisation ? Démontage d’un complot antidémocratique, Paris, Éditions Blanche, reeditado como Vers la féminisation ? Pour comprendre l’arrivée des femmes au pouvoir, Paris, Éditions Blanche, 2007.

Simon Eipstein, Un paradoxe français : Antiracistes dans la Collaboration, antisémites dans la Résistance, Paris,  Albin Michel, 2008

Recursos

Sólo para miembros del seminario: A. D’Ors, “Sobre el no estatismo de Roma”, en Ensayos de Teoría política, Pamplona, EUNSA, 1979. El pdf tiene contraseña: Sobre el no estatismo de Roma D’Ors

Video con Eric Zemmour comentando el libro de Eipstein, con listas muy interesantes de los antirracistas de la LICRA que fueron  posteriormente colaboracionistas.