“La flecha (sin blanco) de la historia”. Manuel Cruz. Ed. Anagrama

flecha sin blanco“¿Nos hemos quedado sin futuro? No, pero francamente nos lo han puesto cuesta arriba”. Así concluye Manuel Cruz su ensayo sobre política e historia y lo dice porque sabe que las épocas de cambio son duras. Las creencias, en sentido orteguiano, dejan de ofrecer las certezas necesarias para vivir el presente. Cuando desaparecen o dejan de ser operativas, la acción se ve condenada a un eterno presente sin significado. Cuanto menores son las certezas en las que nos movemos, mayor es la incertidumbre de la acción.

Para leer la reseña completa de Armando Zerolo:

http://www.nuevarevista.net/articulos/manuel-cruz-la-necesidad-de-recuperar-el-presente

 

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“Solo quien ama canta”. Joseph Pieper

El papel del artista, semejante al del sacerdote, cuyo objetivo fundamental es el de ayudar a recordar “un rostro que nuestra intuición ya apenas percibe…el rostro de un Dios-hombre que ostenta todavía las huellas de una ejecución vergonzosa.”

 

Solo quien ama canta. Josef Pieper, Editorial Encuentro, Madrid 2015, 76 pp.

 

Reseña de Javier Aparicio González

 

En un mundo que considera el trabajo como un absoluto y que vive obsesionado por el rendimiento y la producción, las bellas artes y la música acuden al rescate del hombre para recordarle que se puede vivir de otra manera. Este es el leitmotiv que recorre toda la obra de este pequeño pero enriquecedor libro, fruto de charlas y conferencias con académicos y artistas, del filósofo alemán Josef Pieper (1904-1997).

En el primer capítulo, y frente a esta situación, Pieper realiza un llamamiento a redescubrir la frase de Aristóteles: “Trabajamos para tener ocio”, ya que el pensador alemán considera que es aquí donde está en juego todo. Y es que “una desintegración total y definitiva del concepto de ocio, un concepto básico de la tradición y el pensamiento occidental, tendría necesariamente una consecuencia histórica evidente, a saber, el estado totalitario del trabajo.” Para Pieper, frente al trabajo, que tiene un sentido práctico y “que no está lleno de sentido en sí mismo”, están las artes liberales, que revindican “una actividad llena de sentido en sí misma”. Lo que quiere decir que “existen actividades humanas que no necesitan ser justificadas, en ningún caso, por criterios empresariales de utilidad económica.” Según el filósofo germano, si a esto no se da una contestación clara y rotunda se llegará a una situación donde “todo el mundo de forma explícita se convertirá en un proletario.” Y es que según Josef Pieper, está en juego el cumplimiento último de la existencia humana, que acontece con la contemplación. Siempre que se de esta contemplatio, este alcanzar “el corazón de todas las cosas”, “el fundamento divino de todo anhelo que existe”, “tiene lugar una actividad significativa por sí misma”. Las formas concretas de alcanzar esta contemplación son fundamentalmente tres: la meditación religiosa, la reflexión filosófica y la creación o participación en la experiencia artística. Así, las tres, lejos de cualquier tentación gnóstica están abiertas a todos los hombres. Donde este fenómeno acontece se produce una liberación, que es “casi más necesaria que el pan cotidiano, el cual es ciertamente indispensable y sin embargo insuficiente.”

En segundo lugar, Josef Pieper asegura que la capacidad de percibir la realidad tal y como es, es decir, la facultad del hombre de “ver”, está en declive. No sólo por la agitación del hombre moderno, sino por el “ruido visual”, al que contribuyen de forma definitiva la televisión y el cine, que según el autor, lejos de agudizar el sentido de la vista, lo atrofian. Y es que Pieper considera muy sabia la advertencia de los antiguos, que llamaba “destructora” a la concupiscencia de los ojos. Porque “aquellos que ya no están capacitados para ver la realidad con sus propios ojos, son igualmente incapaces de escuchar de forma correcta. Y es precisamente el hombre empobrecido de este modo aquél que sucumbe inevitablemente a los conjuros demagógicos de los poderosos de turno.” ¿Y qué se puede hacer ante esto? El filósofo alemán, propone la exclusión de nuestra vida de estos estímulos, así como trabajar para poder participar en la creación artística ya que esta permite “mirar con frescura renovada la realidad visible.”

En la tercera parte del libro, Pieper reflexiona sobre la esencia de la música, debate antiquísimo entre los filósofos. El pensador alemán considera que la particularidad de la música reside en que es “capaz de abrir un sendero en el reino del silencio” y expresar “el dinamismo del yo existencial del hombre.” En definitiva, la música se hace presente donde “la palabra hablada resulta completamente insuficiente”, para transmitir esperanza y tristeza, en el camino a veces arduo y fatigoso de la vida. Además Pieper, en la línea de Platón y Aristóteles, que resaltaban la importancia de la música en la modelación del ethos del hombre y de los pueblos, alerta del peligro de cierta música del nihilismo, que considera fácil, light, orgiástica, en definitiva, música para esclavos. Y es que para el pensador alemán, que ensalza la música de Juan Sebastián Bach, así como la música clásica en general, lo realmente decisivo “es que estemos dispuestos a escuchar atentamente el mensaje esencial de esta música, y a permitir que dicho mensaje encuentre eco, como en las reverberantes cuerda de un instrumento, en la inmediatez interior de nuestra alma.” Ya que esto nos llevaría a una “lucidez nueva”, hacia una “existencia interior de mayor vigorosidad y autenticidad”, que permitiría volver “con resolución, constancia, valentía y esperanza hacia el único y exclusivo Bien.”

Finalmente, Josef Pieper, resalta el papel del artista, semejante al del sacerdote, cuyo objetivo fundamental es el de ayudar a recordar “un rostro que nuestra intuición ya apenas percibe…el rostro de un Dios-hombre que ostenta todavía las huellas de una ejecución vergonzosa.” Así, y con una actitud de humildad por parte del artista, es decir de no buscar nada para sí mismo, se puede alzar un cántico de alabanza divina, que diga como San Agustín en mirada de amorosa contemplación y de abrazo total a la realidad “cantare amantis est”, es decir, “solo quien ama canta…”

Publicado en: Revista Humanitas

“La Monarquía Constitucional. Principios del Estado liberal según Chateaubriand.” Armando Zerolo, Ed. Dykinson. 2017, 137 pp.

La crisis del Estado contemporáneo es un hecho. Unos lo atribuyen al desgaste de la socialdemocracia, otros al auge de los populismos, y algunos a las nuevas tecnologías. Lo cierto es que, más allá de esas explicaciones particulares, estamos ante un cambio de época, lo cual no es necesariamente negativo si se saben aprovechar las oportunidades que toda época, como señalaba Ranke, proporciona.chateaubriand2

El objeto de este ensayo sobre los albores del Estado tal y como lo conocemos hoy es precisamente señalar la responsabilidad histórica que reside en momentos de crisis. Chateaubriand es solo un ejemplo de uno de esos grandes hombres que saben actuar con lucidez en un tiempo de cambios como fue el de la Restauración francesa (1814-1830). Un periodo poco conocido en la historia de las ideas políticas y, no obstante, crucial para el desarrollo de los dos siglos posteriores, hasta hoy. Después de la Revolución Francesa y de Napoleón quedaba un país entero por reconstruir, ¿Se debía volver atrás? ¿Qué era salvable de las ruinas? ¿Y qué oportunidades se ofrecían? Solo algunos grandes hombres supieron moverse entre las olas del pasado y las del futuro, salvando la nave del oleaje. El Estado Moderno, en su variante constitucional, nació de esta convulsión histórica, sumando la experiencia inglesa y norteamericana, la crisis de la Monarquía Absoluta y las ideas liberales que surgían en aquel momento en selectos grupos. De todo ello se nutrió Chateaubriand para aportar unas ideas originales y ricas al ideario político.

Chateaubriand es más conocido por su obra literaria, pues no hay que olvidar que fue el genio indiscutible del romanticismo, con una prosa nueva y rica, rompedora con los cánones del clasicismo, y directa a la individualidad del hombre romántico. No obstante, y esta es la razón por la que la primera parte del ensayo incluye una biografía política, esta fama no hace justicia con la realidad. En efecto, el personaje literario emergía cuando las circunstancias reprimían al hombre político. Sólo entonces el hombre de acción se refugiaba en las musas esperando mejor ocasión para volver a saltar a la arena.

La segunda parte del ensayo destaca el problema que hoy vuelve a estar de actualidad, el problema del cambio de época, pues la Restauración se movió arrastrada por una ola más grande llamada romanticismo, de la que nadie, ni los progresistas, ni los reaccionarios, ni los liberales ni los conservadores, podían escapar. Era una ola cultural que tocaba el corazón mismo del hombre. Hoy sucede algo parecido, y la reflexión política no puede dejarse al margen de los condicionantes culturales. Hoy no se puede volver a formas políticas pasadas que presuponen principios inactivos nacidos del paradigma ilustrado y luterano. La libre discusión, la libertad de conciencia y religiosa, la moderación política, el respeto de la ley o la igualdad de condiciones son presupuestos que están en jaque. No podemos seguir dándolos por supuestos, como si de algo eterno se tratase. Nacieron en una época, maduraron gracias a unos precedentes, y ahora, olvidadas sus raíces, quedan como palabras vacías en el desierto. Lo mismo sucedió después de la Revolución Francesa, aunque con los presupuestos culturales de los siglos XVII y XVIII, inoperantes en el siglo XIX para explicar el auge del igualitarismo y del liberalismo. Ante la perplejidad por el cambio de paradigma, unos se enroscaron en el pasado, y otros se sumergieron en los ensueños del futuro. Pocos vivieron la contingencia de lo político, el presente quedó desierto. Solo algunos supieron poblar el espacio presente y proponer con realismo acciones para el momento. Uno de ellos fue Chateaubriand. chateaubriand3

La tercera y última parte explica lo que él mismo llamó “catecismo constitucional”, sus ideas sobre cómo debería ser la forma política más adecuada para la Francia del siglo XIX. Las claves de su propuesta, para escándalo de la mayoría de sus amigos, eran la libertad de prensa y la separación de poderes. El monarca perdía gran parte de sus atribuciones y las cámaras, en un sistema bicameral novedoso para la tradición política francesa, adquirían un gran protagonismo. Al rey se le atribuía, por parte de Chateaubriand, un “poder moderador”, lo cual hoy nos resulta muy familiar, pero en la época fue un auténtico escándalo y ser fiel a su opinión le causó grandes disgustos. El reparto de poderes entre las cámaras, la alta y la baja, se basaba en las tesis liberales, próximas a lo que en 1830 sería recogido por los liberales doctrinarios, atribuyéndoles un poder legislativo que hasta ese momento pertenecía al rey. Propuso abrir el sufragio a otros estamentos y clases sociales, dando voz a los industriales y a las rentas del capital mobiliario, en detrimento del poder aristocrático. Y, sin duda la medida con la que se sintió siempre más identificado, fue la de la libertad de prensa. Fue su caballo de batalla, significó grandes peleas con el Ministerio de la Policía, y le costó su carrera y su fortuna.

Este ensayo que ahora publica Armando Zerolo, con prólogo de Oliver Tort es, en definitiva, una propuesta para repensar el Estado Moderno en su variante constitucional ahora que se acerca su momento final. No todo está perdido, solo hay que saber aprovechar los restos del naufragio para construir un barco nuevo.

El individuo sin individualidad. Ed. Encuentro. 90.pp.

Nuestra época, es una de esas etapas de la historia, en las que la individualidad está como apagada y casi desaparecida.

 

El individuo sin individualidad. Giuseppe Capograssi, Editorial Encuentro, Madrid 2015, 90 pp.

Reseña de Javier Aparicio González

 

Por primera vez se ha traducido al español la obra del abogado y filósofo italiano Giuseppe Capograssi (1889-1956). El autor, asegura en “El individuo sin individualidad”, publicado en 1953, que “nuestra época, es una época de desaparición del yo”. Con estas sorprendentes palabras, el pensador italiano, cuyas inquietudes recuerdan a Ortega, analiza los síntomas de agotamiento carnal y espiritual, que vive el hombre contemporáneo, abrumado por la propaganda cuya influencia bloquea, dificulta o impide el resurgir de una verdadera personalidad que está escrita en el corazón de cada hombre.

En los primeros capítulos, Giuseppe Capograssi analiza el concepto de individuo y lanza a modo de grito la siguiente pregunta: “¿Qué nos distingue?”. Para el pensador italiano todo individuo anhela llegar a ser uno mismo, “alguien único e independiente”. En este proceso de consolidación de la personalidad, Capograssi considera que la voluntad tiene un papel importante. Ya que ésta “va formando de elección en elección, de decisión en decisión, la individualidad del individuo. Frente a los continuos problemas que intereses, fines y pasiones le ponen delante, acepta y rechaza, dice sí o no, construye o destruye, respeta o viola.” Para el autor, existe una maduración de la voluntad, y lejos de todo pelagianismo, el filósofo italiano ve dentro de ella un germen, una “fuerza misteriosa”, “siempre nueva y fresca, que da vida”, cuya existencia contribuye a la formación de individualidades originales y por tanto a la imprevisibilidad de la historia. Pero este germen, que como todo brote inicial de vida es débil, “está expuesto a todos los golpes de la historia.” Capograssi afirma que en algunos momentos históricos esta fuerza prevalece y en otros no. Nuestra época, es una de esas etapas de la historia, en las que la individualidad está como apagada y casi desaparecida.

En la segunda parte del libro, el pensador itálico analiza los síntomas de la desaparición del yo. Capograssi considera que las formas de organización social, y el modelo actual de trabajo agudizan la situación, ya que “imponen al individuo disciplinas encaminadas a reprimir o rechazar precisamente la individualidad de cada individuo.” Tampoco el ambiente, de fuerte propaganda, que promueve una cultura de masas homogeneizadora, ni el ordenamiento jurídico, ni los regímenes políticos, basados en “oleadas emocionales irresistibles que sublevan a pueblos enteros” y cuyo paradigma ha sido el campo de concentración, en el que individuo se presentó en “forma de tal miseria, tal postración, tal cancelación de la fisionomía humana” que era imposible detectar la personalidad de cada uno de estos seres humanos, favorece la situación.

Pero el mayor drama de este ser humano, es que ha perdido el sentido de un Dios presente y la experiencia religiosa. Además del sentido de la vida histórica, lo que provoca que los pueblos renieguen “de todo lo que han bregado en el pasado para formarse y ser ellos mismos.” Todo esto genera un hombre que vive a toda prisa, obsesionado con fines prácticos, consumista y desenraizado, incapaz de mirar al otro, y que vive olvidando su conciencia y su destino. Además, Capograssi critica a Schopenhauer y Hegel, ya que considera que como muchos de los sabios de este tiempo, no ofrecen una ayuda real para explicar al hombre actual lo que le pasa, llevándole así a una postura de renuncia.

Finalmente, el filósofo italiano expone una idea original sobre la necesidad que tiene el hombre actual de liberación individual, basada en lo que Capograssi denomina la “ética de la extravagancia”. Cuyo fin es, en muchas ocasiones, “la inversión por la inversión” que paradójicamente, confirma al individuo en su vacuidad y carencia de personalidad.

Sin embargo, y lejos de perder toda esperanza, Capograssi propone que cada uno de nosotros trabaje “para que las posibilidades positivas prevalezcan sobre las negativas.” En primer lugar, viviendo y teniendo un juicio claro sobre la situación actual. Y finalmente, realizando un verdadero redescubrimiento del corazón, del que según el libro de los Proverbios, “brotan las fuentes de la vida”.

La influencia en el pensamiento económico de la Escuela Española de Economía

El miércoles 31 de enero a partir de  las 12:30 horas debatiré sobre el asunto con Juan Velarde, Pedro Schwartz, Victoriano Martín y León Gómez Rivas.
El evento se grabará en vídeo y también se podrá ver en directo por streaming en el canal de la web de la Fundación Rafael del Pino.
Se reivindicará el importante legado cultural y académico de los autores españoles de los siglos XVI y XVII.

Comida y entrega del II Premio Centro Diego de Covarrubias a Dalmacio Negro

Estimados amigos:

Nos complace informaros de que el II Premio del Centro Diego de Covarrubias ha recaído este año en la figura de Dalmacio Negro, catedrático emérito de Ciencia Político y miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. El acto de entrega tendrá lugar el próximo jueves 18 de enero en el Restaurante Jai-Alai (c/Balbina Valverde 2).

El coste de la comida será de 15€ para los miembros del CDC y de 35€ para los no miembros. Aquellos de vosotros que queráis asistir debéis enviar un mail a info@centrocovarrubias.org, donde os indicarán a través de un mensaje los datos para el pago. ¡Quedan muy pocas plazas!

 

“La mente naufragada” Mark Lilla. Ed. Debate.

La editorial Debate presenta este sugerente ensayo de Mark Lilla bajo el subtítulo “Reacción política y nostalgia moderna”, lo que ayuda a hacerse una idea de la tesis principal del texto. El autor afirma con razón que el tema de la “revolución” está mucho más estudiado que el de la “reacción” e intenta aproximarse al mismo sugiriendo al final una hipótesis sobre la interpretación de la historia.

El tema del ensayo empieza a ser recurrente en la bibliografía de los últimos años, lo cual pone en evidencia que el tema del cambio histórico y el de la relación del hombre con el pasado y el futuro empieza a emerger a la superficie de la opinión pública. Durante el siglo XX fue un tema reservado a eruditos y el asunto de la filosofía de la historia ocupaba grandes tomos complejos a los que accedían pocos, y normalmente al final de sus días, cuando la madurez del pensamiento así lo requería. En nuestro tiempo, cuando la incertidumbre histórica es perfectamente perceptible, el tema de la revolución y la reacción como actitudes posibles ante el presente es muy relevante.

Mark Lilla propone un itinerario por sus lecturas de las últimas décadas, y nos habla de pensadores, corrientes y acontecimientos que enmarcan un modo de estar “reaccionario”. Para él, el reaccionario es aquel al que la historia le ha derrotado. Ve que el tiempo pasado fue mejor y que el futuro está definido por una gran nube negra. Aclara que “los reaccionarios no son conservadores. Son a su modo tan radicales como los revolucionarios”. Para él, y de ahí el título, “la reaccionaria es una mente naufragada y donde otros ven que el río del tiempo fluye igual que siempre, el reaccionario ve las ruinas del paraíso”.

La política tiene un espíritu, un sentido, que no es solo el reflejado en el positivismo de las instituciones, sino que fluye como una corriente subterránea alimentando los pozos de la acción. Es esta corriente la que Lilla descubre con agudeza. La nostalgia tiene un poder psicológico sobre las corrientes políticas e influye activamente en las políticas concretas. El reaccionario duda del presente porque lo ve decadente y duda, “¿debería simplemente retirarse y convertirse en un exiliado interior, un disidente secreto?” El valor de este ensayo reside en alertarnos del peligro de “ausentarnos del presente” precisamente en esta época que es eminentemente política. Con la imaginación del desastre corremos el riesgo de imponerle un sentido a la historia que no es verdadero y, lo que es más grave para el autor, “eludir la responsabilidad total del futuro”.

La parte más débil del ensayo es la dedicada al análisis de la historiografía católica, identificándola con autores contrarrevolucionarios como Bonald, Lamennais o Maistre, e ignorando a otros como el mismo Chateaubriand que discutió con ellos, y una deriva católica de la modernidad que parece no conocer, aquella que va, según Del Noce, desde Descartes, pasando por Vico, Rosmini, hasta llegar a los De Lubac, Balthasar, Guardini o Ratzinger. Estos autores no hablan de “tiempos tan catastróficos” ni viven en la reacción, y son sin duda mucho más agudos que Brad Gregory, al que dedica demasiado espacio.

No obstante, solo el intento de intentar clarificar la diferencia entre conservador y reaccionario, y el hecho de agrupar en una misma familia a reaccionarios y revolucionarios ya es de por sí una aportación muy útil al mundo del pensamiento contemporáneo. “La lección de san Agustín -concluye Lilla- sigue siendo tan oportuna ahora como hace mil quinientos años: estamos destinados a construir nuestro camino conforme avanzamos.”

 

RUSIA, 1917 El sueño roto de «un mundo nunca visto»

En el centenario de la Revolución Rusa os invitamos a la conferencia que tratará las causas y las consecuencias de la utopía revolucionaria bolchevique.

RUSIA, 1917 El sueño roto de «un mundo nunca visto»

ENCUENTRO CON

ADRIANO DELL’ASTA profesor de lengua y literatura rusa en la Universidad Católica del Sacro Cuore

 

PRESENTADO POR

ARMANDO ZEROLO profesor de filosofía política en USP-CEU

 

Jueves, 30 de noviembre a las 19:30h Salón de Grados, Facultad de Derecho Universidad Complutense de Madrid

ADRIANO DELL’ASTA, vicepresidente de la Fondazione Russia Cristiana, es profesor asociado de Lengua y Literatura Rusas en las Universidades Católicas de Milán y Brescia. Académico de Eslavística de la Academia Ambrosiana, entres 2010 y 2014 ha sido director del Instituto Italiano de Cultura en Moscú. Su investigación se ha centrado en diversos intelectuales rusos de principios del siglo XX (N. Berdiaev, S. Bulgakov, Florenskij y Soloviëv) y en diversos escritores y literatos de los siglos XIX y XX: Dostoievski, Babel, M. Bulgakov, Grossman, Sinjavski, Solzhenitsin, siendo el encargado de las ediciones italianas de las obras de varios de estos autores.

LA FONDAZIONE RUSSIA CRISTIANA nació en el año 1957 con la finalidad de dar a conocer en Occidente la riqueza de la tradición espiritual, cultural y litúrgica de la Ortodoxia rusa, favorecer el diálogo ecuménico y contribuir a la presencia cristiana enRusia, tanto durante el régimen soviético como con posterioridad al mismo.

El libro

Rusia, 1917 El sueño roto de «un mundo nunca visto»

 

La Revolución de Octubre de 1917, que supuso la desaparición de Rusia y dio comienzo a la Unión Soviética, pareció traer un «nuevo amanecer». Sin embargo, la toma del poder por parte del partido bolchevique de Lenin reveló pronto su carácter trágico al dar lugar a un régimen totalitario sin igual en la historia.

 

Cien años después, este libro ofrece una precisa y completa síntesis de los antecedentes, los hechos y las consecuencias inmediatas de la Revolución de Octubre, a la vez que propone al lector una original interpretación de lo sucedido a través de la mirada profética de un ramillete de intelectuales rusos de la primera mitad del siglo XX, ex-marxistas, que ya antes de la Revolución pusieron de manifiesto el «vacío que se está adueñando del país» y las consecuencias a las que podía llevar.

de seminarioestudiosldc Publicado en Noticias

Cat “indepe”: un caso de suicidio asistido

Por Jorge Sánchez de Castro
Algunos lectores me preguntan si el problema catalán es un ejemplo de uno de los supuestos de la teoría de la acción colectiva: el “juego del gallina”, hasta hace bien poco el pariente pobre de la familia (“nadie ha utilizado el “juego del gallina” para analizar una situación política” -me dijo hace años el profesor Miguel Anxo Bastos-, gran conocedor de la teoría de juegos).
Pues bien, es evidente que sí.
Y para justificar mi afirmación es inevitable que cite alguno de los artículos de este blog, dedicado al análisis de las que considero las dos claves con las que interpretar la política contemporánea: el Estado Caníbal y el “juego del gallina”. *
En un artículo de abril de 2012 caracterice la política de las entidades regionales en su trato con el Gobierno central como una partida ininterrumpida del diabólico juego.
En pocas palabras, se trata una carrera entre dos vehículos donde la meta es un acantilado, en la que el ganador es quien se detiene más tarde y el perdedor el que primero se retire.
En el “juego del gallina” los actores parten de la premisa de que no tienen miedo al abismo. Es más, prefieren morir cayendo al barranco antes que ser derrotados, pues se considera más honroso perder la vida en la defensa de los objetivos que salvarla a costa de traicionarlos.
El que decide participar en este juego siempre gana: lo hace cuando logra lo que pretendía, pero también gana cuando pierde, pues cree morir como un héroe.
En el referido post de 2012 pronosticaba lo inevitable, esto es, que llegaría un momento en que una Comunidad Autónoma plantearía la independencia sí o sí (secesión o muerte).
El actual órdago “indepe” es la partida definitiva del “juego del gallina” que vienen practicando los nacionalistas periféricos desde hace décadas.
Ahora bien, hace cinco años expuse que el Gobierno sólo tendría la opción de impedir el juego o permitir su continuación, con el riesgo en éste último caso de que todo acabe en el despeñadero.
Sin embargo, he de decir que el Gobierno de Rajoy ha dado una vuelta de tuerca inesperada al juego y ha encontrado una fórmula inédita para contrarrestarle: el suicidio asistido.

El Gobierno asiste al suicida
Por extraño que nos parezca, la muerte se ha convertido en un bien a proteger.
Véase la eutanasia y el suicidio asistido.
La secesión de un país no deja de ser un ejemplo de “buena muerte” para los defensores del hasta ahora desconocido “derecho a decidir” cualquier cosa. En el caso que nos ocupa, la muerte de una nación.

No obstante, la eutanasia y el suicidio asistido suponen dos relaciones jurídicas con posiciones subjetivas radicalmente distintas.

Dejemos la eutanasia para otro día, y centrémonos en analizar si puede aplicarse el concepto jurídico de suicidio asistido para interpretar la forma en que el Gobierno está tratando la sedición planteada mediante el “juego del gallina”.

En el suicidio asistido es el propio sujeto que busca la muerte quien se la provoca a sí mismo, pero con la ayuda de otro que le proporciona los medios que necesita.

Bajo esta hipótesis no existen “derechos” de uno y “deberes” de un tercero, sino “privilegio” o “libertad” de morir de uno (secesión) y “no derecho” de impedirlo por parte de nadie (ni siquiera el Estado).
Este supuesto es obvio que no puede estar previsto en la Carta Magna, pues un texto jurídico no puede regular un “no derecho” ni tampoco la libertad de hacer lo que no está prohibido (suicidarse, morir).
Desde hace cuarenta años determinados grupos dirigentes de algunas regiones del país se consideraron con el privilegio de separarse como posibilidad política.
Esta libertad o privilegio siempre fue considerada por los distintos Gobiernos de turno, no un derecho político sino un “deseo” de suicidarse.
Se pensó que no tenían “derecho” a separarse pero sí “libertad” de suicidarse.
Esta es la clave que explica lo ocurrido hasta ahora y la táctica del Gobierno Rajoy para tratar el problema en el momento en que escribo.
Cuando los “indepes” plantean su “derecho a decidir” mediante el “juego del gallina” (“o me lo das o me mato”) no lo hacen exigiendo un derecho “político” que saben que no tienen (asumen que el referéndum fue ilegal), sino como la reivindicación de un supuesto derecho “moral”.
Lo novedoso de la circunstancia es que el Gobierno cuadra el círculo: reconoce a los “indepes” la libertad de suicidarse y les proporciona los medios para que su iniciativa tenga éxito despeñándose de una vez por todas. Es el suicidio asistido.
De esta manera logra evitar el conflicto por el sencillo procedimiento de hacer que se cumplan sus deseos, esto es, morir.
Sólo desde este punto de vista cabe interpretar todos los movimientos del Gobierno desde que la Comunidad Autónoma de Cataluña decidió suicidarse: intervención del presupuesto autonómico y embargo de cuentas, facilitar la salida de Cataluña de toda la estructura empresarial, “muerte civil” mediante inhabilitación y multas para los dirigentes y funcionarios “indepes”, aislamiento internacional, imposibilidad de financiar deuda.
En suma, el Gobierno no ha impedido al coche suicida que lleva “jugando al gallina” desde hace décadas que siga haciéndolo. No ha considerado útil aplicar hasta ahora los artículos de legítima defensa (155 y 116) que le otorga la Constitución para neutralizar el “juego del gallina”, sino que ha puesto todos los medios para que el suicidio se consume.

Y lo hace reservándose todos las herramientas para proteger a los que no se quieren suicidar, por ejemplo, trasladando a Cataluña a Policía Nacional y Guardia Civil, facilitando una “pasarela” para que los “mossos” que quieran puedan incorporarse a aquéllos cuerpos, garantizando las nóminas de los funcionarios leales y la financiación de los servicios públicos.

Ignoro si Rajoy y su Gobierno son conscientes de lo que hacen, pero el tratamiento del problema de la sedición vía “juego del gallina” como un supuesto de suicidio asistido, supone un evidente hito teórico y práctico que coloca el temible juego en un marco de resolución completamente insospechado.

* Juego del gallina: Comprenderán al instante a lo que me refiero si recuerdan a James Dean en “Rebelde sin causa” celebrar con otro joven una carrera de coches en dirección al vacío de un acantilado. El motivo de la disputa era acreditar quién era el más valiente, y el ganador resultaba ser quien frenaba más tarde, el último que se arrojaba del coche justo al límite del precipicio. El que tomaba antes la prudente decisión de parar era el perdedor, “el gallina”…, salvo que el vencedor se despeñase al abismo.



CODA NEGOCIADORA: 
Aunque los dialogantes merecen artículo aparte, sólo un breve recuerdo para ellos.
Negociar con el suicida significa continuar participando en nuevas partidas del “juego del gallina”.
Conviene recordar que éste sencillo juego es el que nos ha llevado hasta aquí.
Por tanto, el diálogo con el rebelde ya no sería “suicidio asistido” sino suicido compartido, suicidio al cuadrado, multisuicidio.

Fuente: http://elunicoparaisoeselfiscal.blogspot.com.es/2017/10/cataluna-un-caso-de-suicidio-asistido.html
de seminarioestudiosldc Publicado en Estado

“Locuciones latinas y razonamiento jurídico”. Juan Manuel Blanch

“Locuciones latinas y razonamiento jurídico. Una revisión a la luz del derecho romano y del derecho actual”. Juan Manuel Blanch. Madrid, Dykinson, 2017, 752 pp.

El Derecho Romano es una disciplina para juristas maduros pues se aprecia y se entiende su valor cuando se ha tenido un contacto prolongado con la realidad jurídica. Antes, es decir, para los juristas que no están todavía maduros, puede parecer arqueología jurídica o pura anécdota. La realidad es bien distinta y los juristas de pura cepa saben bien que es una de las disciplinas que mejor enseñan a razonar en derecho, rectamente. Juan Manuel Blanch Nougués es uno de estos últimos y, además, tiene la generosidad de compartir su experiencia con el público amplio a través de una obra que es útil para todos. Aclara conceptos básicos del derecho a todos, casi a modo de diccionario, aunque esta obra está muy lejos de quedarse en eso; pero también enseña a razonar a aquellos que ya están inmersos en la realidad jurídica y explica nuestra tradición a los que nos sentimos deudores de la misma. Esta obra tiene la rara virtud de ser útil a alumnos de primer curso de Derecho, de Historia o de cualquier titulación humanística y, además, servir de instrumento para juristas iniciados que deseen perfeccionar su capacidad de interpretación y razonamiento.

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Las locuciones latinas condensan en una sentencia breve un razonamiento y un concepto, la mayoría de las veces más complejo de lo que pueda parecer. Ex novo, Fórum, Cui prodest, Secundum ius, etc., son locuciones asimiladas a nuestro uso jurídico cotidiano, e incluso coloquial, que tienen tras de sí una larga historia y un significado preciso y profundo. Como señala el profesor Blanch, las locuciones latinas son una preciosa síntesis de razón y memoria: “el mero razonar sin memoria carece de sentido”.

Blanch aclara en la introducción a la obra que “lo característico de Roma, que la hace verdaderamente original frente a cualquier otra cultura del mudo, incluida la griega, es que fue creada fundamentalmente por juristas, no por legisladores”. En efecto, esto es una realidad que hoy se nos puede escapar y que quizás explique el desafortunado descuido del Derecho Romano en las Facultades de Derecho. Podríamos decir, siguiendo esta terminología, que hoy se enseñan muchas “leyes” y poco “derecho” o, lo que sería lo mismo, que hoy formamos “legisladores” y no “juristas”. El discernimiento del caso concreto, buscando la solución de casos, basados en hechos y ayudados por un saber histórico, es lo propio del jurista. Conocer la legislación vigente de un lugar particular, para “aplicarla” a los casos, sin el uso de la razón y la memoria, es propio de “picapleitos”, como decía Cicerón en su tratado Las Leyes. Como explica Blanch, “la diferencia entre el jurista y el legislador es notable, porque frente a este no goza aquel de poder para imponer sus decisiones. Su fuerza radica en su capacidad de convencimiento”. Fuerza de la razón (imperium rationis) frente a razón de la fuerza (ratio imperii). El derecho no es, como decía Kelsen, el monopolio de la fuerza en manos del Estado. Esa afirmación Hobbesiana está muy lejos de lo que es nuestra tradición romana pues el derecho es, como desentraña Blanch de un modo sumamente ameno, una combinación sutil de tradición y razón.

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El derecho nace de la trama de relaciones personales en íntima conexión con la naturaleza y con la vida. Su comprensión, por tanto, no puede separarse de la historia y de un correcto razonamiento. Ante la inflación legislativa característica de nuestra época y el estatismo como forma política, recuperar el Derecho Romano según esta original propuesta es de enorme valor. Valor que se hace extensivo a las Facultades de Derecho y a una reflexión profunda sobre qué tipo de “profesionales” queremos formar.

Estamos ante un libro fruto de un largo trabajo, y así nos consta, que es útil para muchos y que suma la virtud de que puede leerse “picoteando”, abriendo sus páginas al azar, y dejándonos sorprender y divertir por lo que encontremos.

“El arte de educar”. Franco Nembrini

El arte de educar de padres a hijos.arte educar

Franco Nembrini

Editorial Encuentro

Madrid, 2014

255 páginas

Reseña realizada por Javier Aparicio

La educación “es un acto de misericordia, un gran perdón continuo”. Con estas provocadoras palabras Franco Nembrini, profesor italiano de Literatura e Historia en la enseñanza media, y autor de diversos ensayos sobre Dante y la Divina Comedia, ilumina la difícil tarea del educador en este ameno y reconfortante “manual” educativo. Fruto de la recopilación de diversas charlas, encuentros y conferencias con familias y profesores, el profesor Nembrini huye de abstracciones educativas y habla desde su experiencia personal como hijo, alumno, padre y profesor.  En los diversos capítulos se percibe la influencia del libro “Educar es un riesgo” de Luigi Giussani al que Franco Nembrini considera un referente.

Para el profesor italiano “las cosas se aprenden dentro de una relación”, nunca a través del miedo, del chantaje, o de la reducción de la educación a una cuestión de imposición de normas. Según el autor la educación se basa en el amor, en afirmar el valor del otro. Y ese amor conlleva no sólo el perdón, sino la acogida del otro tal y como es.  “Yo te quiero antes de que cambies, antes de que seas como yo quiero, antes de que seas bueno, antes de que saques buenas notas en la escuela, yo afirmo tu valor antes de cualquier expectativa”.

Uno  de los pilares fundamentales para construir esta relación pasa por la certeza de que  el alumno vea que te importa su destino, es decir, su felicidad.  ¿Significa esto que tenemos que ser perfectos? No. Para Nembrini lo que el alumno busca del educador es un “hombre viviendo”, un hombre esperanzado que le permita crecer seguro. Lo que significa que en muchas ocasiones sobran los discursos.  “Papá asegúrame que merece la pena haber venido al mundo” para el autor esta es la demanda que tienen todos los hijos en el fondo de su corazón.

Frente al misterio de la libertad, presente siempre en todo acontecimiento educativo, Franco Nembrini recurre a la parábola del hijo pródigo. Según el educador italiano, el padre podría haberle dicho al hijo: “¡No te vas!” (optando por una solución autoritaria),  o bien: “¡Me voy contigo!” (propuesta muy recurrente hoy). “Son dos errores: cerrar la casa para que no puedan salir o irnos con ellos”. Lo que ellos piden es “gente que está, que aguanta por el bien de su hijo, para que él tenga esperanza”. “Quieren saber si su casa está fundada sobre roca, y te ponen a prueba, tiran y aflojan para ver si la cuerda se rompe; pero tú permaneces”.

capitanes intrépidos

Para Franco Nembrini hoy existe un tipo de cultura que es devastadora ya que anula en los chicos “los parámetros de juicio en cuanto a lo feo, lo bello, el bien y el mal”. Y promueve modelos vacíos a través de la televisión y del cine. En definitiva, “una cultura de la soledad que exaspera la competencia y la rivalidad”. Lo que les hace superficiales, excesivamente instintivos y estar “totalmente en manos del poder” produciéndose así lo que Giussani llama una “invasión despótica de las conciencias”.  Frente a esto, Nembrini propone un “movimiento de resistencia cultural” que ofrezca una experiencia de bien, verdad y belleza. Una propuesta educativa positiva y de carácter unitario, que no elimine las preguntas de la vida, el por qué de las cosas y que huya del cinismo imperante. Una propuesta que realce la conveniencia del bien para nuestros hijos, para crecer e incrementar su personalidad.

Para el autor un profesor es alguien que se deja educar, cuya virtud es la paciencia y que no  se deja dominar por el miedo. Que respeta la gradualidad, un crecimiento progresivo en el alumno y sobre todo alguien que nunca dice: “¡Ya es demasiado tarde!”, que no niega la posibilidad de cambio. El educador es un adulto que tiene delante de sí un desafío siempre abierto ya que está en juego el misterio de la libertad humana.   Sin embargo, Nembrini considera que este desafío no se puede acometer en soledad. Necesitamos a nuestros amigos, “es siempre y sólo un pueblo el que genera verdadera vida”.

Finalmente, Nembrini insiste en que es de vital importancia, que no nos señalemos a nosotros mismos en el proceso educador. “No os digo, seguidme a mí, sino que tenéis que ir detrás de ese hombre que veis ahí…” Jesús es el gran educador, el único que permite desde la humildad acoger a nuestros hijos.  En definitiva Aquel que vino al mundo, no para solucionar nuestros problemas, sino para ofrecernos un punto de vista totalmente nuevo para afrontarlos.

 

Javier Aparicio González

El siguiente campo de cultivo

Tras la intervención de Rusia, el vuelco a favor de Assad en la Guerra de Siria y la victoria de Trump, una inquietud recorría el subconsciente de los críticos de las oligarquías occidentales: ¿y ahora qué?

Para el temible complejo económico-bélico occidental, siempre ha de existir un campo donde, por una parte, gastar mucho dinero y por otra parte, mantener la presión y el control sobre el mundo no-occidental. Pero al encaminarse hacia el agotamiento el fecundo -en guerra y emigrantes- campo sirio (aquí una interesante exposición de la Hna. Ma. Guadalupe Rodrigo) por la previsible victoria Sirio-Ruso-Iraní y la derrota del terrorismo (y la OTAN), algunos nos preguntábamos: ¿y ahora cuál será el siguiente campo de cultivo de las élites occidentales?

Dos posibilidades surgían en el horizonte: o una cadena de atentados en Occidente (sobretodo Europa, que es el tonto útil del atlantismo) de mayor o menor gravedad, o bien un nuevo frente internacional. Parece que, en este sentido, el Deep State, ha conseguido aparentemente reactivar la tensión Siria (hasta los medios oficiales ya se hacen eco de este atentado de bandera falsa) y además, recordar al inocente espectador occidental que existen todavía muchas posibilidades de guerra por medio del bombardeo de Afganistán y el envío de tres Portaaviones a Corea del Norte.

Pero in politicis, las cosas pueden tener muchos planos, como en toda buena obra teatral y no siempre lo que hace un personaje tiene el sentido que parece y sólo se descubre ese sentido a medida en que se desarrolla el drama. Así, todavía no sabemos hacia dónde se encaminará el mundo: si hacia un debilitamiento tanto del poder de las élites occidentales sobre el mundo como de las mismas sobre sus pueblos, o por el contrario hacia la guerra internacional, la crisis económica y el desierto cultural-simbólico.

Por ello merece la pena oír análisis como los de Thierry Meyssan: nada de lo hecho hasta ahora es irreversible y podría ser un modo por el que Trump no se enfrenta al Deep State mientras no tiene su poder consolidado. Es lo que sugiere en estos dos artículos breves:

Trump: dos pasos adelante y un paso atrás

¿De verdad cambió Trump de casaca?

Meyssan señala que una reunión de cuatro horas entre Tyllerson y Lavrov y luego otras dos horas con Putin, no parece que sea simplemente una reunión para constatar diferencias. Las dudas ahora son: ¿se reactivará irreversiblemente el conflicto sirio o podrá finalmente concluirse con la derrota del terrorismo patrocinado por las potencias occidentales? ¿Se abrirá un nuevo frente en Corea del Norte y, si es que sí, servirá ese frente para poder justificar ante el Deep State el cierre del conflicto sirio? Cuando se te hace presidente de una asociación de drogadictos, no es tan fácil cortarles las dosis. Si acaso se les puede ofrecer metadona lejos de su camello habitual mientras se les separa, distrae e impide que roben para pagarse las dosis. Cómo se curará la “guerradicción” de las potencias occidentales es la pregunta que tenemos que plantear ahora.

Eso presuponiendo que Trump y algunos estadounidenses más quieren acabar con este ciclo de dependencia auto-destructivo. Porque existe la posibilidad de que simplemente el drogadicto esté incrementando la dosis, ampliando campos de cultivo. Y mientras, ¿quién nos liberará de esta banda de adictos al robo, al conflicto bélico internacional y a la destrucción de los pueblos occidentales que ahora nos gobierna? ¿No debería llegar la hora en la que echemos a esta banda de ladrones -San Agustín dixit- y polemofílicos de nuestra casa?

Alonso Muñoz Pérez

Origen: El siguiente campo de cultivo

“La Atlántida roja. El fin del comunismo en Europa.” Luigi Geninazzi

Hay una pequeña historia de Europa que está aún por escribir, la del fin del Estado Soviético en los países satélites “del este”. Varsovia, Moscú, Budapest, Berlín, Praga, Sofía y Bucarest fueron los escenarios de un drama al que Europa occidental prestó poca atención y que, por esa razón, aun sigue sin comprender muy bien. El interés de este pequeño relato histórico de uno de los periodistas mejor documentados, Luigi Geninazzi, reside en la información que aporta de primera mano y en su interpretación que nos puede ayudar a los “occidentales” a comprender nuestro propio proceso de disolución nacional.

Lech Walesa, en el prólogo escrito a propósito para este libro, dice: “cada vez que me preguntan quién hizo caer el comunismo en la Europa del Este suelo responder que el mérito corresponde en el 50% a Juan Pablo II, en un 30% a Solidarnosc y el resto se lo reparten Reagan, Kohl y Gorbachov.” Es su opinión y esta historia está todavía por hacer, pero aporta un juicio histórico al que aquí en la vieja Europa hemos prestado poca atención, y es que la Iglesia, también entendida como el conjunto de personas libres con una fe personal, jugó un papel determinante.juan_pablo_ii_plaza_victoria_1979

La historia de este libro comienza en Danzig en 1980, en la ciudad donde comenzó la Segunda Guerra Mundial. “Los del mono azul contra el régimen rojo”, una huelga en los astilleros Lenin que amenazaba con acabar, como así sucedió 10 años antes, con un baño de sangre. Se atrincheraron en las fábricas y esperaron la negociación por un aumento salarial que les permitiese comprar los alimentos básicos. En poco tiempo todos los astilleros del litoral báltico estaban también en huelga y la agitación se extendió por toda Polonia. Geninazzi cuenta, en primera persona, cómo veía pasar el tiempo a los obreros: jugando a las cartas, escribiendo poemas, con la dignidad del que luchaba por su pan y por su libertad. A las cinco de la tarde, todos los días, un rato de oración. Y así se fraguó una nueva revolución, una nueva forma de cambiar las cosas. Lech Walesa cuenta cómo intentaron acabar con el comunismo y qué fue lo que realmente triunfó: “En los años 50 alguno lo intentó con las armas, pero perdió la vida por manifiesta inferioridad. En los años 60 y 70 intentamos salir a la calle para hacer oír nuestra protesta, pero nos silenciaron con la fuerza. Hemos buscado varias soluciones, pedimos consejo a los políticos e intelectuales de occidente. Pero ninguno de ellos creía que fuese posible la caída del Imperio soviético. Luego llegó nuestro papa, el papa polaco, y descubrimos que hay algo más fuerte que los carros de combate y los misiles atómicos. Juan Pablo II apeló a los recursos espirituales y a la fe de nuestro pueblo y nos pidió que no tuviéramos miedo.”

Polonia primero, Checoslovaquia después, donde el comunismo adoptó un rostro especialmente duro cuando en 1948 los comunistas tomaron el poder y reprendieron con dureza al pueblo y a la Iglesia, con más de 400 campos de concentración en los años 50, y la terrible represión de 1968 que sofocó la Primavera de Praga. En los 80 algo se mueve y sacude el sistema. Se firma la “Carta 77” que reclama el respeto de los derechos políticos, civiles y sociales más elementales. Vaclav Havel es la figura más destacada de este movimiento que pronto recogió miles de adhesiones y que vio en “Solidaridad” un ejemplo alentador.” El pontificado de Juan Pablo II representó una esperanza de cambio para todos los creyentes del Este de Europa”. Cuando el papa se presentó en 1979 como “el papa eslavo”, su primer saludo fue para los hermanos checos y eslovacos. Las relaciones entre la Iglesia y el Estado estaban cambiando y las manifestaciones públicas de la fe empezaban a ser inevitables. La conmemoración del aniversario de los santos Cirilo y Metodio fue acogida por más de 200 mil fieles. Checoslovaquia resurgirá.

Alemania Oriental en 1986 fue el siguiente peldaño en la escalera hacia la emancipación del comunismo. Estaba punto de caer el muro de la vergüenza y nadie parecía adivinarlo. La bandera de la protesta, “abandonada por la Iglesia protestante, la recupera la Iglesia católica, debidamente minoritaria pero combativa”. El episcopado condenó con firmeza las decisiones del gobierno y se opuso con firmeza al intento de convertir a los sacerdotes en funcionarios. Era el año 1987 y el concierto de Génesis en la Puerta de Brandemburgo se escuchaba en la Alemania Oriental. Los gritos de “Gorby, Gorby” resuenan entre la multitud de la DDR y después, un aullido general: “¡Abrid la Puerta, derribad el Muro!”.

muro de berlín

En 1987 Rumanía sufre la oscuridad, el hambre y el terror, según Geninazzi. No solo los alimentos, también la energía estaba racionada y, tal era la situación, que se envidiaba a Polonia. Ceausescu, el sátrapa rumano, tenía hundido en la miseria a su pueblo y la tensión estaba a punto de hacer saltar por los aires al gobierno. Dos años después, en 1989, una “conspiración disfrazada de revolución”, acabó con el gobierno entre baños de sangre y violencia generalizada. Es una historia aun hoy poco conocida y que el autor se esfuerza en tomar desde el principio.

1989 será el año en que “la historia empiece a correr”. Los acontecimientos se precipitaron con resultados de sobra conocidos. El mérito de Luigi Geninazzi es relatarnos con un ameno y pulcro estilo periodístico unos hechos vividos en primera persona que muestran cómo el sistema de hierro soviético no colapsó, como hundido por su propia debilidad, sino que fue la fuerza espiritual de un pueblo valiente, acompañado por un papa profeta, lo que posibilitó el cambio y la futura reconstrucción. Como dijo Juan Pablo II el 13 de enero de 1989, “en países donde durante años un partido ha dictado la verdad en la que creer y el sentido que dar a la historia, estos hermanos han demostrado que no es posible ahogar las libertades fundamentales que dan sentido a la vida del hombre”.

Casi 30 años después la historia continúa y, como señala Walesa, “sobre las ruinas del comunismo ha nacido un capitalismo de nuevo cuño, totalizante y agresivo”. Es un reto que el ejemplo de solidaridad nacido en los años 80 puede ayudar a afrontar. Está claro que la tecnocracia y las estructuras por sí solas no nos darán la solución y la Europa “occidental” tiene mucho que aprender de la historia de los pueblos del este.

“La Atlántida roja. El fin del comunismo en Europa.” Luigi Geninazzi. Rialp, Madrid, 2014

Por Armando Zerolo

USP-CEU Madrid

Dalmacio Negro “La ley de hierro de la oligarquía”. Ediciones Encuentro.

Por Javier Aparicio González

La historia de Europa es “una lucha permanente por la libertad política”.  Estas son las palabras del prestigioso catedrático español de Historia de las Ideas y Formas Políticas, Dalmacio Negro Pavón. El autor, en este breve pero sugerente ensayo, reivindica el auténtico pensamiento político europeo, en pugna con “la ley de hierro de la oligarquía” un concepto que Negro Pavón rescata del politólogo y sociólogo alemán Robert Michels. El autor, recorre la historia de Occidente de la mano de los grandes pensadores políticos, llevándonos desde Grecia a la actualidad para finalizar advirtiendo que esta “ley de hierro” que ha pasado tantas veces por alto, es una constante que sigue operando en nuestros días.

Para Negro, todo gobierno es oligárquico yutopia por ello la clave de la política consiste en cómo disminuir la presión de la oligarquía (que en el fondo es la unión del poder político y económico) para evitar que ahogue la libertad colectiva. En el pensamiento de Negro Pavón, hay dos pilares,  uno griego y otro cristiano. La libertad política, invento griego, que articula el “hombre exterior”, donde  existe “la posibilidad de participar libres e iguales en la ordenación racional de la vida colectiva” y el gran descubrimiento cristiano, la conciencia, “el hombre interior”, baluarte de libertad.

Los griegos, que concebían la política como un arte medicinal parar sanar de los males colectivos, intuyeron ya el problema de la oligarquía.  Frente a ella, reivindicaron la ciudadanía (polites), la libertad política y el bien común (koinon agathon), considerando que la destrucción de estos elementos degradarían a la Polis al nivel de los bárbaros y la abocarían a la peor de las tiranías. Para Negro Pavón parte de la crisis política actual se explica por la ignorancia e incomprensión fundamentalmente del pensamiento político clásico de Platón y Aristóteles. Además,  el autor considera, que la alteración de la tradición política europea parte de Lutero, Hobbes y Rousseau. Y es que “el pensamiento político tradicional no prejuzga la naturaleza humana: ateniéndose a la realidad según la experiencia, la acepta según es, pecaminosa pero racional.”

Dalmacio Negro considera que en nuestros días se está consolidando la supeditación de la política a la economía y la idea de que el pensamiento político debe ser científico. Por ello, apelando de nuevo a la Grecia antigua, reivindica la democracia moderada frente a la actual democracia contemporánea, demagoga  y radical. En donde la oligarquía está condiciendo a una combinación de plutocracia, en la “que el poder dinerario corrompe las instituciones, incluidas las más ajenas a la política como pueden ser las iglesias”, y oclocracia (el gobierno de la muchedumbre).  Citando a Pierre Manent: “bajo la apariencia de la democracia opera en realidad una oligarquía” en la que “la minoría de los que ostentan el poder material y cultural manipulan las instituciones políticas en su propio beneficio”. En la línea de Tocqueville, el autor recuerda el peligro de la tiranía de la opinión pública, amplificada hoy por la propaganda y los nuevos medios de comunicación.

Finalmente, apoyándose en diversos autores contemporáneos, Negro Pavón asegura que, en líneas generales, hoy impera el Estado de partidos, que anula la voluntad de los pueblos  manipulados por los grupos de interés y la Nomología, es decir las invasión de la esfera privada de los ciudadanos para imponer conductas y alterar las relaciones naturales entre los mismos.  A todo ello hay que añadir la corrección política, el infantilismo imperante, los ataques a la libertad de expresión, pasando por la crisis de la auctoritas de la Iglesia, algo grave, ya que es el auténtico contrapoder frente a la potestas de los poderes temporales.

Frente a esta “ley de hierro de la oligarquía” Dalmacio propone una  política realista, escéptica sobre la naturaleza humana , que rescate el pensamiento tradicional europeo y fomente la política del justo medio (al estilo aristotélico) así como  la formación de células intermedias de autogobierno, que impidan la destrucción de las libertades individuales y el ethos de nuestras sociedades.

 

Javier Aparicio González

Publicado en “Humanitas 83”.

 

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