¿Qué significa ser de “derechas”?

Los términos de “derecha” e “izquierda” se acuñaron en Francia en 1789 durante la Revolución para señalar a los que se sentaban a un lado u otro del presidente de la Asamblea Constituyente, pero esta distinción original tenía un carácter meramente descriptivo del lugar que ocupaban con un mínimo significado ideológico. Nos indica un primer rasgo de la historia de la derecha, directamente relacionada con la aparición de la Monarquía Constitucional y las nuevas teorías constitucionalistas.

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Artículo de Armando Zerolo

Protestante predicador

 

 

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“El rapto de Europa”. Luis Díez del Corral

Arnold Toynbee pensaba que el Imperio romano preparó las condiciones históricas para el cristianismo al triunfar sobre el mundo antiguo y, al contrario, Jaspers y las contemporáneas imaginaciones de la catástrofe, preconizan que los fuegos de la razón técnica europea prenderán fuego al mundo. Ideologías de la tragedia o de la fortuna, utopías o distopías que, sin ningún género de dudas, tienen su matriz en la misma génesis de la cultura europea. El autor no comparte esas “filosofías de la consolación” que “le quitan al paciente los quebraderos de cabeza que les produciría el esforzarse por poner remedio a su suerte irremediable”.

Leer mas de la reseña de Armando Zerolo en “Nueva Revista”

“Representación y poder”. Elio Gallego

Lo que se ha enterrado ahora es algo más que a Montesquieu, con ser eso mucho. Lo que se ha enterrado es la realidad misma de la representación.

 

 

Con estas provocadoras palabras el profesor español de Teoría y Filosofía del Derecho Elio A. Gallego García, alerta de la quiebra de una de las piedras angulares de la civilización occidental, la libertad política, que está en peligro desde el momento en que se funden las ideas de representación y poder. El objetivo fundamental del libro no es otro, que el de aclarar el concepto político de representación.

 

En el primer capítulo, Elio A. Gallego García considera que el origen de la “con-fusión” entre poder y representación surge con el “proceso alquímico” iniciado por Hobbes, que altera el concepto de representación tradicional. Posteriormente, la Revolución francesa va más allá de Hobbes, al pasar del “soberano absoluto concreto” al “soberano absoluto abstracto”, la nación. Produciéndose así la inmanentización del poder, es decir, el nacimiento del pensamiento secular e ideológico. Según Elio A. Gallego desde el momento en el que la división de poderes se convierte en “una cuadratura del círculo” todo se complica. Lo que explica la conflictiva historia política y constitucional europea de los siglos XIX y XX y la consecuente dificultad de las democracias para frenar a los totalitarismos.juan_pablo_ii_plaza_victoria_1979

 

Por otro lado conviene abrir los ojos, porque desde mediados del siglo XX en todo Occidente se ha reforzado de tal manera el poder del ejecutivo, ayudado por la popularidad mediática del candidato a la presidencia, que el legislativo se ha convertido en una mera “cámara de ratificación” en “una cámara representativa, pero representativa del poder y la mayoría del gobierno de turno, no del pueblo”. Además, los partidos políticos insertados de lleno en la maquinaria estatal y al servicio de los lobbies y de las oligarquías, “desnaturalizan el carácter representativo y legislativo” y olvidan una idea clave del pensamiento político occidental, la de que no puede haber impuesto si no hay representación.

 

A continuación, Elio A. Gallego resalta el modelo representativo prehobbesiano inglés, evolución del modelo gótico medieval según Montesquieu. Este modelo se basaba en un delicado equilibrio entre representación y poder. Sin embargo, la Revolución francesa, mutó a largo plazo el modelo inglés en parlamentarismo, que es “la enfermedad que padece el parlamento cuando se arroga un poder más allá de la representación del cuerpo social”. Para el pensador decimonónico español Donoso Cortés, defensor del equilibro británico,  el parlamentarismo es “el espíritu revolucionario en el parlamento” un espíritu “que no está inspirado por la libertad”, “es poder y no resistencia al poder”. En definitiva, un “Poder sin límites es un Poder esencialmente anticristiano” decía Donoso.  

 

Según Elio A. Gallego la representación feudal, basada en las corporaciones locales, auténtico microcosmos medieval, sí que era representativa. De hecho, la idea de representación parlamentaria nació al calor de las ciudades medievales (León en el contexto de la Reconquista forjó una de las primeras Cortes de Europa en 1188) y bajo el amparo de una  reinterpretación del Derecho romano. En el caso español, las Cortes castellanas, auténtico baluarte de libertad según Lord Bolingbroke, y de control del poder, iniciaron su decadencia con el emperador Carlos I y murieron con la llegada de los Borbón a España.

 

El otro modelo clásico de representación, es el regio, primera forma de gobierno y de representación para los antiguos, “a mitad de camino entre lo sagrado y lo político”. Con el cristianismo,  y de manera progresiva, especialmente desde los siglos XI y XII, el rey “representa a Dios y custodia la justicia ante su pueblo” así como ejerce el poder como carga y deber. Estas ideas clave del pensamiento tradicional europeo, se alteraron en la Edad Moderna, según Elio A. Gallego, en línea con Dalmacio Negro, por la consolidación del derecho divino de los reyes, en el que el poder pasa a ser un derecho propio y exclusivo del monarca. Conviene recordar que cuando un rey se convierte en tirano, algo que no ha sido infrecuente en la historia, los lazos de fidelidad pueblo-rey se rompen. Decía Santo Tomás “dispóngase el gobierno del reino del modo que se evite la tiranía.”
Finalmente, el pensador español considera que la democracia, forma política fundamental junto a la realeza, “tiende por sí misma hacia formas oligárquicas o aristocráticas, según esas formas sean degeneradas o virtuosas”. Por ello, el autor, siguiendo a Burke, reivindica frente a la actual deriva oligárquica, una democracia que reconozca a los notables, es decir, a la aristocracia natural. Cuya virtud personal basada en la fortaleza, la madurez y el patriotismo, cuide de la libertad y de la res publica, para frenar la deriva tiránica y demagógica y garantizar una verdadera y auténtica representación.

Javier Aparicio González

Representación y poder. Un intento de clarificación. Elio A. Gallego García, Editorial Dykinson, Madrid, 2017, 114 páginas

Nota de prensa

Ayer jueves 19 de abril se presentaron los libros “Representación y poder” de Elio A. Gallego y “El gobierno representativo” de Julien Freund en la libreria “Tipos Infames” con el apoyo de la Asociación Universitas. En la tertulia participaron el autor, Elio A. Gallego, y Antonio García Maldonado, analista político, y el acto fue moderado por el profesor Armando Zerolo. Muchas personas se mostraron interesadas y la conversación en torno a la representación, el poder, la democracia y los populismos estuvo muy animada.

“La agonía del Eros”. Byung-Chul Han

 

El amor no es posesión y dominio del otro sino aceptación de su alteridad. Este postulado tan aceptable para la razón y el corazón hoy parece quebrarse. El capitalismo atomiza las comunidades políticas y elimina toda alteridad, al romper la dialéctica del “yo” y del “tú” y someter a la persona a la alucinación del consumismo. Así, se genera una dinámica donde no se mira al otro como una posibilidad de bien sino como un objeto al que consumir. Ante este proceso de cosificación del individuo Eros se retira. En este breve ensayo Byung-Chul Han, filósofo de origen coreano y profesor de Filosofía y Estudios culturales en la Universidad de las Artes de Berlín, analiza la agonía del Eros.

En el primer capítulo Byung-Chul Han asegura que nos encontramos ante un fenómeno de erosión y desaparición del otro, algo apenas percibido por nuestras sociedades cada vez más narcisistas. Así, el sujeto se ahoga en su propio ego y el narcisismo atrapa como una tela de araña las personalidades. El narcisista no ama, tan sólo ve en el otro una proyección de sí mismo, así, se asfixia en el “infierno de lo igual”. Por lo tanto la depresión se convierte, según el filósofo coreano, en la enfermedad paradigmática de nuestro tiempo.

Frente a la sociedad disciplinaria de Foucault definida por el “tú debes”, hoy nos encontramos ante la sociedad del rendimiento articulada por el “tú puedes”. El filósofo coreano considera que la segunda sociedad es más coactiva que la primera. Primero porque genera un espejismo de libertad y segundo porque en ella el hombre se autoexplota voluntariamente a sí mismo hasta la extenuación. ¿Y qué ocurre entonces con nuestra carnalidad? La primera junto al

espíritu, en sufrir este régimen de autoexplotación… Pues que se ve sometida al imperativo del rendimiento. Así, el sexo y la sensualidad se convierten “en un capital que hay que aumentar”. El otro se fragmenta, se convierte en un objeto sexual para consumir, lo que genera una profanación del Eros. El paradigma de esta profanación es la pornografía, que carece de “un enfrente sexual y habita la escena del uno”. “El capitalismo intensifica el progreso de la pornográfico en la sociedad, en cuanto lo expone todo como mercancía y lo exhibe.” La exposición carece de misterio, destruye la alteridad y por lo tanto la comunicación erótica. Decía Lévinas “la caricia es un juego con algo que se escapa”.agape

Por otro lado, el capitalismo produce según el filósofo coreano, la absolutización de la “mera vida”, es decir fomenta un modus vivendi insignificante, donde el hombre aspira únicamente al trabajo y a la ampliación o conservación de su capital. Esta forma de vivir tan mercantil, que fue criticada ya en la antigüedad por Aristóteles, es opuesta a lo que el filósofo griego denominó “buena vida”. También, la salud se convierte para Byung-Chul Han en la mayor aspiración de nuestras sociedades. Así, “la teología de paso a la terapia, o bien la terapia se hace teología”. Trabajo y salud, asociados de tal modo anulan la experiencia erótica e introducen al hombre en una especie de rueda giratoria para ratones donde “el proceso del capital y de la producción se aceleran hasta el infinito”.

Para Byung Chul Han vivimos en una sociedad narcisista, pornográfica, consumista, depresiva, agotada, “del cansancio”. Por si esto fuera poco, los medios de comunicación amplifican la confusión ya que generan tal cantidad de datos e información, en definitiva ruido, que anulan la posibilidad de articular el pensamiento, el logos, deformando así la realidad. Además, se anula la tensión narrativa, tan necesaria ante la simple acumulación de datos. Esta dificultad, explicaría junto a otras causas, la actual crisis de la literatura y el arte europeos, históricamente tan dinámicos.

¿Qué hacer entonces para que la violencia de Ares no domine a Eros? El pensador coreano levanta la bandera del pensamiento y de la narratividad, baluartes que reivindica frente al cálculo y la “cienca Google” que se agota en la comparación e igualación de datos. Además, Byung-Chul Han defiende la necesidad de que este pensamiento nazca a partir del silencio, huyendo del vértigo de la aceleración. Así, el filósofo coreano reivindica la importancia de articular o redescubrir teorías fuertes, como fue en su momento la teoría platónica de las ideas, para combatir la crisis del conocimiento dañado por el dataísmo que día y noche vemos fomentado desde el poder. En definitiva, recordemos que toda defensa del pensamiento es estéril sin la presencia de Eros, ya que “es necesario haber sido un amigo, un amante, para poder pensar”. Y tengamos esperanza en el amor porque “el Logos carece de vigor sin el poder de Eros”.

La agonía del Eros.

Byung-Chul Han

Editorial Herder. Colección Pensamiento Herder.

Barcelona, 2014

80 páginas

Una reseña de Javier Aparicio González

Discurso del presidente Macron ante los Obispos: ¿Sirenas de bombardeo o cantos de sirena?

Análisis Político 1492

¿Cantos y ruidos de sirena?

Con las sirenas de bombardeo en Siria alertando de una inminente agresión y después de la venta de armas a Arabia Saudí, el presidente francés ha tenido tiempo para dirigirse a los obispos franceses en un discurso en el College des Bernardins, aparentemente tratando de acercar posiciones entre el Estado y la Iglesia.

¿Sirenas de bombardeo y cantos de sirena? Si, por una parte, el bombardeo de Libia y su destrucción como Estado operativo no ha sido suficiente para las élites francesas, preparándose para trabajar gratis para las élites angloamericanas bombardeando Siria, por otra, las lejanías de Macron con la Manif pour tous nos hacen desconfiar a priori de este gesto y este discurso. No nos gustaría ni ser la siguiente Libia (o Siria) ni naufragar en el arrecife de ningún Estado, incluido el laicista francés.

Pero el envite bien merece una consideración…

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“La llamada de la tribu”. Mario Vargas Llosa

Quizás sean las palabras de Revel las que nos sirvan de hilo de Ariadna para seguir su concepto liberal, pues en realidad lo que en este ensayo se dibuja no es un camino sino un laberinto. Según el ensayista francés, “la gran desgracia del siglo XX es haber sido aquel en el que el ideal de la libertad fue puesto al servicio de la tiranía, el ideal de la igualdad al servicio de los privilegios y todas las aspiraciones”. Ortega, Hayek, Popper, Aron, Berlin y Revel comparten esta preocupación con Vargas Llosa en La llamada de la tribu.

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Una reseña de: Armando Zerolo

El sueño de la política. Diálogo en torno a la representación y el poder.

JUEVES 19 DE ABRIL A LAS 19:30 EN LIBRERIA “TIPOS INFAMES” 

¿Debe despertar la política de un largo sueño o mejor dejar reposar a la bestia en su letargo?

El tema es un doble guiño a Calderón y a Goya, genios que supieron retratar los claroscuros de la vida. A Calderón, porque la política es drama, es la representación  teatral de una realidad sobrenatural, y el Mundo un gran teatro en el que cada uno debe representar lo mejor que pueda su papel. A Goya, porque la política puede representar también los sueños de la razón, y entonces es mejor no despertar, porque los sueños crean monstruos.

 

Representación y poder, gobiernos representativos, urnas, democracia, la calle, el populismo y las posverdad, serán el guión que trataremos de representar en una obra a dos voces, las de Elio Gallego y Antonio García Maldonado, profesor de Universidad uno, periodista el otro. Moderará Armando Zerolo, profesor de Universidad.

El telón de fondo serán dos libros de reciente aparición, que harán de contraste para que resalte el diálogo con nuestros actores invitados: “Representación y poder”, Ed. Dykinson, de Elio A. Gallego, y “El gobierno representativo”, Ed.Encuentro, de Julien Freund.

Lugar: Tipos Infames, San Joaquín, 3. Bajo I.

Día y hora: Jueves 19 de abril a las 19:30

Participantes:

Elio A. Gallego. Profesor de Filosofía del Derecho y Política, USP-CEU. Ha publicado “Sabiduría clásica y libertad política”, “Norma, normativismo y derecho”, “Common Law. El pensamiento político de Edward Coke”, “Representación y poder”, etc. Director del “Instituto de la Familia” de la Universidad San Pablo-CEU. Ha publicado numerosos artículos y es colaborador habitual en medios de comunicación.

Antonio García Maldonado. Analista político-económico, editor y ocasional traductor. Trabaja como consultor empresarial independiente. Ha sido consultor en América Latina, región en la que ha vivido intermitentemente los últimos años. Ha colaborado o colabora con regularidad en EL PAIS, AHORA y El Estado Mental. Fue redactor de Cultura en infoLibre. Es también redactor de informes en la editorial Acantilado. Pertenece a la red de periodistas culturales de la Fundación García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI). Ha traducido obras del francés y el ingles.

Armando Zerolo. Profesor de Filosofía Política y del Derecho, USP-CEU.

El arte de la fragilidad. Alessandro D´Avenia.

 

El arte de la fragilidad. Cómo la poesía te puede salvar la vida. Alessandro D’Avenia. Editorial La Esfera de los Libros. Madrid, 2017. 265 páginas

Reseña de Javier Aparicio

Cuando en nuestras sociedades se considera la perfección y el éxito como el único horizonte posible, el escritor y profesor italiano Alessandro D’Avenia acude con su libro El arte de la fragilidad para proponer un camino alternativo, “una forma erótica y heroica de estar en el mundo”,  en donde reconocer la inconsistencia y fragilidad humana no implica renunciar a ese fuego interior que nos permite llegar a ser nosotros mismos. En este original ensayo Alessandro D’Avenia recorre las edades del hombre, planteando un diálogo atemporal y a corazón abierto con el poeta y erudito romántico Giacomo Leopardi (1798-1837), al que el escritor italiano considera su referente.

 

En los primeros capítulos, D’Avenia reivindica el arrebatamiento. Es decir, un rapto, una pasión inicial, que permite buscar “los deseos más profundos del corazón, sin que el cinismo los llame locuras.”  Y es que el escritor italiano considera que durante toda la vida se bebe de estos arrebatamientos, que aunque a veces producen miedo, especialmente “cuando los comparamos con nuestras fuerzas reales”, sin embargo dinamizan la existencia al descubrirnos portadores de “una novedad irrepetible” para el mundo.

Para D’Avenia esto es fundamental porque permite ser fieles a nuestro propio ser.              Decía Leopardi: “no tener esperanza con respecto a mí mismo no puede sino hacerme daño.”

Leopardi

Leopardi

Según el profesor italiano, la adolescencia es la etapa más proclive al arrebatamiento. Sin embargo, D’Avenia considera que si esta llama no es insuflada por la esperanza, que lleva a la creación y a la donación, puede verse fácilmente enturbiada por la desesperación, que anula la posibilidad de construcción y conduce al tedio y a la nada.

Frente a la exigencia de perfección, tan presente en nuestro ambiente, el escritor italiano propone “habitar el límite”. Pero… ¿cómo se puede hacer esto? Primero no renunciando al mundo sensorial, donde reside según D’Avenia “el secreto del instante” que posibilita el asombro por la belleza.  Y es que sin “este acoger todo a través de los sentidos”, se cae en un dualismo, en una disociación entre razón y corazón, que conduce a la frialdad racionalista o al sentimentalismo romántico, “los dos prisioneros de la tiranía del ego”. Y en segundo lugar, alimentándonos de la literatura más concretamente de la poesía, que representa el equilibro entre lo racional y lo intuitivo, y sin la cual caeríamos en la indiferencia ante la belleza.

A continuación, Alessandro D’Avenia se pregunta qué se puede hacer cuando aparecen las primeras tristezas, los primeros tropiezos y fracasos en el final de la adolescencia y el inicio de la vida adulta. El profesor italiano considera que este momento es clave, ya que el arrebatamiento se ve sacudido por el desencanto. Es entonces cuando la fidelidad a la vocación ayuda en la permanencia. Por el contrario, la infidelidad a nuestro ser genera la huida o la destrucción. Para poder abrazar el presente y que prevalezca la realidad sobre las impresiones y las  ideas, D’Avenia recomienda el silencio, un “cara a cara consigo mismo” para poder salir hacia afuera. Este salir hacia afuera está impulsado por el amor, que constituye “una verdadera experiencia de salvación”, un movimiento “reparador”, “que despierta a todo el ser”. “Nunca me he sentido tan vivo como cuando he amado”, decía Leopardi.

Finalmente, Alessandro D’Avenia insiste en el arte de ser frágiles porque “la belleza nace de los límites”, es decir, “ser frágiles obliga a confiarse a alguien y nos libera de la ilusión de ser autosuficientes”. Así, D’Avenia termina evocando la retama, la flor del desierto, imagen que rescata de un poema de Leopardi, y que propone como paradigma de la fragilidad: “La condición humana es similar al trabajoso brotar de la flor de la luz en medio de las tinieblas. La retama del desierto de lava, la flor consciente del límite que nace sin embargo, de la victoria sobre ese mismo límite. Flor lenta, es decir, frágil y flexible, respetuosa con los tiempos naturales, que no procede a saltos, que no lo quiere todo aquí y ahora, sino que busca con paciencia y da toda la vida que posee y que puede dar para llegar a su cumplimiento.” Tú flor en medio del monte de lava  “llevas la luz de quien saber hacer una cosa hermosa aunque permanezca ignorada para el mundo.”

Javier Aparicio González

 

 

Del asalto feminista

DEL ASALTO FEMINISTA

BREVE NOTA INTERPRETATIVA DE LOS ACONTECIMIENTOS ÚLTIMOS

J.L. ÁLVAREZ DE MORA,

estudiante en Derecho y Política

Los acontecimientos vividos en los últimos días, sino acentuados ya de atrás, han advertido al Occidente del avance raudo e inexorable, bajo los ecos de mayo del ’68, de un poder matriarcal que apunta a copar todas las instancias de la vida social, asfixiándola.

Vemos brotar en derredor de los hombres normales grupos de deficientes emocionales que han quedado prendidos del primer relato mitológico que les ha sido ofrecido. Por lo demás, gentes de quienes un día se predicara la generación más preparada de la historia.

Las mujeres han renunciado a la autoridad sobre la vida familiar para lanzarse al asalto del poder político. Lo cual es, en buena medida, causa de la nueva manera de totalitarismo: sibilino, edulcorado, narcotizante, feliz, cariñoso y maternal.

En el mundo de Eva se baten dos elementos en brega letal: el elemento femenino y el masculinizante. Si la mujer es un constructo normativo del hombre —patriarcado— para los desahogos de éste, —«la mujer es un hombre en un cuerpo extraño», confesó Simone de Beauvoir— en el proceso de deconstrucción de las estructuras sociales, luego también de la mujer, se articularán maniobras atroces por desfeminizarla. La confusión de los órdenes naturales entre el hombre y la mujer es caos; y la mímesis, la pulsión enfermiza por imitar al hombre revela un complejo de inferioridad poco cuidado.

Dice el feminismo de las mujeres que son «un colectivo digno de pena y necesitado de atención». Pues, en el fondo, la postura de la víctima es la posición política más rentable. La adhesión estabularia in multitudine a la causa feminista ha mostrado, de nuevo, los resortes de la psicología de las masas; no es otra cosa que un analogado débil los grandes procesos revolucionarios de la historia. Se pelea por vencer a un enemigo metafísico, sin dimensión operatoria; un fantasma de quien todos hablan, a quien todos persiguen y acusan y a quien nadie ha visto salvo encarnado en los mismos hombres.

El feminismo es, de más, una ideología mortífera: basten dos generaciones feministas para que cualquier pueblo desaparezca. Y es, en esencia, una ideología antipolítica, pues impide la philia en la comunidad, lanzando a los cives al fratricidio. Hace del orden caos, ora en la familia, ora en la comunidad; en suma, en todo el cuerpo político. Y de la puesta en común de los fines, un imposible ontológico. Pues hasta el más mínimo detalle de interacción social será pasado por el trillo de la idea en movimiento.

El feminismo hace de la inevitabilidad del conflicto la plasmación de la violencia, pretendida ahora estructural; esto es, imputable a la cultura, no a la vida en común. Contiene de suyo, en su más íntima lógica, visos de religión política: las soflamas feministas son la buena nueva, predicada por una cohorte de sacerdotisas laicas venidas al mundo para librar al resto de mujeres de su falsa conciencia y de la esclavitud que cargan a sus espaldas. La sacralización de un grupo sobre otro requiere la patologización del enemigo existencial, al cual se le desea muerte por arrastrar sine die el pecado original. Las alusiones al pecado estructural y las deformaciones sociales, y la eterna promesa de un porvenir edénico cierran una ateología política, por más que burda, total.

El feminismo no deja de responder, pues, a una lógica individualista, liberal y enferma del ideal emancipatorio; y ahonda a velocidades altísimas en el proceso de integración de los mercados, no pocas veces ensalzando la tesis protestante del trabajo en cuanto valor. El casamiento unívoco —en términos marxistas— del Capital con la Causa de la emancipación femenina ha puesto en evidencia la sospecha que se arrastra de lejos: la superestructura ideológica dominante no es otra cosa que la mezcolanza entre el neoliberalismo y el progresismo posmarxista. El feminismo ahonda con virulencia en el proceso de integración de los mercados: las mujeres, arrastradas ahora por la lucha competitiva del todos contra todos, engrosan la maquinaria de la productividad, precipitando la laceración de la familia, única célula con vigor para evitar el suicidio colectivo; mientras el Estado, a la par que otea una hecatombe demográfica que amenaza con derrumbarlo en el horizonte, la promueve y la impone al través de la Política.

Mas el feminismo supone de una reacción contra el individuo desde el individualismo mismo; esto es, una reacción frente a lo establecido desde lo establecido. Libertad individual, de comercio, conciencia y pensamiento, derechos humanos, igualdad de los individuos, nación política, ciudadanía etc. ya nada importan: la mitología liberal ha quebrado.

El Estado, a la orden de las aspiraciones voluntaristas del liberalismo, en su proceso de demolición de los cuerpos intermedios, ejecutó, en primer término, el desgaje de la Iglesia del poder político; después, de la familia; y más recientemente del individuo mismo; comportando con ello la consiguiente vorágine de desencantamiento del hombre de la comunidad política, de su familia y últimamente de su propia naturaleza. Pero el hombre nunca podrá vivir sin axiomas ni anclajes.

La constelación política ha cambiado por entero. Estamos ante horizontes nuevos. Del vacío del binomio Estado-individuo han emergido las identidades como nuevas formas de autoidentificación referencial. Formas a las que el «hombre autodeterminado», confundido y desamparado, acude en busca de refugio. La proliferación de sectas subestatales y la vindicación de causas marginales serán una constante en adelante. El centro de gravedad del conflicto político ha virado hacia de la intersubjetividad de los grupos. Porque la identidad, se ha dicho, es la gran cuestión de nuestro tiempo.

Los desequilibrios patológicos que suscitan las dinámicas anteriores requieren de prontas curas, que han de ser inyectadas al cuerpo en gangrena tan pronto como sea posible. El momento populista ha irrumpido por inercia: estamos ante la lucha del pueblo contra las élites mundializadas y sus sectas afines.

Antropoceno

¿Acaso hemos fracasado como especie? ¿Somos la peor plaga? Y, por tanto, ¿ha llegado el fin de la política y tenemos que tirar el bastón de mando? ¡Todo lo contrario!

Antropoceno. Manuel Arias Maldonado (@goncharev) Ed. Taurus. 2018.

El concepto “antropoceno” obedece a una feliz expresión acuñada por el químico Paul Crutzen para designar el sello geológico que la actividad humana ha dejado en el planeta Tierra, dando fin al Holoceno. Tiene tres significados diferentes: como periodo de tiempo, como momento de la historia natural y, lo que más nos interesa ahora, como una imagen para repensar la realidad sociopolítica. Es un término muy querido por los ecologistas de diverso cuño que Manuel Arias Maldonado incorpora con gran fortuna a la filosofía social y política.

La expresión “cambio de época” ya es un lugar común y pocos ámbitos se escapan a su influencia. La dificultad, no obstante, radica en saber en qué consiste. En este original y bien documentado ensayo publicado por la editorial Taurus el autor ofrece importantes claves. Partiendo del impacto que la actividad humana ha dejado sobre el planeta a lo largo de la modernidad tardía, aproximadamente desde la “Revolución industrial”, y dando por sentados los hechos denunciados por el ecologismo, como el cambio climático, la disminución de la naturaleza virgen, la urbanización, la agricultura industrial, las infraestructuras de transporte, las actividades mineras, la pérdida de biodiversidad, la modificación genética, los avances tecnológicos, etc., el autor se pregunta por la legitimidad de la acción del hombre.antropoceno 2

¿Acaso hemos fracasado como especie? ¿Somos la peor plaga? Y, por tanto, ¿ha llegado el fin de la política y tenemos que tirar el bastón de mando? ¡Todo lo contrario! La modernidad tardía cantaba el fin de la política, y la posmodernidad se ha dado de bruces contra la naturaleza devolviéndonos la libertad perdida. “El Antropoceno constituye un oportunidad, se trata de que trabaje para nosotros, reabriendo el debate sobre la buena sociedad”.

No es fácil datar el fin de la Edad Moderna, pero si tenemos en cuenta algunos de sus rasgos más señalados, como son el racionalismo, la subjetividad, la separación de naturaleza y técnica y, espiritualmente hablando, la confianza absoluta en el poder humano, podemos decir que algo está cambiando. No se puede poner una fecha exacta, pero los hongos nucleares de Hiroshima y Nagasaki, Auschwitz, el Telón de Acero, las fotos que el Apolo XI mandó de la luna o Chernóbil, han cambiado para siempre la conciencia del hombre y su relación con el Mundo. No hay duda, y no hay más que ver las distopías al uso, ya sean de zombis, catástrofes naturales o máquinas malvadas sometiendo al hombre para ver que el miedo, la sospecha y la desconfianza en el hombre han llegado a la cultura de masas. A otro nivel, son muchos los científicos que se preguntan si la relación del hombre con el planeta es sostenible. Así, en realidad lo que está sucediendo, como señalaba Romano Guardini, es que “en la conciencia de todos brota el sentimiento de que nuestra relación con el poder es falsa y de que incluso este creciente poder nos amenaza a nosotros mismos”.

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Publicado por:

Armando Zerolo @armandozerolo

en El Debate de hoy @eldebatedehoy

 

“La flecha (sin blanco) de la historia”. Manuel Cruz. Ed. Anagrama

flecha sin blanco“¿Nos hemos quedado sin futuro? No, pero francamente nos lo han puesto cuesta arriba”. Así concluye Manuel Cruz su ensayo sobre política e historia y lo dice porque sabe que las épocas de cambio son duras. Las creencias, en sentido orteguiano, dejan de ofrecer las certezas necesarias para vivir el presente. Cuando desaparecen o dejan de ser operativas, la acción se ve condenada a un eterno presente sin significado. Cuanto menores son las certezas en las que nos movemos, mayor es la incertidumbre de la acción.

Para leer la reseña completa de Armando Zerolo:

http://www.nuevarevista.net/articulos/manuel-cruz-la-necesidad-de-recuperar-el-presente

 

“Solo quien ama canta”. Joseph Pieper

El papel del artista, semejante al del sacerdote, cuyo objetivo fundamental es el de ayudar a recordar “un rostro que nuestra intuición ya apenas percibe…el rostro de un Dios-hombre que ostenta todavía las huellas de una ejecución vergonzosa.”

 

Solo quien ama canta. Josef Pieper, Editorial Encuentro, Madrid 2015, 76 pp.

 

Reseña de Javier Aparicio González

 

En un mundo que considera el trabajo como un absoluto y que vive obsesionado por el rendimiento y la producción, las bellas artes y la música acuden al rescate del hombre para recordarle que se puede vivir de otra manera. Este es el leitmotiv que recorre toda la obra de este pequeño pero enriquecedor libro, fruto de charlas y conferencias con académicos y artistas, del filósofo alemán Josef Pieper (1904-1997).

En el primer capítulo, y frente a esta situación, Pieper realiza un llamamiento a redescubrir la frase de Aristóteles: “Trabajamos para tener ocio”, ya que el pensador alemán considera que es aquí donde está en juego todo. Y es que “una desintegración total y definitiva del concepto de ocio, un concepto básico de la tradición y el pensamiento occidental, tendría necesariamente una consecuencia histórica evidente, a saber, el estado totalitario del trabajo.” Para Pieper, frente al trabajo, que tiene un sentido práctico y “que no está lleno de sentido en sí mismo”, están las artes liberales, que revindican “una actividad llena de sentido en sí misma”. Lo que quiere decir que “existen actividades humanas que no necesitan ser justificadas, en ningún caso, por criterios empresariales de utilidad económica.” Según el filósofo germano, si a esto no se da una contestación clara y rotunda se llegará a una situación donde “todo el mundo de forma explícita se convertirá en un proletario.” Y es que según Josef Pieper, está en juego el cumplimiento último de la existencia humana, que acontece con la contemplación. Siempre que se de esta contemplatio, este alcanzar “el corazón de todas las cosas”, “el fundamento divino de todo anhelo que existe”, “tiene lugar una actividad significativa por sí misma”. Las formas concretas de alcanzar esta contemplación son fundamentalmente tres: la meditación religiosa, la reflexión filosófica y la creación o participación en la experiencia artística. Así, las tres, lejos de cualquier tentación gnóstica están abiertas a todos los hombres. Donde este fenómeno acontece se produce una liberación, que es “casi más necesaria que el pan cotidiano, el cual es ciertamente indispensable y sin embargo insuficiente.”

En segundo lugar, Josef Pieper asegura que la capacidad de percibir la realidad tal y como es, es decir, la facultad del hombre de “ver”, está en declive. No sólo por la agitación del hombre moderno, sino por el “ruido visual”, al que contribuyen de forma definitiva la televisión y el cine, que según el autor, lejos de agudizar el sentido de la vista, lo atrofian. Y es que Pieper considera muy sabia la advertencia de los antiguos, que llamaba “destructora” a la concupiscencia de los ojos. Porque “aquellos que ya no están capacitados para ver la realidad con sus propios ojos, son igualmente incapaces de escuchar de forma correcta. Y es precisamente el hombre empobrecido de este modo aquél que sucumbe inevitablemente a los conjuros demagógicos de los poderosos de turno.” ¿Y qué se puede hacer ante esto? El filósofo alemán, propone la exclusión de nuestra vida de estos estímulos, así como trabajar para poder participar en la creación artística ya que esta permite “mirar con frescura renovada la realidad visible.”

En la tercera parte del libro, Pieper reflexiona sobre la esencia de la música, debate antiquísimo entre los filósofos. El pensador alemán considera que la particularidad de la música reside en que es “capaz de abrir un sendero en el reino del silencio” y expresar “el dinamismo del yo existencial del hombre.” En definitiva, la música se hace presente donde “la palabra hablada resulta completamente insuficiente”, para transmitir esperanza y tristeza, en el camino a veces arduo y fatigoso de la vida. Además Pieper, en la línea de Platón y Aristóteles, que resaltaban la importancia de la música en la modelación del ethos del hombre y de los pueblos, alerta del peligro de cierta música del nihilismo, que considera fácil, light, orgiástica, en definitiva, música para esclavos. Y es que para el pensador alemán, que ensalza la música de Juan Sebastián Bach, así como la música clásica en general, lo realmente decisivo “es que estemos dispuestos a escuchar atentamente el mensaje esencial de esta música, y a permitir que dicho mensaje encuentre eco, como en las reverberantes cuerda de un instrumento, en la inmediatez interior de nuestra alma.” Ya que esto nos llevaría a una “lucidez nueva”, hacia una “existencia interior de mayor vigorosidad y autenticidad”, que permitiría volver “con resolución, constancia, valentía y esperanza hacia el único y exclusivo Bien.”

Finalmente, Josef Pieper, resalta el papel del artista, semejante al del sacerdote, cuyo objetivo fundamental es el de ayudar a recordar “un rostro que nuestra intuición ya apenas percibe…el rostro de un Dios-hombre que ostenta todavía las huellas de una ejecución vergonzosa.” Así, y con una actitud de humildad por parte del artista, es decir de no buscar nada para sí mismo, se puede alzar un cántico de alabanza divina, que diga como San Agustín en mirada de amorosa contemplación y de abrazo total a la realidad “cantare amantis est”, es decir, “solo quien ama canta…”

Publicado en: Revista Humanitas

“La Monarquía Constitucional. Principios del Estado liberal según Chateaubriand.” Armando Zerolo, Ed. Dykinson. 2017, 137 pp.

La crisis del Estado contemporáneo es un hecho. Unos lo atribuyen al desgaste de la socialdemocracia, otros al auge de los populismos, y algunos a las nuevas tecnologías. Lo cierto es que, más allá de esas explicaciones particulares, estamos ante un cambio de época, lo cual no es necesariamente negativo si se saben aprovechar las oportunidades que toda época, como señalaba Ranke, proporciona.chateaubriand2

El objeto de este ensayo sobre los albores del Estado tal y como lo conocemos hoy es precisamente señalar la responsabilidad histórica que reside en momentos de crisis. Chateaubriand es solo un ejemplo de uno de esos grandes hombres que saben actuar con lucidez en un tiempo de cambios como fue el de la Restauración francesa (1814-1830). Un periodo poco conocido en la historia de las ideas políticas y, no obstante, crucial para el desarrollo de los dos siglos posteriores, hasta hoy. Después de la Revolución Francesa y de Napoleón quedaba un país entero por reconstruir, ¿Se debía volver atrás? ¿Qué era salvable de las ruinas? ¿Y qué oportunidades se ofrecían? Solo algunos grandes hombres supieron moverse entre las olas del pasado y las del futuro, salvando la nave del oleaje. El Estado Moderno, en su variante constitucional, nació de esta convulsión histórica, sumando la experiencia inglesa y norteamericana, la crisis de la Monarquía Absoluta y las ideas liberales que surgían en aquel momento en selectos grupos. De todo ello se nutrió Chateaubriand para aportar unas ideas originales y ricas al ideario político.

Chateaubriand es más conocido por su obra literaria, pues no hay que olvidar que fue el genio indiscutible del romanticismo, con una prosa nueva y rica, rompedora con los cánones del clasicismo, y directa a la individualidad del hombre romántico. No obstante, y esta es la razón por la que la primera parte del ensayo incluye una biografía política, esta fama no hace justicia con la realidad. En efecto, el personaje literario emergía cuando las circunstancias reprimían al hombre político. Sólo entonces el hombre de acción se refugiaba en las musas esperando mejor ocasión para volver a saltar a la arena.

La segunda parte del ensayo destaca el problema que hoy vuelve a estar de actualidad, el problema del cambio de época, pues la Restauración se movió arrastrada por una ola más grande llamada romanticismo, de la que nadie, ni los progresistas, ni los reaccionarios, ni los liberales ni los conservadores, podían escapar. Era una ola cultural que tocaba el corazón mismo del hombre. Hoy sucede algo parecido, y la reflexión política no puede dejarse al margen de los condicionantes culturales. Hoy no se puede volver a formas políticas pasadas que presuponen principios inactivos nacidos del paradigma ilustrado y luterano. La libre discusión, la libertad de conciencia y religiosa, la moderación política, el respeto de la ley o la igualdad de condiciones son presupuestos que están en jaque. No podemos seguir dándolos por supuestos, como si de algo eterno se tratase. Nacieron en una época, maduraron gracias a unos precedentes, y ahora, olvidadas sus raíces, quedan como palabras vacías en el desierto. Lo mismo sucedió después de la Revolución Francesa, aunque con los presupuestos culturales de los siglos XVII y XVIII, inoperantes en el siglo XIX para explicar el auge del igualitarismo y del liberalismo. Ante la perplejidad por el cambio de paradigma, unos se enroscaron en el pasado, y otros se sumergieron en los ensueños del futuro. Pocos vivieron la contingencia de lo político, el presente quedó desierto. Solo algunos supieron poblar el espacio presente y proponer con realismo acciones para el momento. Uno de ellos fue Chateaubriand. chateaubriand3

La tercera y última parte explica lo que él mismo llamó “catecismo constitucional”, sus ideas sobre cómo debería ser la forma política más adecuada para la Francia del siglo XIX. Las claves de su propuesta, para escándalo de la mayoría de sus amigos, eran la libertad de prensa y la separación de poderes. El monarca perdía gran parte de sus atribuciones y las cámaras, en un sistema bicameral novedoso para la tradición política francesa, adquirían un gran protagonismo. Al rey se le atribuía, por parte de Chateaubriand, un “poder moderador”, lo cual hoy nos resulta muy familiar, pero en la época fue un auténtico escándalo y ser fiel a su opinión le causó grandes disgustos. El reparto de poderes entre las cámaras, la alta y la baja, se basaba en las tesis liberales, próximas a lo que en 1830 sería recogido por los liberales doctrinarios, atribuyéndoles un poder legislativo que hasta ese momento pertenecía al rey. Propuso abrir el sufragio a otros estamentos y clases sociales, dando voz a los industriales y a las rentas del capital mobiliario, en detrimento del poder aristocrático. Y, sin duda la medida con la que se sintió siempre más identificado, fue la de la libertad de prensa. Fue su caballo de batalla, significó grandes peleas con el Ministerio de la Policía, y le costó su carrera y su fortuna.

Este ensayo que ahora publica Armando Zerolo, con prólogo de Oliver Tort es, en definitiva, una propuesta para repensar el Estado Moderno en su variante constitucional ahora que se acerca su momento final. No todo está perdido, solo hay que saber aprovechar los restos del naufragio para construir un barco nuevo.