Ernst Jünger. “La emboscadura”.

Ernst Jünger. “La emboscadura”. Tusquets, Barcelona, 2002. 174 pp.

Jünger escribió “La emoscadura” en 1951, cuando quedaba lejos el cataclismo de la Gran Guerra y no tan lejos sus secuelas, incluída la Segunda Guerra Mundial. El fuego de las bombas se había apagado en Europa, pero los rescoldos del nihilismo seguían abrasando a sus habitantes. ¿Cuáles son las consecuencias de aquello y qué actualidad tienen sus reflexiones?sello Jünger

En este breve ensayo el autor realiza una crítica a algunos de los científicos de la política, expertos en derecho público y derecho civil, que no son capaces de captar el sentido de los tiempos. Hasta que el hombre no capte el sentido de lo que está sucediendo en su totalidad no podrá ejercer su libertad de un modo completo, el hombre no surgirá con una nueva apariencia mientras no comprenda qué está sucediendo hoy.

Ciertamente la perplejidad es general, y normalmente no sabemos ante qué tipo de crísis nos encontramos. Si es económica, financiera, política, moral, religiosa o si, simple y llanamente, nos encontramos ante un nuevo tiempo eje, un nuevo tiempo de la historia. Es difícil saberlo, y ante la dificultad surgen dos posturas antihistóricas: la primera es aquella que se asimila a los tiempos que corren con una postura acrítica, entiende las cosas tal y como le son dadas y se adapta. No resiste y no propone, solo acata y sobrevive. La segunda condena el sistema y, con él, a la historia. Entiende que todo está perdido y que el sentido de la historia puede con el sentido de la responsabilidad, con lo que la única opción sensata para él es la retirada, la huída, la montaña.

Jünger se enfrenta al problema y previene contra ambas posibilidades proponiendo la “emboscadura”, que tiene como fin conseguir ser una persona singular en un mundo tan agresivo contra las singularidades y tan disolvente de las comunidades locales. En este mundo la “mediocridad va asociada a un poder funcional enorme”, y ni la enorme burocracia, ni las Sociedades Anónimas, ni los supra-Estados, ni las agencias de calidad, ni las megalópolis, ni la opinión pública, reflejan un ápice de personalidad ni de carácter. El gigantesco poder funcional va irremediablemente asociado a la depresión del carácter personal de las relaciones humanas. En el tiempo se desvela, pues, una nueva relación con el poder, aquella en la que la respuesta personal no puede ignorar la omnipresencia del Poder, y “en el fondo no es posible considerar por separado la tiranía y libertad, (…) la tiranía sólo puede llegar a ser posible en aquellos sitios donde la libertad se ha domesticado y diluido en un huero concepto de sí misma”. El nuevo poder exige una respuesta también nueva, en la que, para empezar, “uno no quiera simplemente que no lo esquilen, sino que esté dispuesto a que lo despellejen”.

El emboscado es el que tiene una relación original con la realidad, el que quiere escapar del automatismo y no quiere caer en su consecuencia ética, que es el fatalismo. La tarea es colosal y lo pide todo del hombre, exige aunar de un modo nuevo la libertad y el mundo. “El emboscado no le permite a ningún poder, por muy superior que sea, que le prescriba la ley, ni por la propaganda ni por la violencia. Y, en segundo lugar, el emboscado se propone defenderse; para ello no sólo utiliza los medios y las ideas que son propios de su tiempo, sino que a la vez mantiene abierto el acceso a unos poderes que son superiores a los temporales y que nunca podrán ser diluidos en puro movimiento”. La pregunta, por tanto, es si la libertad tiene hoy algún sentido, y si lo tiene, cuál es. Para Jünger la libertad enunciada por la Revolucion Francesa ha caducado ya, se ha vuelto inútil ante el sentido de la historia actual. Por ejemplo, las libertades y los derechos de la persona singular en su relación con las autoridades han cambiado y desde entonces vienen determinados por la Constitución, pero, explica el autor, “habrá que contar una y otra vez, y por desgracia todavía por largo espacio de tiempo, con que esos derechos serán conculcados bien por el Estado, bien por un partido que se apodera del Estado (…) Puede decirse que las masas se encuentran en un estado tal que casi no perciben ya las violaciones de la Constitución”. ¿Cómo restablecer de nuevo esa conciencia allí donde se ha perdido? Se trata de restablecer el sentido común allí donde la gran mayoría se ha vuelto idiota (del griego: idios, el que no se preocupa de lo público y está encerrado en sí mismo).ser o no ser

El gran problema está en que una inmensa mayoría no quiere la libertad y, lo que es peor, le tiene miedo. El emboscado, entonces, no puede ni debe ser un soldado. La violencia cooperará en el gran descalabro de la libertad y animará las fuentes del poder. La cuestión es hoy menos visible, más íntima, porque afecta a la última esfera de la libertad: a la conciencia y a su respuesta personal ante el sentido del mundo. “El ser humano habrá de sondear profundidades que quedan muy por debajo de su superficie individual y entonces encontrará medios que se hallan sumergidos desde las guerras de religión. No hay la menor duda de que saldrá de los reinos de los Titanes adornado con una libertad nueva”.

El poder aparece hoy con la forma de un Estado neutralizador que controla la conciencia con la sutil perversión de que ningún tipo de vida comunitaria es necesaria, y con la convicción de que el problema se encuentra en la personalidad y la solución en la neutralidad técnica. Un poder así exige el paso personal de la acción al ser. Ya no basta con actuar con libertad, hay que ser libre. La cuestión ha pasado a ser existencial, total, personal. Ya no se trata de una organización libre, sino de personas libres. Así, paradójicamente, este poder prácticamente total provoca, a su vez, su contrario, una libertad más pura: “este mundo que está lleno de coacciones y de medios de coaccionar habrá de servir para poner de manifiesto la libertad en su entero esplendor”.

“La libertad nueva es libertad antigua, es libertad absoluta vestida con el traje propio de cada tiempo; pues el sentido del mundo histórico consiste en hacer que triunfe una y otra vez la libertad, pese a todas las tretas del Zeitgeist, del Espíritu del Tiempo”.

Armando Zerolo Durán

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